Como la vida misma

Smart Beta

Recurrentemente la industria de inversión nos obsequia con nuevas ocurrencias que bajo el formato de una atractiva denominación, prometen convertirse en la nueva panacea de nuestros quebraderos de cabeza en aras a obtener un plus de rentabilidad. El último must en el mundo de la inversión se ha denominado Smart Beta. Si hacemos un recuento, tenemos ya: fondos, ETF´s, índices y estrategias Smart Beta. E incluso a pesar de su juventud, partidarios y detractores de esta forma de gestión de carteras.

El atractivo de la combinatoria en términos comerciales es innegable, pues el término anglosajón ‘smart’ (inteligente) vende mucho y ya sí lo complementamos con el argumento de encontrarnos frente a una serie de estrategias de gestión que permiten obtener mejores retornos con menor nivel de riesgo, nos encontramos con un producto perfecto, que todo inversor inteligente no se va a dejar perder.

No sé por qué pero me recuerda a aquel uso abusivo que se le dio no ha mucho tiempo atrás a otro anglicismo mágico que mucho prometía y poco retornó: ‘enhanced’. No había más que añadir la palabreja al fondo de turno para venderlo como roscas. ¿Quién se iba a dejar perder el fondo X, versión enhanced (mejorada)?

Para los que no conozcan en profundidad los vericuetos de la teoría de gestión de carteras, indicarles que esto del Smart Beta no es más que una evolución de la misma que pretende maximizar y mejorar resultados en las carteras de gestión activa y reducir comisiones y dotar de mayor eficiencia a las de gestión pasiva. Las estrategias Smart Beta buscan optimizar lo mejor de la gestión activa que siempre pretende batir al mercado junto con la mentalidad equilibrada de la gestión pasiva. En esencia, nos encontramos frente a una indexación reforzada o una forma de gestión activa con menor rotación de la cartera.

Su cariz revolucionario deriva en que constituye una especie de tercera vía a la gestión tradicional, desafiando a la Teoría clásica de Gestión de Carteras de Markowitz cuyo lema y mantra principal es que para lograr una mayor rentabilidad hay que asumir un mayor nivel de riesgo. Pues bien, los defensores de la corriente smartbetiana, nos dicen que esto es válido para el corto plazo, pero no para el largo plazo y que datos, básicamente estadounidenses, así lo avalan de forma sistemática.

Los datos y las series estudiadas no pueden ser muchos, pues cómo máximo datan del año 2011/12. Personalmente echo a faltar datos en series más largas para discernir si estamos ante una nueva fallida panacea o una vía sólida por la que discurrir en la gestión patrimonial. Personalmente, soy partidario del Smart Alfa, pues creo que la única forma de batir sistemáticamente al mercado es mediante el talento, la experiencia y la habilidad de gestores profesionales.

No niego la validez y atractivo de los mensajes smartbetianos, pero invito a la prudencia frente a unos productos que son extraordinariamente complejos y difícilmente entendibles para un inversor medio, que tienen aún mucho que demostrar y que no deben ser contratados ni por moda, ni por coste de oportunidad ni por su atractivo comercial. Son estrategias y productos que pueden ser válidos para momentos de mercado puntuales y no aptos para todas las carteras de inversión.

Es bien cierto que el grueso de inversores en estos fondos o ETF´s Smart Beta son institucionales (fondos de pensiones, aseguradoras, Bancos, etc…), pero a nadie se le escapa que la voracidad de una industria gigantesca desarbolada y necesitada de ingresos los va a extender en muy poco tiempo a los clientes minoristas.

Lo que es perfectamente lícito. Pero cuando les ofrezcan un producto o estrategia para su cartera de inversión de tipo Smart Beta, exijan que lo que les ofrezcan sea comprensible, de bajo coste (tanto en términos de costes de gestión como de transacción), transparente -que permita comunicar claramente cómo está posicionada la estrategia en cualquier momento-, y por último, sistemático, lo que significa que los rendimientos deben provenir de la explotación de las anomalías de mercado a largo plazo más que de tomar posiciones de riesgo para explotar las ineficiencias.

Así demostraran claramente a su proveedor de productos financieros que no solo existen productos smart, sino que también existen inversores smart.


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