Como la vida misma

Las Sicavs o los ricos también lloran

Las Sicavs españolas, ese vehículo de inversión maldecido por algunos y que no es otra cosa que un fondo privado para personas o familias con elevados patrimonios está de moda. Según una nota reciente en este medio su crecimiento continúa siendo imparable también en este año 2014 tanto en número de vehículos como en aumento de dinero gestionado.

Las sicavs se encuentran en el punto de mira de parte de la población debido a la creencia de que son un vehículo de inversión para privilegiados en los que apenas se pagan impuestos. Sobre este punto, desde Kessler & Casadevall, en una entrada anterior en este blog ya les apuntábamos que este es un concepto erróneo. De hecho para aquel que no tenga una sicav pero que sea un privilegiado en el sentido de que tenga el patrimonio financiero necesario para constituir una de estas sociedades probablemente una cartera de fondos de inversión es una opción más eficiente y discreta. Fiscalmente son básicamente idénticas y los costes son claramente menores por lo que la rentabilidad potencial es mayor.

¿Porqué entonces, se preguntarán muchos lectores, todas estas personas acaudaladas se lanzan a constituir sicavs? La respuesta se encuentra en que más bien son conducidos hacia esta opción cuando probablemente no es la solución ideal para ellos. Veamos brevemente qué es lo que se encuentra en realidad habitualmente detrás de este vehículo:

  • Primeramente se encuentran unos costes de constitución nada despreciables y unas comisiones de gestión y administración fijas anuales. Los costes de gestión y administración anuales pueden suponer en no pocos casos alrededor del 1% del patrimonio. Por ejemplo, para una sicav pequeña de 3 millones de euros ello suponen 30.000 euros anuales o 2.500 euros mensuales lo que es una cantidad considerable incluso para una familia adinerada. Sin embargo, los costes no acaban ahí sino que en este ratio de gastos totales que se puede consultar en el DFI (Documento Fundamental para el Inversor), igual que en los fondos, no están incluidos los siempre muy relevantes costes de intermediación, es decir los costes de comprar los activos (acciones, bonos, etc.) que conforman la cartera de inversión de la sicav. Estos costes pueden llegar a ser muy relevantes si la gestora se dedica a lo que se denomina en el sector rotar la cartera. La rotación de la cartera consiste en comprar y vender valores con frecuencia para generar comisiones de intermediación que son cargadas al patrimonio de la sicav y que generan ingresos al bróker con el que opera la gestora de la sicav. El bróker suele pertenecer al grupo por lo que los ingresos se quedan en casa. No es poco habitual encontrar sicavs donde estos costes de intermediación superan a los de la comisión de gestión y administración de la sicav por lo que el coste total puede superar perfectamente el 2% anual, es decir, un excelente negocio para la entidad gestora pero no para los dueños de la sicav.
  • Otro punto relacionado con los elevados costes y sobre el que resulta importante alertar es uno de los trucos que emplean algunas entidades y que consiste en captar sicavs para su gestión ofreciendo unas comisiones de gestión y administración bajas de digamos del entorno del 0,40%. Como en tantas otras cosas en la vida lo barato puede terminar resultando caro. Este gancho debe ser “compensado” con la generación de ingresos adicionales que aporten el jugoso margen buscado. Así, en este tipo de sicavs es bastante habitual ver rotaciones especialmente elevadas, la inversión en productos estructurados que dejan muy generosos ingresos a las entidades pero minoran la rentabilidad de la misma, la comercialización aparejada de otros productos financieros que el cliente realmente no necesita o puede obtener a mejor precio, etc.
  • Se producen concentraciones de activos no deseables que responden a los intereses de las entidades gestoras y no a los de los dueños de la sicavs. Con un ejemplo es fácil de entender este punto. Una entidad financiera puede verse obligada a comprar bonos de su propio país o región que obedecen a necesidades de otras unidades de la misma que nada tienen que ver con la de gestión de sicavs y las de sus partícipes. El resultado es que la cartera de la sicav puede terminar con un abultado peso y riesgo en bonos de unos determinados emisores porque la entidad debe colocarlos en algún sitio. En caso de algún problema con estos emisores la rentabilidad puede verse fuertemente penalizada. Además, existen alternativas mucho más saludables y eficientes con binomios de rentabilidad/riesgo superiores como son las de invertir en una serie de fondos con comisiones de gestión muy reducidas que tienen una reconocido historial de buen desempeño y cuyas carteras disfrutan de una excelente diversificación por emisores, países y sectores.
  • El punto anterior me lleva al siguiente argumento que es la “manía” de muchas entidades de comprar bonos y acciones en directo cuando consistentemente son incapaces de aportar valor. No es inhabitual encontrar por ejemplo carteras de acciones europeas dentro de sicavs que normalmente proporcionan una rentabilidad claramente inferior a la de los índices de referencia. A veces los defectos de rentabilidad son dramáticos afectando muy negativamente a la rentabilidad de la sicav. De nuevo, se trata de un sinsentido ya que existen alternativas como los ETFs o fondos cotizados y los fondos de inversión de gestión activa de calidad que con seguridad van a aportar mucha más rentabilidad en el medio plazo.

Terminamos con una reflexión a una pregunta que se hace evidente en vista de lo expuesto. ¿Cómo es posible que familias adineradas no sean capaces de ver o entender estos argumentos? La respuesta es muy sencilla y tiene que ver con que vivimos en un mundo complejo y altamente especializado. Una persona o grupo familiar puede haber hecho y acumulado mucho dinero porqué lo sabía todo sobre la fabricación de tornillos o sobre la venta de fruta pero son cuasi analfabetos sobre mercados financieros y gestión patrimonial. Para compensar y lidiar con éxito la gestión de su patrimonio deben de contratar los servicios de una entidad experta en dicha área que verdaderamente defienda sus intereses. Ello sólo se consigue separando comercialización de asesoramiento algo que desgraciadamente los reguladores españoles siguen permitiendo.


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