Como la vida misma

Pesadilla en la oficina

Confieso que por motivos laborales y familiares, así como de higiene mental, soy poco o nada seguidor de los programas televisivos en formato concurso (léase Operaciones Triunfo, Masterchefs, Supervivientes y rebozados parecidos. Menos aún de la multitud de espacios que en los últimos tiempos han aflorado en todas las cadenas en formato de concurso televisivo culinario. Pero últimamente he tenido la oportunidad de seguir varios capítulos de Pesadilla en la cocina, un espacio en el que un chef de reconocido prestigio como es Alberto Chicote intenta poner orden en los restaurantes más desastrosos de España y retomar el esplendor de las cocinas más mugrientas y abandonadas del país.

El madrileño entra en estos locales donde reina el caos más absoluto, cual elefante en una cacharrería, desmontando con puro sentido común, inteligencia, paciencia y mucha mano izquierda los malos usos y costumbres cebolleras de los cebollinos que en general regentan, cocinan y sirven las peores raciones del país.

Los resultados, a pesar de que se lo ponen muy cuesta arriba suelen ser bastante exitosos cuando no extraordinarios.

Este vikingo de la cocina conocido por sus métodos rudos y sus sentencias demoledoras ("Sanidad no te cerraba el restaurante, te lo quemaba"), saca a la luz las vergüenzas de un sector en el que, como en todos los demás, también "se cuecen habas".

Me pregunto qué pasaría si surgiese un Alberto Chicote que realizase la misma labor en las oficinas bancarias de nuestra querida España. "Pesadilla en la oficina" pondría al descubierto, me temo, situaciones similares por doquier.

Reconversión del sector

Malas prácticas, gestiones de dudosa calidad con ingredientes cocinados no para satisfacer al cliente sino a la cuenta de resultados, cocineros descuidados y poco escrupulosos, actitudes de escasa o nula profesionalidad y peor empatía con los clientes, etc… siguen impertérritas en el menú de algunas sucursales bancarias.

Y es que nada mejor que un revulsivo ruidoso para reflotar un sector que por la fuerza de la costumbre, por desidia o desinterés ha ido arrastrando los pies lastrado por una agudísima crisis sectorial que ha propiciado el cansancio de proveedores, cocineros, jefes de sala, camareros y clientes, todos ellos chamuscados como las raciones de los restaurantes que Chicote visita.

Y me consta que existen muchas excepciones que están por la labor de mejorar, pero por el bien de clientes y profesionales no deberían ser excepciones.

Es necesaria una reconversión vertical de todo el sector que abandone malas prácticas y costumbres y cocine platos sanos, equilibrados y de feliz digestión para los inversores. Empezando por los fabricantes y proveedores de productos bancarios y continuando por los distribuidores y comercializadores del mismo.

Si yo fuese presidente, iría buscando a un sosias de Alberto Chicote para nombrarle ministro supervisor de Banca y Finanzas. Estoy seguro de que en poco tiempo nos empezarían a llover estrellas Michelin en un sector donde éstas brillan por su ausencia.


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