Como la vida misma

No hay cambio sin emprendedores

Podría definir al emprendedor como una persona idealista con capacidad suficiente para poner en práctica un proyecto de indudable valor para generar riqueza. En el mundo anglosajón, el emprendedor es una persona respetada pues la sociedad tiene claro que una parte de la riqueza de todos depende de la habilidad de estas personas para mantener el empeño y la vida por el éxito del proyecto. En el mundo latino y, en particular, en España, el emprendedor es una persona sospechosa e inocente susceptible de ser vapuleada en público por poner en cuestión la validez de lo establecido. En el entorno familiar se cuestiona la racionalidad de abandonar una empresa teniendo ganado el puesto con sueldo para toda la vida. Desde el conjunto de la sociedad se cuestiona la osadía de hacer frente a la gran empresa.

Este uso y costumbre de la sociedad española por cuestionar la búsqueda de proyectos e ideas nuevas hace que desde las altas esferas se obvie la fuerza que este conjunto de personas tiene para apoyar el desarrollo del país. Para qué apoyar a estos pequeños locos si la gran empresa apoyada convenientemente puede dar un golpe mayor, contratar personas, sistematizarlas y acomodarlas en la estructura establecida. Además, si la idea es buena, ya se encargará el lobby correspondiente en plagiar y acomodar el proyecto para buen fin del beneficio de la gran empresa y del país.

Existen ejemplos claros en todos los sectores. En el sector de las telecomunicaciones, las empresas de pequeño tamaño tienen obstáculos permanentes de empresas que todos conocemos; en prensa y comunicación, las ayudas a los grandes son insostenibles; en el mundo de la energía y electricidad, el grupo de presión es descaradamente abierto, y en el mundo financiero, la realidad se impone con crudeza. En concreto, en nuestro sector financiero, sorprende la capacidad para resurgir de las cenizas de departamentos que proponen volver a hacer lo mismo. En los últimos meses, ha surgido una nueva corriente de fondos de retorno absoluto en casas de gestión que no han tenido costumbre por gestionar fondos no direccionales. En el mundo del asesoramiento financiero la transformación camaleónica está empujando la venta de nuevos disfraces de independencia y transparencia.

En España se malgasta la existencia de una población que tiene formación y frescura intelectual para ver lo que otros no ven. El error es mayúsculo pues es el único conjunto de población que en el entorno actual puede tener valentía suficiente y empresa para luchar por nuevas maneras de crear riqueza y, en consecuencia, generar empleo de calidad.

Si la realidad, que la familia y la sociedad insisten en recordar, termina por imponerse, entonces, tendremos que, finalmente, aceptar el fracaso de nuestro proyecto y reconocer nuestra inocencia por creer que España es un país que ha traspasado el umbral de sus incapacidades y miedos del pasado. Una generación de jóvenes en desempleo, en un 50%, y otra generación de personas emprendedoras a punto de tirarla toalla. No está mal, parece que serán aquellas personas próximas a la jubilación las que tendrán la inmensa labor de levantar al país… Olé y olé.

Por suerte, no lo veo ni tampoco lo creo. Es tiempo de relevo generacional para cambiar las estructuras desde los mismos cimientos, de forma organizada y con sensatez, pero sin dilación. El hartazgo de convivir en una estructura económica y social vieja y moribunda es completo, por lo que quedan dos opciones, volver a los cuarteles de invierno y dejar hacer, o apostar por continuar en nuestro empeño. Mientras tenga oxigeno opto por esta última opción.


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