Como la vida misma

Inflación y deflación

En economía, la inflación es el aumento generalizado y sostenido de los precios de los bienes y servicios existentes en el mercado durante un período de tiempo, generalmente un año. Cuando el nivel general de precios sube, cada unidad de moneda alcanza para comprar menos bienes y servicios. Es decir, que la inflación refleja la disminución del poder adquisitivo de la moneda: una pérdida del valor real del medio interno de intercambio y unidad de medida de una economía. Una medida frecuente de la inflación es el índice de precios, que corresponde al porcentaje anualizado de la variación general de precios en el tiempo. El más común es el índice de precios al consumo (IPC).

Hoy en día, la mayoría de las corrientes económicas están a favor de una tasa pequeña y estable de inflación. Una inflación pequeña (en vez de nula o negativa) puede reducir la severidad de las recesiones económicas al permitir que el mercado laboral pueda adaptarse más rápidamente en una crisis, y reducir el riesgo de que una trampa de liquidez impida una política monetaria de estabilización de la economía.

La tarea de mantener la tasa de inflación baja y estable se asigna generalmente a las autoridades monetarias de cada país. En general, estas autoridades monetarias son los bancos centrales, que controlan el tamaño de la emisión monetaria mediante la fijación de las tasas de interés, a través de transacciones en el mercado de divisas, y mediante la creación de la banca de reservas.

Al índice negativo en la tasa de inflación como consecuencia de una baja generalizada de los precios se le denomina deflación, término que escuchamos últimamente hasta el hastío. La deflación presente o la que está por llegar aparece por doquier cuál “pequeño Nicolás” económico. No hay medio, artículo o titular en el que últimamente no se la mencione.

Y conviene calibrar si estamos ante un problema. Unos la alaban, otros la temen, los más la quieren evitar, otros la toleran e incluso algún economista jefe de algún Banco la recomienda. Antes de dilucidar esa cuestión conviene aclarar algunos conceptos.

Aclarando Conceptos 

Los efectos de la inflación en una economía son diversos, y pueden ser tanto positivos como negativos. Los efectos negativos de la inflación incluyen la disminución del valor real de la moneda a través del tiempo, el desaliento del ahorro y de la inversión debido a la incertidumbre sobre el valor futuro del dinero, y la escasez de bienes.

Por otro lado, los efectos positivos incluyen la posibilidad de los bancos centrales de los estados de ajustar las tasas de interés nominal con el propósito de mitigar una recesión y de fomentar la inversión en proyectos de capital no monetarios.

Lo deseable para una economía sana es una tasa de inflación moderada. un incremento de forma lenta de los precios

Como en todo, y la economía no es una excepción, en el término medio está la virtud, por lo que lo deseable para una economía sana es una tasa de inflación moderada: la inflación moderada se refiere al incremento de forma lenta de los precios. Cuando los precios son relativamente estables, las personas se fían de este, colocando su dinero en cuentas de banco. Ya sea en cuentas corrientes o en depósitos de ahorro de poco rendimiento porque esto les permitirá que su dinero valga tanto como en un mes o dentro de un año. En sí, las personas están dispuestas a comprometerse con su dinero en contratos a largo plazo, porque piensan que el nivel de precios no se alejará lo suficiente del valor de un bien que puedan vender o comprar.

El BCE y su mandato

El Tratado de Maastricht otorgó al Banco Central Europeo (BCE) el mandato de asegurar la estabilidad de precios en la UEM con el archiconocido objetivo del 2% en términos de inflación. Parecería que el mandato del BCE es aún más estrecho que el de la Reserva Federal que tiene también como mandato el promover al empleo y más específico que el del Bundesbank que indica que debe salvaguardar la moneda.

Es verdad que el artículo 2 de los estatutos del BCE dice que la estabilidad de precios es el objetivo primario de la entidad. Sin embargo, incluso ese propio artículo 2 ya habilita al BCE a que, alcanzada la estabilidad de precios, pueda coadyuvar en la consecución de los logros a los que aspira el Tratado de Maastricht en su artículo 3, a saber, la promoción del progreso económico y social sostenible y del pleno empleo. Por tanto, no es cierto que el BCE tenga un mandato único –la estabilidad de precios–, sino que sigue teniendo un mandato dual –estabilidad de precios y pleno empleo– pero articulado en dos niveles jerárquicos si bien primando la estabilidad de precios sobre el empleo.

Para la consecución de estos objetivos el BCE dispone de instrumentos y mecanismos de política monetaria. Aumentando o disminuyendo la oferta monetaria y los tipos de interés.

Las causas

Las causas de la inflación/deflación han sido estudiadas y justificadas por diversas escuelas de pensamiento económico: desde la teoría puramente monetaria, hasta la afirmación de Milton Friedman en el sentido que toda inflación es siempre un fenómeno monetario, pasando por las teorías del lado de la oferta, la teoría de la escuela austríaca o las posturas estructuralistas.

Los pormenores de cada una de estas teorías darían para un manual de economía con el que no les quiero aburrir pues no es este el foro para ello.

Situación actual: el problema

En todo caso lo que sí es evidente, es que en el momento actual no existe riesgo de inflación, sino como decía al inicio del artículo, de lo contrario: un riesgo de deflación que ha vuelto a dispararse en el Viejo Continente. ¿Es eso una buena noticia?. Si entendemos la inflación con el estigma que lleva implícita debería serlo. Pero, no es así. El problema es la deflación.

La deflación incrementa la deuda real, retrasa en el tiempo las decisiones de consumo e inversión ante la idea de que los precios van a seguir cayendo, incentiva las reducciones salariales, erosiona los beneficios de las empresas e incrementa el paro.

Además y esto es lo más peligroso, la vida en deflación provoca una “patología monetaria” que tiene en Japón su máximo exponente. La población nipona lleva 15 años con deflación por lo que su sociedad ha interiorizado unas expectativas bajistas que han hecho fracasar todas las políticas expansivas que se han ido implementando.

La inflación es como el colesterol: lo saludable sería tener un poco alto el nivel de inflación hasta que se estabilice la economía. En pequeñas dosis, es el tratamiento de primeros auxilios

Para que esto no suceda la inflación es el instrumento del que hay que tirar en estos casos. Y para comprender mejor la necesidad de un poco de inflación, podríamos compararla con el colesterol. Los médicos nos avisan de los peligros del exceso de colesterol, pero también nos recuerdan que es necesario tener un cierto nivel de colesterol para nuestra salud cardíaca.

Pues con la inflación pasa lo mismo y en tiempos de crisis económica y endeudamiento astronómico como los que atravesamos lo saludable sería tener un poco alto el nivel de inflación hasta que se estabilice nuestra situación. Para un país endeudado, un poco de inflación (no mucha) es buena pues obviamente, reduce el peso de la deuda. La inflación en pequeñas dosis es el tratamiento de primeros auxilios que necesita nuestra convaleciente economía. Por el contrario, la deflación es un espejismo de curación, una grosera cirugía y un problema.

Es por eso que el Doctor Draghi, cómo médico de guardia del BCE, hará todo lo que esté en su mano para inyectarnos “colesterol monetario “ que nos perjudicará en el corto plazo a países con atonía económica como España, pero que a poco que mejore nuestra economía (y en esas estamos) estabilizarán nuestro irregular pulso económico. La inflación no es Satán. Y la caída continuada de precios es tan o más peligrosa que lo opuesto.

El proceso deflacionista que se está produciendo en Europa solo puede formar parte temporal del necesario proceso de ajuste a los excesos "inflacionistas" de las burbujas del pasado y ha de ser atajado lo antes posible, pues de no ser así podría llevarnos hacia una patología deflacionista de oscuras y profundas consecuencias.

Carlos de Fuenmayor. Director Kessler&Casadevall AF - Barcelona


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