Como la vida misma

Líos de Faldas

Tranquilos, no se me asusten. No pretendo  cambiar la línea editorial del blog para convertirlo en un “Corazón, corazón “financiero dónde ventilar los asuntos de faldas del sector, aunque estoy seguro que daría para mucho.

El título del artículo viene a colación pues en tiempos de escasa visibilidad y de grandes incertidumbres como los que vivimos propician el renacimiento de teorías esotéricas que inspiran algunos de los indicadores más estrambóticos a los que se aferra el mundo de la inversión con el objeto de predecir el posible comportamiento futuro de las cotizaciones.

Y una de las más originales ( no me lo negarán ) y que ha vuelto a resurgir, es el que asevera que llevar faldas más cortas puede ser un detalle que va mucho más allá de una simple apuesta de los diseñadores de moda para pasar a convertirse en un indicador fiable del rumbo futuro de los mercados.

Y es que hace ya algunos años, los analistas llegaron a medir la altura del bajo de las faldas de las señoras para prever la evolución de las Bolsas. Los mercados alcistas se asociaban con las rodillas al descubierto, mientras que el ocultismo epidérmico presagiaba épocas de contracción o depresión económica.

Dicha teoría económica propuesta por Ira U. Cobleigh,  autora de, entre otras obras : “Happiness is a Stock that Doubles in a Year “ ( “La felicidad es un mercado que dobla en un año “ ) le funcionó bastante bien durante unos años y lo hizo aún mejor para su economía personal a juzgar por el número de libros vendidos hasta la fecha.

Para su desgracia, a partir del año 2000 la predictibilidad que prometía su teoría cómico-financiera empezó a fallar estrepitosamente y sin causa aparente (  quizá ayudada por la utilización masiva del traje pantalón por las ejecutivas de Estados Unidos ) y abrió el camino a otros oráculos, si cabe aún más originales y extravagantes como el uso y consumo del pintalabios rojo que según Estée Lauder estaba directamente vinculado con la crisis, pues a mayor uso más crisis, por aquello de: ¡Al mal tiempo, buena cara ¡.

O el denominado Índice Rascacielos que intenta adivinar el momento del ciclo económico vinculando la construcción de rascacielos con el inicio inminente de una recesión y el incremento de la altura respecto al edificio más alto anterior con el tiempo de duración de la crisis.

O el “SuperBowl Advertisers” que decidirá si el mercado será alcista o bajista en el año en función del ganador de la SuperBowl y dependiendo de a qué Conferencia pertenezca.

En esta fiesta del despropósito también surgieron “sólidos indicadores” como el volumen de la venta de calzoncillos o de pañales o el color y longitud de las corbatas de los señores. Y para dar más empaque al conjunto, no tardaron en aparecer sus correspondientes benchmarks surrealistas (Ïndice Big Mac, Starbucks, Mars, Ikea, sentimiento de los usuarios de Twitter, etc.. ).

Así podríamos citar otras muchas más teorías a cada cuál más excéntrica y desde luego con escasa fiabilidad salvo en su ocurrencia puramente estadística.

Ni análisis técnico ni fundamental, ni dividendos, ni Per´s, ni diversificación geográfica. Cosmética, construcción, tendencias estéticas o resultados deportivos como fórmulas anodinas para intentar adivinar la tendencia del mercado.

Como criterios para especular que no invertir, pueden tener sus adeptos. No lo pongo en duda, pero en todo caso estas teoría pueden ser más útiles en la vida diaria, pues a partir de ahora cuando miremos con excesivo interés las piernas de una mujer y ésta se percate o seamos advertidos por ello, ya sabemos qué decir: “Simplemente estaba decidiendo si entrar o no en el mercado “.

Carlos de Fuenmayor - Kessler&Casadevall AF Barcelona  - @cdefuenmayor


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