Como la vida misma

Deontología Financiera

La deontología es una rama de la ética cuyo propósito es establecer los deberes y obligaciones morales y éticas que tienen que asumir quienes ejercen una determinada profesión.

Por lo general, se halla recogida en forma escrita en los llamados códigos deontológicos, habituales en esferas como la medicina, la abogacía, la psicología, la enfermería o el periodismo y que en mi opinión, deberían extenderse a cualquier otra disciplina en que se trate con seres humanos.

En el ámbito del asesoramiento financiero no existe un código cómo tal puesto que no existe tampoco un único acceso reglado por el Estado para el ejercicio de nuestra profesión.

Desgraciadamente y con esos mimbres, el supervisor y las instancias competentes de nuestro país han optado por la autorregulación del sector, que sumada a la colosal falta de educación financiera han favorecido el alumbramiento de monstruos de considerable envergadura: participaciones preferentes, swaps de tipos de interés 'ocultos', suelos de tipos de interés, colocaciones forzosas de OPV, venta de deuda subordinada de entidades con muy dudoso futuro, etc.

Todo ello se agravó por la ausencia total de una mínima, regulada y exigible ética profesional que en muchos casos se conjugó fatalmente con una falta aún más clamorosa de la misma en la esfera personal.

Y no digo que la deontología profesional sea la fórmula mágica que haga desaparecer la sinvergonzonería, el amateurismo y las malas prácticas que campan libremente por el sector, pero desde luego su carencia favorece la falta de ética y anima prácticas comerciales que nada tienen que ver con el asesoramiento en materia de inversiones.

De ahí, la extraordinaria relevancia que - con escasísimo eco en la prensa - tienen iniciativas privadas como las llevadas a cabo por EFPA España (European Financial Planning Association) mediante el código ético que han de suscribir sus asociados así como por ASEAFI (Asociación de Empresas de Asesoramiento Financiero) que recientemente aprobó un código de conducta profesional de características y con objetivos similares.

Dichos objetivos son comunes y sus fines no pueden ser otros que la máxima protección de los intereses de los inversores así como la elevación de los estándares de la profesión al máximo nivel de excelencia.

Para el ejercicio de esta profesión no solo basta con tener don de gentes, habilidades comerciales, capacidad para trabajar bajo presión y por objetivos, sólida formación y experiencia, que también, sino sobre todo una estricta ética personal que ha de venir 'de fábrica' y otra profesional cuyos principios han de ser plasmados en negro sobre blanco para poder acudir a ellos en caso de duda y cuyo cometido es el de garantizar una praxis independiente, legal, honesta, confidencial y prudente en materia de asesoramiento financiero.


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