Como la vida misma

Transparencia

Según la Real Academia Española de la lengua, el adjetivo transparente es aplicable para aquello que es claro y evidente y que se comprende sin duda ni ambigüedad. La transparencia parece pues una cualidad valorable y deseada, por lo que en puridad debería cotizar enteros en cualquier ámbito. Incluido el financiero.

Lamentándolo mucho, parece que esto sigue sin ser así, pues la transparencia ya sea en la transmisión de las bondades o maldades de los productos financieros y mucho más aún en la referida a los honorarios profesionales suele frenar la contratación de los servicios que las empresas de asesoramiento financiero independiente ofrecemos a cara descubierta.

Es este un fenómeno que obedece a motivos frágiles y revisables como la comodidad, la costumbre o la confianza ciega respecto al asesoramiento de toda la vida. Asesoramiento que con independencia de su claridad u oscuridad, desde siempre ha sido brindado “gratuitamente” a los clientes por el financiero de proximidad de la entidad de turno.

A diario, en nuestra praxis cotidiana nos sucede que el entusiasmo inicial con el que los potenciales clientes  nos compran nuestra filosofía de servicio profesional, descarrila al plantear con luminosa transparencia el cobro de nuestros servicios profesionales.

Y es que nada como repetir una mentira un millón de veces para que esta con el tiempo suficiente, mute en dogma de fe. El dogma del asesoramiento financiero gratuito repetido hasta la saciedad no solo es falaz, sino que se ha convertido en un lastre que sepulta sin piedad toda la pedagogía que al respecto realizamos los asesores financieros independientes a diario.

En todo caso no vamos a caer en la frustración asesora ni perdemos la fe ni la esperanza, puesto que la regulación internacional (MIFID II) y nacional se dirigen hacia la transparencia en el ámbito de la remuneración del asesoramiento financiero a velocidad de tren bala.

Con independencia del modelo de cobro de honorarios y del debate generado a favor y en contra de las retrocesiones de los Bancos a los asesores financieros, un primer paso ineludible es el de la transparencia en dicho cobro.

En mi opinión además, los honorarios profesionales deben de proceder exclusivamente del cliente pues es esto lo que garantiza la independencia. Informar e incluso devolver al cliente las retrocesiones que se cobren puede ser transparente, pero fácilmente genera dependencia.

La falta de madurez del mundo EAFI que algunos críticos apuntan para mantener el statu quo mejoraría de inmediato si el modelo fuera de cobro directo y exclusivo al cliente.  No hay nada más transparente como que la única fuente de remuneración sea el cliente asesorado y la única dependencia la del interés de los clientes.

Los falsos dogmas del pasado no van a evitar que la transparencia se imponga en este sentido. Y es que como dijo el filósofo Víctor Pradera allá por el año 1932:” Erige tronos a los falsos dogmas y fatalmente caerás en la esclavitud que  acecha al final de los mismos”.


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