Como la vida misma

Uber

Leo entre el interés y la envidia sana cómo ante la posibilidad de que entre en funcionamiento un “servicio alternativo” (a través de la aplicación telefónica Uber) al transporte público profesional y regulado, el l 95% de los 15.728 vehículos con licencia que operan en Madrid, se han sumado a un paro de 24 horas.

Un taxista comentaba: "Creo que me moriré sin haber pagado los 155.000 euros que me ha costado mi licencia. Como para que ahora venga un listo y me quite el trabajo". "Es muy injusto que a nosotros nos exijan unos controles, se nos imponga una normativa y paguemos impuestos de mil maneras, y que mientras haya gente que campe a sus anchas".

Los argumentos son demoledores: intrusismo, falta de controles administrativos, inseguridad física y jurídica, competencia desleal, transporte pirata, etc… Es transporte de viajeros, SÍ, pero sin licencia ni autorización administrativa y sin vehículos homologados.  Y es economía sumergida, pues los conductores no pagan impuestos. Es decir, fraude fiscal.

Es decir, todo perfectamente trasladable a la situación del asesoramiento financiero en el que entidades de todo tipo y bajo las formas jurídicas más diversas “asesoran” en materia de inversión. Sin licencia, supervisión, control o la menor deontología o ética profesional circulan con vehículos no homologados que en la mayoría de casos alcanzarán trágicos destinos.

Sin calificar la mayor o menor importancia del sector del transporte público frente otros sectores, si les envidio su vehemente respuesta ante la afrenta de Uber.

Respuesta que no me cabe duda, sería del mismo cariz si estuviésemos hablando de arquitectos, abogados, médicos o ingenieros.

No cabe imaginar que en el sector financiero, donde “campan a sus anchas” toda clase de entidades no reguladas prestando servicios “profesionales”, las entidades reguladas, supervisadas y sometidas a una presión impositiva y de costes elevadísima nos declaremos en huelga de “gestión de activos” por 24 horas.

La normalidad de la convivencia entre entidades reguladas e irregulares se ha instalado en el sector y la vista gorda o el laisser faire, laisser passer, parecen la actitud general ante esta situación.

Así que ojalá apareciese una app que nos hiciese reaccionar con la misma vehemencia que la de los taxistas, tanto a los profesionales regulados del sector como a las administraciones públicas, pues el número de entidades no reguladas que operan en nuestro país ofreciendo asesoramiento en materia de inversión (que les recuerdo solamente puede ser prestado por agencias, sociedades de valores, sociedades gestoras de cartera, entidades de crédito y EAFI´s ) supera con creces a las supervisadas.

Dicen que la expansión de Uber es imparable y que no refleja más que el impacto en el sector del taxi de la “disrupción tecnológica”. Yo no sé los demás, pero de ser así, yo me pido ser la siguiente industria en sufrir dicho impacto.

Y a ver si así de una vez ponemos Uber alles (por encima de todo) la imperiosa necesidad de profesionalidad en un sector demasiado contaminado por advenedizos, presuntos especialistas e intrusos de toda especie y condición.


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