Como la vida misma

Educación financiera

En numerosas entradas de este blog he defendido la imperiosa necesidad de la educación como único remedio para mitigar y erradicar los sonrojantes episodios trágico financieros que nos asaltan sin tregua desde hace un buen número de años. Me consta que desde la CNMV, el Banco de España y el Ministerio de Educación no se escatima en fatigar estrategias para intentar paliar la preocupante ignorancia en materia financiera de los alumnos españoles y de la población en general. A través de varios planes estratégicos que finalizan en 2017 el regulador ha puesto hilo a la aguja para paliar la situación de ignorancia generalizada en términos financieros que secularmente ha acompañado a la población española y es de agradecer y debe ser reconocido el que así lo haya hecho.

La evolución más reciente de nuestra sociedad, caracterizada por la progresiva complejidad de los mercados, de las relaciones financieras entre los individuos y las empresas, y de los propios productos y servicios financieros, está poniendo de manifiesto una creciente necesidad de prestar atención a la educaciónfinanciera de los ciudadanos, consumidores y demandantes, actuales o potenciales, de tales productos y servicios.

El aumento de la cultura financiera tiene beneficios significativos para todos los ciudadanos, usuarios actuales o potenciales de productos y servicios financieros, con independencia de la edad y del nivel de ingresos. La vida está llena de decisiones con trascendencia financiera (la formación de una familia, la adquisición de una vivienda, la compra de un automóvil, la jubilación) y es importante que todos los ciudadanos, ante esas decisiones, puedan ser conscientes de sus consecuencias financieras y aprendan a valorarlas.

La evolución de nuestra sociedad pone de manifiesto una creciente necesidad de prestar atención a la educación financiera de los ciudadanos y consumidores

Una buena cultura financiera, por tanto, ayuda a los individuos y a las familias a aprovechar mejor las oportunidades, a conseguir sus objetivos y a contribuir a una mayor salud financiera de la sociedad en su conjunto. Los cambios sociales, económicos y demográficos que se han ido produciendo en los últimos años han causado una creciente complejidad en la toma de decisiones con trascendencia financiera. Entre los factores determinantes de estos cambios cabe mencionar el aumento de la renta per cápita, que viene acompañado de un mayor volumen de ahorro; el nivel de endeudamiento creciente durante las últimas décadas y, sobre todo, durante los años previos a la actual crisis; el aumento de la esperanza de vida y, más recientemente, la elevada inestabilidad del mercado laboral.

También los mercadosfinancieros han ido aumentando paulatinamente su complejidad a causa, básicamente, de la existencia de nuevos canales de distribución y el desarrollo, especialmente durante los últimos 20 años, de nuevos productos financieros. Los consumidores ya no se limitan a elegir únicamente entre tipos de interés o entre préstamos y planes de ahorro diferentes, sino que se enfrentan a un amplio abanico de opciones, con una gran variedad de instrumentos financieros, algunos muy complejos, para ahorrar o financiarse. Y todo ello en un contexto de transferencia creciente de riesgos a los consumidores financieros. Por tanto, la tarea de administrar y distribuir los recursos financieros de los individuos y de los hogares de forma adecuada es cada vez más compleja y las aptitudes y conocimientos necesarios son mayores que en generaciones anteriores.

La reciente crisis financiera ha puesto de manifiesto algunas situaciones que posiblemente se hubieran podido mitigar mediante un mejor conocimiento financiero de los individuos. En este sentido, la educación financiera está adquiriendo cada vez más importancia, al favorecer una mejor asignación de recursos, reducir los riesgos asociados a episodios de inestabilidad financiera y, por tanto, contribuir al aumento del bienestar social.

Esta misma crisis financiera en la que transitamos desde 2008 ha incrementado la percepción de las personas de sus propio riesgos financieros y les ha hecho variar sus expectativas en cuanto al resultado que quieren obtener de sus decisiones con trascendencia financiera. Una mayor educación financiera sin duda reconducirá el dislate al que hemos llegado y si incide en sus aspectos éticos la balanza de los comportamientos delictivos sin duda se inclinará hacia su imperiosa y necesaria desaparición. El analfabetismo financiero produce monstruos que la educación financiera domestica.

Por todos estos motivos, uno de los retos fundamentales que debe encarar España sin más demora es el de la incorporación de la educación financiera al sistema educativo. Hay que centrar el foco de la educación financiera en la juventud y en la escuela y en ella introducirla tan pronto como sea posible. La calcopirita es un mineral del cobre. Los estudiantes españoles aprenden sus propiedades, pero no saben qué es el euríbor o cuál es la diferencia entre un depósito y una cuenta corriente. Y les puedo asegurar que en el futuro tendrán más relación con los productos y servicios bancarios que con la pirita.

Los niños y los jóvenes de hoy son los consumidores de productos y servicios financieros de mañana y, por tanto, el grupo poblacional donde la inversión en educación financiera normalmente tendrá un mayor período en el que rendir sus frutos. Y no nos faltan inspiradores modelos internacionales en que basarnos: En Australia, desde el año 2005 se imparte educación financiera en las escuelas de manera obligatoria, desde los 3 a los 10 años aproximadamente, y se integra en las asignaturas de Matemáticas, Ciencias, Humanidades y Tecnología, entre otras.

Uno de los retos fundamentales que debe encarar España sin más demora es el de la incorporación de la educación financiera al sistema educativo

En Escocia, la educación financiera está incluida en el currículum de manera obligatoria desde septiembre de 2008. En Inglaterra se imparten programas de bienestar económico y capacitación financiera en la asignatura de PSHE (Personal, Social, Health and Economic Education). Además, los programas de Ciudadanía y Matemáticas hacen referencia explícita al dinero y a la capacitación financiera. A partir de septiembre de 2014, la educación financiera se convirtió en obligatoria y quedó incluida en el currículum escolar.

Esperemos pues que en España, las diferentes administraciones acuerden de una vez por todas, un encaje adecuado de la educación financiera en los programas de estudio sin detrimento de otras materias y con una adecuada dotación de recursos.

Si quienes deben hacerlo colaboran como deben, si no se anestesian las urgencias en afrontar la tarea y si nada extraño interfiere los planes del regulador, puede que al final todo salga bien y de una vez por todas, las finanzas dejen de ser algo que solo se aprende en la vida adulta y a base de visitas a las oficinas Bancarias. La baja cultura financiera en un país donde más del 90% de los productos financieros se venden en las redes bancarias es una combinación explosiva que ha demostrado sus efectos reiteradamente. La educación financiera no puede seguir siendo la eterna asignatura pendiente de España. Y menos después de lo que ha llovido. La educación contribuye a la estabilidad financiera personal y por ende, global.

Se trata de un encargo histórico frente a la jungla de ahí afuera. Un reto titánico que la población demanda y una inversión que sin duda pagará con grandes creces lo invertido y que bien seguro hará de nuestro país un lugar más libre, más seguro, más culto, más igualitario y menos expuesto a unos mercados darwinistas que devoran sin miramientos a los inversores y los individuos con menor formación financiera.


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