Como la vida misma

Mercados frontera

El brillante desempeño alcanzado por los mercados de Renta Variable de los países desarrollados durante el primer trimestre de este 2015 puede provocar en los inversores efectos diversos. Los más prudentes opinarán que el mercado ha corrido demasiado pues algunos índices han superado en rentabilidad a la esperada por el consenso de los analistas para todo el año (el consenso para la Renta Variable se suele situar invariablemente, año tras año, en un rango entre el 10%y el 15% de rentabilidad anual ).

Para estos inversores la estrategia consistirá en plegar velas y refugiarse en puertos más seguros una vez alcanzada una rentabilidad objetivo importante y probablemente inesperada. Pero existe un segundo grupo de inversores más osados que no contentos con ello y surfeando en la ola de unos mercados permanentemente alcistas demandan nuevas opciones de inversión que les puedan ofrecer mayores rendimientos futuros.

Una de las opciones recurrentes por las que se decantan estos campeones del optimismo es la de los denominados mercados frontera. Una denominación atractiva para una opción inversora que como no podía ser de otra manera se sitúa en la frontera entre la inversión y  la especulación.

Pero, ¿qué son los mercados frontera?

El concepto de mercado frontera o Frontier Markets  fue acuñado por Farida Khambata del IFC (Banco Mundial), en 1992, para designar aquellos países que se situan - en términos de elección inversora - en un escalón inmediatamente anterior al de los mercados emergentes. En esencia se trata pues, de mercados que podríamos denominar como “protoemergentes” o mercados emergentes del mañana.

Si estableciésemos un orden de prelación de los mercados financieros, los mercados frontera serían aquellos menos desarrollados, con menor liquidez y mayores niveles de volatilidad. A estos le seguirían los mercados emergentes, donde la volatilidad todavía es alta pero mejoran los niveles de liquidez  y a continuación se situarían los mercados desarrollados, los más profundos y – teóricamente- menos volátiles.

El único caso de un país que ha retrocedido desde la categoría de desarrollado a emergente ha sido el de Grecia, que fue degradado por el proveedor de índices MSCI en 2013.

La fronteridad pues, no depende de lindes geográficos ni de límites físicos entre países, sino de una clasificación en función de las expectativas de unos mercados que son potencialmente futuras estrellas de la inversión.

Algunos de los principales países emergentes de hoy fueron mercados frontera en el pasado. Hace décadas nadie se atrevía a invertir en un, por aquél entonces mercado frontera desconocido, opaco e incierto y que hoy figura por derecho propio en numerosas carteras. Me estoy refiriendo a China. En 1950 el comercio entre EEUU y China se situaba en torno a los 200 millones de dólares anualmente; después, se aplicaron embargos al país asiático que duraron 21 años, hasta 1971. Hoy, el comercio entre ambas naciones supera los 500.000 millones, lo que hace de China el segundo mayor socio comercial de EEUU.

Otro caso claro de conversión desde naciones frontera agrícolas a fuerza global es el de Japón, que además de conservar su puesto como tercera economía del mundo se ha convertido en uno de los aliados más fuertes de EEUU y Europa. Hay quien en la actualidad, incluso discute sobre la fronteridad de Rusia y no lo considera mercado emergente.

En todo caso, los países frontera de hoy se convertirán, si se dan las circunstancias adecuadas, en los desarrollados del mañana. La buena noticia es que si se apuesta por el país correcto, se puede ganar mucho dinero. La mala noticia es que si no se acierta, es que se puede perder mucho también.

En la actualidad y en base a aspectos cuantitativos y cualitativos, Morgan Stanley, FTSE o S&P han identificado e  incorporado a índices ad hoc que ellos mismos gestionan a cerca de unos treinta países frontera, entre los que cabe destacar a Argentina, Trinidad y Tobago, Bulgaria, Croacia, Estonia, Lituania, Kazajstán, Rumania, Serbia, Eslovenia, Ucrania, Kenia, Etiopía ,Mauritania, Nigeria, Túnez, Bahrein, Jordania, Kuwait, Líbano, Omán, Bangladesh, Pakistán, Sri Lanka y Vietnam y Myanmar. El debate está abierto para incluir a Cuba en la lista en atención a su aparente apertura imparable hacia el capitalismo.

Bloomberg también  ha elaborado su propio ranking en función de aspectos que van desde el ambiente inversor, la previsión de crecimiento del Producto Interior Bruto en los próximos dos años o la facilidad para hacer negocios. En este sentido, los países frontera más destacados son Arabia Saudí, Estonia, Eslovaquia, Lituania y Bahrein.

No me negarán que amén de destinos turísticos atractivos, la lista de estos emergentes de los emergentes es solo apta para inversores con un umbral de insomnio a prueba de una bomba de neutrones y para visionarios de largo plazo que apuestan por la evolución a lo largo del tiempo de unos países que hoy por hoy prometen mucho más de lo que dan.

La combinación de exotismo y la escasa fiabilidad de algunos datos económicos que estos países ofrecen deben alertarnos para designarlos como opciones de inversión infalibles. La precaución debe imponerse frente a estos cantos de sirena, pues las expectativas de rentabilidad de estos mercados son iguales a las de las posibles pérdidas y con no poca frecuencia constituyen propuestas de gestión condenadas a destruir valor de antemano.

La prudencia nos dice que estamos frente a mercados especulativos de alto riesgo para inversores agresivos. Unos mercados además, muy volátiles por su escasa liquidez, con una elevada inseguridad jurídica y altas cotas de inestabilidad política y social. Paradójicamente, en los últimos 10 años, la volatilidad anual del índice MSCI de emergentes ha sido prácticamente el doble que la del MSCI frontera.

El sesgo positivo que acompaña el entorno alcista actual no nos debe animarnos a tomar decisiones de inversión irreflexivas que en un entorno menos complaciente ni tendríamos en cuenta, no obstante y si sucumben ante la llamada del potencial fronterizo, háganlo acompañados de un profesional reconocido y verdaderamente alineado con sus intereses y en permanente vigilancia del bienestar de sus ahorros y de su patrimonio.

Cruzar fronteras nunca fue fácil. Menos aún el saber discriminar entre una lista de países enormemente heterogénea en todos los aspectos y por tanto, acertar en nuestra decisión de inversión fronteriza. Se impone pues invertir  vía los índices comentados y en menor medida la inversión directa en empresas y servicios de esos países. Y como les decía, con el imprescindible consejo y compañía de un profesional curtido, regulado e independiente con el que recorrer dicho tránsito.

En algunos casos puede que sean apuestas rentables y felices en resultados, pero si obtener rentabilidad ya es difícil en geografías normalizadas, obtenerla en las fronteras multiplica exponencialmente el riesgo de pérdidas económicas. Y es que por todos es sabido que la vida en la frontera es dura y está llena de peligros.  Económicos también.  


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