Como la vida misma

India: ¿ya sí?

Desde que en 1985 me atrapó la lectura de A passage to India, la magnífica novela de Edward Morgan Foster que posteriormente llevaría a la gran pantalla el británico David Lean, me declaro un enamorado platónico de la India.

La descripción de los paisajes, las costumbres y las relaciones entre la colonia británica y sus administrados hindús sostienen la trama de una novela en la que como trasfondo permanente aparece el sueño de una India libre y unida. De hecho, en las últimas frases de la novela dos de los protagonistas explican que siendo uno inglés y otro hindú no pueden ser amigos, al menos no hasta que la India se libere del Raj Británico. Como concluía el relato, incluso la tierra y el cielo parecían decir "Aún no".

Y así fue hasta el 15 de agosto de 1947 en que la tierra, el cielo y en especial el Reino Unido dijeron: “ Ya Sí “. La India obtenía la independencia del dominio británico, al mismo tiempo que las zonas de mayoría musulmana se separaban para formar un Estado independiente, Pakistán. Tres años después, en Enero de 1950, India se convertía en una república, y una nueva Constitución entraba en vigor.

En lo político no cabía duda que el país ya si entraba a formar parte de las principales democracias modernas del planeta. Alcanzada la “pax” política era necesario abordar el despegue económico de un país en el que predominaban las actividades agrícolas, artesanales e industriales.

El asunto económico estaba por dilucidar. Desde la década de 1950 hasta la década de 1980, la economía de la India siguió tendencias socialistas salpicadas por erráticos experimentos autárquicos con lamentables resultados. No fue hasta 1991 con la liberalización económica, incluyendo la de su sector industrial, la privatización de empresas públicas y la reducción de los controles de las inversiones externas y del comercio que su economía nacional se convertiría en una economía de mercado. Este cambio en la política económica de 1991 se dio poco después de una crisis aguda en la balanza de pagos, por lo que desde entonces se puso énfasis en hacer del comercio exterior y de la inversión extranjera un sector primordial de la economía de la India

Y la fórmula no ha ido mal del todo, pues según las últimas estimaciones del FMI, la economía india crecerá un 6.5% en 2016, por encima del envidiado 6.3% previsto para China. Para el próximo año, India podría ser la economía de más rápido crecimiento del mundo a pesar de tener un tamaño cinco veces menor que el de su rival asiático.

En India la demanda externa más débil es compensada por el impulso de la relación de intercambio de los menores precios del petróleo y por el repunte de la actividad industrial y de inversión después de las reformas políticas. La caída de los precios del petróleo debería favorecer a la India, al tratarse de un país importador, lo que supondría más ahorro para los consumidores, reduciría las importaciones, mejoraría el déficit presupuestario e incrementaría las reservas de moneda extranjera.

En su actualidad política tras  una década de gobiernos del Partido del Congreso, la llegada del partido nacionalista hindú BPJ y el decidido impulso reformista de su primer ministro, Narendra Modi ha insuflado nuevos ánimos a su economía nacional prometiendo reformas económicas ilimitadas en múltiples ámbitos que abarcan desde los seguros, la minería, los proyectos energéticos, de defensa, de impulso de corredores industriales y de construcción de infraestructuras sociales y de viviendas para los más desfavorecidos y en especial de atracción de las grandes firmas e inversores extranjeros.

La India presenta pues numerosas oportunidades de inversión. El acceso al mercado hindú para un inversor particular es sencillo y se articula a través de la variedad de fondos de inversión que invierten en esta zona geográfica y que numerosas gestoras ofrecen en su portfolio internacional. En todo caso y como siempre, les recomiendo que antes de tomar una decisión de inversión la consulten con su asesor financiero independiente.

Lo que parece claro es que definitivamente y ya sí la India ha dejado atrás la percepción de ser una economía estancada e inflacionista con unas infraestructuras insuficientes y un cuerpo legal poco favorable para el sector privado y la inversión empresarial.

India representa a día de hoy uno de los mercados asiáticos que mejores perspectivas presentan. Desde un punto de vista macroeconómico, hay motivos para ser optimistas. La previsión del crecimiento del PIB para este año asciende al anteriormente referido 6,5%,  pero es que además la inflación está férreamente anclada dentro del objetivo del 6% marcado por el Banco Central de la India.

Además, a corto plazo, el descenso del precio de las materias primas debería ser favorable para los beneficios empresariales y el mercado de valores hindú. Cabe recordar que en un entorno similar, el pasado 2015 la Bolsa India se revalorizó la friolera del 56,1% lo que no ha despertado la prudencia de los analistas, pues el consenso entre los mismos es que aún le queda recorrido alcista. Es más, a largo plazo el progreso en materia de reformas podría impulsar aún más a los mercados de renta variable y favorecer a los ya positivos argumentos macroeconómicos de inversión en la India garantizando su atractivo como país receptor de inversiones.

El riesgo principal es que las reformas económicas se paralicen, pero la seriedad, el rigor y los resultados de las medidas adoptadas  por el nuevo gobierno desde su llegada al poder en Mayo de 2014 parecen desmentir tal posibilidad.

Con todo, el alcance de las reformas no se queda ahí y excediendo con creces lo económico se extiende también a los ámbitos sociológico y colectivo.

A modo ilustrativo, una pareja de estimados amigos- amén de talentosos arquitectos - que se encuentran de viaje de negocios entre Nepal y la India me contaban que la venta y el consumo de alcohol en Nueva Delhí están estrictamente prohibidos durante las 48 horas previas a la celebración de la jornada electoral en ese Estado hindú. Son los llamados “Dry Days” o días secos que se han implantado y generalizado desde el 2009 y ya no solo para periodos electorales o fiestas nacionales pues han alcanzado categoría de prohibición anual en algunos estados.

Puede parecer anecdótico, pero que unos Estados que conforman la mayor democracia del mundo, pretendan asegurar la impoluta lucidez y sobriedad del cuerpo electoral antes y después de ir a votar, apuntan maneras. Maneras que sumadas a los datos objetivos en lo económico despejan algunas dudas y deberían augurar para la India Ya Sí, un desempeño económico futuro aún más prometedor. 


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