Como la vida misma

Menos mal que nos queda Portugal

Corría el año 1984 y una banda de punk rock español sacaba al mercado una canción con ese chocante título. Nunca entendí si la frase tenía retranca o simplemente era un ripio fácil. En todo caso si sembraba la duda y -por qué no- la esperanza de que el país vecino era un lugar mejor en caso de cansancio, necesidad o desidia del propio.

Para colmo de crueldad casual, el grupo en cuestión autor de la canción se llamaba: Siniestro total.

Y es que la casualidad ha querido que treinta años después, Portugal se encuentre en siniestro total y no por obra y gracia del espíritu santo o del rescate del país – finalmente superado -  sino por los oscuros y feos tejemanejes de la cúpula propietaria del Banco Espirito Santo. (BES)

El BES era (hasta este episodio), el segundo banco más grande del país y uno de los más antiguos de Europa. No hay portugués que se precie que no tuviese una cuenta en el BES. Y lo digo con conocimiento directo, pues tuve a bien trabajar para dicha entidad unos años, visito el país no menos de tres veces al año y convivo desde hace más de una década con mi mujer que es portuguesa.

Parecía que en el panorama bancario portugués si era oro todo lo que relucía y el “menos mal que nos queda Portugal” era un consuelo para el mundo financiero ibérico.

Nada más lejos de la realidad.

En verano, que es tiempo de sustos e imprevistos para los mercados, con sistemática puntualidad y sin preaviso saltaba la inesperada noticia de la detención del presidente del banco, Ricardo Espirito Santo y tras la misma, la revelación de las malas prácticas de ingeniería financiera que llevaba realizando la entidad desde hace años y  que culminarían el 3 de Agosto con el colapso del banco, su rescate por parte del gobierno portugués y de los fondos europeos por un importe de casi 5.000 millones de euros, la división de la entidad en dos bancos (uno malo y uno bueno denominado 'Novo Banco') y el descrédito de la cúpula familiar que lo “dirigía” en una intervención humillante, que pone de relieve el grado en el que las viejas camarillas bancarias siguen afectando a las economías más débiles de Europa, como Portugal, Grecia e Irlanda.

¿Estado de salud de la banca?

El impacto económico del derrumbe no ha afectado gravemente a las economías de los países periféricos, pero ha dado alas a las sospechas sobre el estado de salud verdadero de los bancos en países vecinos. Lo que no es bueno para nadie y sobre todo no lo es para un intangible que mercados y economías mundiales buscan asegurar con ahínco: la confianza en las instituciones financieras.

El 'New York Times' comentaba la noticia en estos términos: todos estos países comparten la misma debilidad: la falta de una regulación eficaz a nivel local (…) nadie sabe quién está en contubernio con quién”.

No es de recibo que banco sistémicos como el BES pasen pruebas de estrés regularmente con nota y al poco deban ser rescatados cuando alguien escarba a fondo en sus balances.

Como decía, las pérdidas han sido limitadas, pero miles de accionistas y tenedores de deuda subordinada lo han perdido todo. Igualmente los que acudieron a la ampliación de 1.000 millones de capital que contó con el beneplácito del Banco de Portugal en junio pasado.

Algo falla en el sistema de control de la salud de los bancos y también en la punidad de conductas que arruinan a miles de particulares, pues a día de hoy, todos los imputados en el caso BES se encuentran en libertad disfrutando de sus vacaciones en el Algarve portugués.

En este estado de cosas y lamentándolo mucho, ya podemos abandonar la “saudade” portuguesa con la que Siniestro Total expresaba aquello de: “menos mal que nos queda Portugal”. Al menos en el ámbito de los escándalos bancarios.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba