Como la vida misma

La pérfida Albión

El poeta y diplomático francés de origen aragonés Augustin Louis Marie de Ximénès (1726-1817) en su poema L'ere des Français (publicado en 1793) animaba a atacar a la pérfida Albión en sus propias aguas. El nombre de Albión para designar a la Gran Bretaña hacía referencia a los acantilados de Dover, al sur de Inglaterra, de un característico color blanco (albus en latín), que es lo primero que se ve al aproximarse a Gran Bretaña desde el Norte de Francia por vía marítima. La perfidia según la RAE designaría a personas o actitudes desleales, infieles o traicioneras que faltan a la fe que deben.

A lo largo de la historia, de albura y de perfidia los hijos de la gran Bretaña han demostrado estar muy bien servidos pues solo así se entiende su actitud secular con respecto a Europa. Esa actitud del perro del hortelano que estando, ni está fuera ni está dentro y ni come ni comer deja.

Puede que los británicos no tengan el monopolio del euroescepticismo. Pero la suspicacia hacia el proyecto europeo y su cuidada circunvalación sajona cuando afrontan el asunto, existen desde hace más tiempo que en ningún otro país de la Unión.

Históricamente, los británicos se han significado por marcar las distancias con sus vecinos continentales. Alcanzando en ocasiones, cotas de delirio nacional como la de una ya histórica portada del The Daily Mail que anunció el aislamiento del Continente por la niebla existente en el Canal de la Mancha : "Fog in the Channel, continent isolated". Genio y figura.

Es la pérfida Albión, país de arraigadas costumbres y fiel a sus convicciones. Solo así se justifica que el Reino Unido, tras un viaje iniciado en 1973 a título de país observador y casi de polizón, pero con tratamiento de primera clase, vuelva a plantearse su salida de la Unión Europea mediante el anuncio del referéndum que al respecto se ha comprometido a convocar su primer ministro, David Cameron, en caso de renovar su mandato electoral en los próximos meses.

Si alguien pensó que después de Escocia Inglaterra se había librado de los referéndums, lo lleva claro. De consulta en consulta y tiro porque me toca

Si alguien pensó que después de la decisión escocesa, Inglaterra se había librado de una vez por todas de los referéndums, lo lleva claro. Gran Bretaña se va pareciendo cada vez más a Suiza. De consulta en consulta y tiro porque me toca. El tema de Escocia ha quedado resuelto por un tiempo razonable, pero puede llegar a ser un juego de niños en comparación con lo que está por pasar en una fecha todavía indeterminada de 2017, cuando la actual administración conservadora se ha comprometido a preguntar a los británicos sobre la madre de todas las consultas: la permanencia o la salida de la UE.

Ironías de la historia y en el caso de un triunfo de la opción favorable a quemar puentes con Europa, podría ser que Escocia quedase fuera de la UE vía salida de la Gran Bretaña. Algo que el propio Cameron utilizaba como argumento electoral para impedir la independencia británica de sus vecinos del Norte.

En todo caso y desde ese anuncio del 23 de enero de 2013, el término Brexit (el Grexit griego abrió el camino de la saga ) obsesiona al mundo político británico. Anteriormente considerada improbable, la salida británica de la Unión Europea se ha convertido ahora, en una posibilidad cierta.

Una hipótesis más creíble que nunca, pues casi todos los indicadores económicos ingleses están en verde. En 2014 el país registró el mayor crecimiento del G-7 (+ 2,6%), una caída del desempleo del 5,7% y un aumento real de los salarios por primera vez en siete años.

El aspecto social está siendo explotado como argumento por los euroescépticos que desde su integración en 1973 y en los últimos años, han convertido a la UE en el chivo expiatorio de todas las dificultades y todos los males del país. La inmigración neta de más de un millón de europeos del Este desde 2004 es percibida por un sector de la población como una de las principales razones de la disminución del british way of life, del aumento del desempleo y de una supuesta pérdida de la identidad británica tradicional.

En lo económico y grosso modo, los euroescépticos arguyen que solamente el 5% de las empresas del Reino Unido exportan a la UE, por lo que el coste del Brexit sería muy limitado y aseguran que son las demás empresas, sobre todo las pymes, las que conforman una potente columna vertebral de la economía británica injustificadamente lastrada por el cadáver moribundo de la economía europea que desde Bruselas las somete a duplicidades y genuflexiones poco agradables para los británicos.

Asimismo, denuncian el coste de la regulación de la UE sobre su economía que estiman en una cifra situada entre un 6% y un 25% del coste de producción por industria y cuya aplicación y cumplimiento suponen un gasto de más de 7.500 millones de libras al año para las empresas británicas.

Para los euroescépticos la crisis europea de la deuda soberana que siguió a la crisis bancaria de 2008 demostró la arrogante insensatez de los dirigentes europeos prefiriendo achacar los problemas a los defectos de la regulación estatal que a la codicia del mercado y la irresponsabilidad de los banqueros, cuyas rutilantes promesas de dinero fácil les parecían más atractivas que el severo lenguaje de los funcionarios de Bruselas. Fue la tormenta perfecta, desatada después de decenios de ver los cielos de la UE cada vez más oscuros y oír como los truenos se iban acercando a los blancos acantilados de Dover.

El eurooptimismo de los años noventa ha dejado paso al euroescepticismo en todo el continente, desde Finlandia y Austria hasta España y Portugal. Incluso en los leales Estados fundadores –Holanda, Francia, la propia Alemania–, vuelven a estar en ascenso los partidos euroescépticos y xenófobos. El euroescepticismo ha acabado por ser una de las mayores exportaciones de Gran Bretaña a través del Túnel del Canal de la Mancha.

El euroescepticismo ha acabado por ser una de las mayores exportaciones de Gran Bretaña a través del Canal de la Mancha

En el bando contrario los europeístas aseguran que El Reino Unido sufriría mucho más que la UE, porque la mitad del comercio del país se lleva a cabo con sus socios europeos y la mitad de la inversión extranjera directa se realiza también con ellos.

La salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE) podría provocarle una pérdida permanente de 56.000 millones de libras (77.296 millones de euros) al año, lo que supondría el 2,2% de su PIB, según calcula el centro de estudios Open Europe.

No es baladí recordar que en los últimos 20 años el Reino unido por estar en la UE se ha llevado la parte del león de la inversión extranjera directa procedente de América del Norte y de Asia como plataforma de entrada al mayor mercado del mundo. Abandonar la UE dejaría a Reino Unido aislado políticamente, tanto de Europa como de EEUU, pues una de las cosas que EEUU valora en Gran Bretaña es su interés común en la UE.

Los europeos y aunque solo fuese por el peso financiero de la City, tratarían en lo posible de mantener a Gran Bretaña integrada en una forma u otra a la UE. Sin la City, el poder militar británico y el peso político del Reino Unido, la UE perdería gran parte de su credibilidad.

Reino Unido ha sido, de alguna manera, muy bueno y muy malo para la UE. Ha ayudado a romper barreras en el mercado interior. Y ha hecho de contrapeso de la capacidad de alemanes y franceses de dominar Europa. Les echaríamos de menos españoles, italianos, nórdicos, holandeses y europeos del Este. Pese a las tensiones, la relación tiene beneficios mutuos.

En un provocador artículo en The Wall Street Journal reproducido por el Sunday Times, el historiador británico y profesor en Harvard Niall Ferguson sostenía hace unos días que dentro de 10 años habrá desaparecido la UE. En su lugar estarán el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda (Irlanda unificada pero dentro de Reino Unido), la Liga Nórdica ( Dinamarca, Finlandia, Suecia y Noruega) y los Estados Unidos de Europa, con Viena como capital y los países del sur con tasas de paro crónicas del 20% y viviendo de las transferencias de riqueza del Norte. Provocador Sí, pero quizás no ande muy lejos de la realidad futura.

En todo caso, Gran Bretaña es, ha sido y será un país de euroescépticos, pero también de algunos de los más brillantes, apasionados y efectivos defensores de la UE. Así que el duelo está servido. Una bomba más de relojería activada para estallar en el 2017 y con unas consecuencias económicas, políticas y sobre todo financieras tremebundas.

En mi opinión un divorcio económico muy caro y poco deseable para ambas partes. A pesar de los recelos históricos ni los británicos son tan extraños como los prejuicios aseguran, ni  el continente está tan separado de la isla como un visceral euroescéptico quisiera creer. Que yo sepa, el Euro túnel sigue operativo y los bancos de la City también están expuestos a la deuda griega, así como su querida libra esterlina que navega por el Atlántico persiguiendo al dólar, pero se ve atrapada por los vaivenes y los terremotos que durante los años de la crisis han sacudido al euro.

De lo que no tengo duda es que en su línea habitual, los euroescépticos británicos andarán ahora mismo escudriñando el tan comentado Grexit griego por si llegase el día de su hipotética independencia europea. Y cómo no, lo estarán haciendo únicamente para su exclusivo y pérfido beneficio.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba