Como la vida misma

“Tozudez” Económico-Política

Jean Baptiste Lully fue un músico y bailarín francés de origen italiano creador de la ópera francesa. Contemporáneo de Molière y de Racine, llegó a ser compositor de cámara del todopoderoso rey Sol- Luis XIV de Francia -. Tras 30 años a la sombra del monarca se convirtió en su secretario personal.

Personaje persistente, de convicciones férreas, tozudo y perseverante y sordo a consejos o puntos de vista diferentes nunca aceptó correcciones de nadie.

Obstinado y testarudo falleció a consecuencia de una herida infectada que se hizo en el pie con su bastón de director de orquesta, una pesada barra de hierro de la que se servía para llevar el compás golpeando el suelo con ella.

La gangrena acabó lentamente con su vida, ya que con su tozudez de bailarín prohibió a los médicos que le cortaran su pierna para poder salvarse.

Poco han cambiado las cosas desde finales del S.XVII pues parecemos gobernados tanto en lo económico cómo en lo político perdón, mal gobernados) por una legión de disciplinados discípulos de Lully que por encima de las dificultades que se presenten o ante argumentos perfectamente razonables mantienen sus decisiones contra viento y marea.

Cargados de razones, cegados por sus inmutables – y falseados – postulados e incapaces de diferenciar la realidad de sus deseos personales no contemplan consensuar acuerdos o acercar posturas.

Nada nuevo en política de bajos vuelos, pero es que la situación política y económica nos demanda exigir algo mejor a nuestros dirigentes.

A nivel europeo, la peligrosa deriva deflacionista en economía y a nivel nacional la ciega y sorda amenaza secesionista son exponentes de equivocada tozudez aguda.

Políticas al margen de la ley escudadas en una supuesta privilegiada lectura de la voluntad popular nos llevan al desgobierno y al pisoteo de líneas rojas infranqueables. Hacia un nulo respeto a la ley y la democracia representativa (cuando no sirve a los intereses propios) y a mantenerla y no enmendarla pase lo que pase. A un pulso yermo que solo causa cansancio, frustración e intolerancia en una población atónita ante un panorama tan feo.

En lo económico y en el ámbito Europeo, políticas de austeridad y experimentos monetarios nos conducen sin remedio hacia una trampa de deflación y estancamiento. A una Europa a la japonesa. A una economía “zombie” de supervivencia que evita arbitrar el modo, por complejo que sea técnicamente, de hacer llegar el crédito a población y empresas. Mientras tanto, el tiempo apremia y la ciudadanía espera decisiones valientes, nuevas, efectivas e inteligentes.

Nos lo advierten repetidamente desde el FMI, pasando por la OCDE y el Banco Mundial.

Y todo esto sucede por tozudez, por falta de diálogo y de altura de miras y voluntad de acuerdo de dirigentes obstinados en el error e instalados en el medraje personal o las soluciones de corto recorrido y tristes consecuencias…ajenas.

Está claro que la sociedad y la realidad siempre andan varios pasos por delante de las leyes que las regulan, pero la actual urgencia ha de acortar al máximo este “gap” clásico pues desde hace ya bastante tiempo, parece que legisladores y supervisores económicos conocen los remedios, la casuística y la larga enfermedad de los pacientes, pero aplican la medicina “in extremis” con el enfermo ya agonizante.

La tozudez sin freno llevó a la tumba al músico francés que marcaba su compás en total aislamiento. Exijamos a nuestras autoridades para mejorar la situación político económica, que se imponga el diálogo, la discusión constructiva, la política de largo recorrido, la visión de estadista, las soluciones valientes y los acuerdos que puedan desencallar derivas de mínimos resultados que se han demostrado inútiles, cuando no grotescas . Por presuntamente inteligentes y obstinados que nos puedan parecer los que las defiendan.

España y Europa lo necesitan y la situación nos lo demanda con urgencia.


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