Como la vida misma

Cuento de Navidad

Puntual a su cita anual, ya está aquí la Navidad. Con ella, además del obligatorio consumo al que sin defensa posible nos aboca la conjunción de obligaciones familiares y ofertas comerciales, llega también la nostalgia por las viejas tradiciones Navideñas.

Nostalgia que evoca aquellos días de infancia donde no faltaban el Belén, el árbol de Navidad, los villancicos, el turrón y los polvorones, pero tampoco la lectura de los clásicos de la literatura juvenil. Salgari, Verne, Defoe, Twain, Conan Doyle y sobretodo Charles Dickens llenaban el tiempo de las vacaciones de Navidad de los niños que fuimos, a falta de Internet, iPads, PlayStations, DVDs y demás.

Entre esas lecturas, recuerdo con especial intensidad el impacto que me causó la lectura y relectura del clásico, Christmas Carol (Cuento de Navidad) de Dickens. Obra de la que se han realizado multitud de adaptaciones en todos los formatos posibles y de la que se pueden extraer no pocas enseñanzas “financieras”.

La novela ha sido siempre interpretada por la crítica como una condena del capitalismo industrial del siglo XIX pero su vigencia es absoluta también para nuestros días.

En el libro se cuenta la historia de un hombre avaro y egoísta llamado Ebenezer Scrooge y su transformación de cruel banquero (la crítica literaria ha asumido generalmente que era un banquero o prestamista profesional que tenía relaciones usurarias con personas de escasos recursos ) en persona con sensibilidad social tras la visita de tres fantasmas en Nochebuena.

Ebenezer Scrooge comienza las fiestas de Navidad con su habitual desprecio y mezquindad. Scrooge es un hombre de corazón frío, tacaño y avaro, que desprecia la Navidad y todas las cosas que dan a la gente la felicidad. A pesar de ser dueño de una gran fortuna, Scrooge prefiere acumular su dinero, negándose a que genere la menor riqueza para los demás y llevando él mismo, un estilo de vida miserable.

En la Nochebuena será visitado por el fantasma de su difunto socio comercial, Joseph Marley, quien en la otra vida está pagando el precio por su propia insensibilidad social y económica. Marley, tratará de evitar que Scrooge corra con la misma suerte. Así, le anuncia que será visitado por tres espíritus: Los fantasmas de las Navidades Pasadas, Presentes y Futuras.

El fantasma de las Navidades pasadas busca las causas de su comportamiento neurótico y obsesivo en relación a acumular riqueza sin sentido, de su falta de empatía y caridad con los demás.

El fantasma de las Navidades presentes le advierte de los males de la ignorancia y la miseria. Enfrentándole con el hombre totalmente despreciable en que se ha convertido, aferrándose a su dinero como si no hubiera un mañana y con una imagen aterradora de lo que le espera si persiste en su camino de codicia y ruindad

El tercer fantasma, el más terrible, el de las Navidades por venir le muestra el desolador panorama que producirán sus comportamientos financieros equivocados y le brinda la oportunidad de arrepentirse y de cambiar su forma de vida hacia la sensibilidad social, la distribución justa de la riqueza y el bien común.

La denuncia de la acumulación insana y enfermiza del capital o de mercancías enteramente inútiles, la insensibilidad social ante el sufrimiento del prójimo, la usura y el único objetivo del enriquecimiento personal son retratados con maestría y crudeza como males económicos pasados y presentes concluyendo que la acumulación de bienes o capital son una de las bases del patrimonio, pero que de una manera mal entendida, el ahorro provoca toda suerte de mezquindades materiales y afectivas.

Pero la novela no se limita a la denuncia pues contiene un mensaje de esperanza y de transformación de esos vicios financieros en virtudes como la generosidad, la bondad y el bien social que serán alcanzados tras descubrir el erróneo sinsentido de pretéritos comportamientos.

El viejo Scrooge y los tres fantasmas de la navidad pasada, futura y presente que lo visitan de noche, recogen en su simpleza un mensaje vigente y poderoso.

La riqueza debe generar riqueza para toda la sociedad y desde todos los ámbitos hemos de poner nuestro granito de arena

La economía ha de perseguir el bien común. La riqueza debe generar riqueza para toda la sociedad y desde todos los ámbitos hemos de poner nuestro granito de arena para que así sea. En asesoramiento financiero también.

Mediante pedagogía continuada con nuestros clientes, denunciando prácticas abusivas y poco transparentes, rompiendo la asimetría de la información, informando con total transparencia de costes e intermediarios cuando los clientes acceden a los productos financieros y animando a alcanzar mayores cotas de conciencia social canalizando inversiones hacia fondos éticos o que redistribuyan parte de sus beneficios para obras sociales.

También por qué no, animando a destinar parte de las retrocesiones que determinadas entidades reciben (siempre que sus clientes así lo acuerden) hacia organizaciones sin ánimo de lucro o entidades de caridad, beneficencia y/o servicios sociales.

La respuesta a la crisis actual no la encontraremos practicando el egoísmo, la usura, la acumulación sinsentido o exprimiendo financieramente a las personas.

La cura para sanar comportamientos financieros poco recomendables quizás la encontremos reflexionando sobre el pasado, pero también en el presente recordando y transmitiendo a quien nunca lo ha sabido que la abundancia es compartir y que sólo podrá ser completa, si tenemos la capacidad de compartirla y disfrutarla con los demás.

En ese sentido les emplazo a que seamos el espíritu de la navidad aún por venir y el azote de los Scrooges de nuestro tiempo justo ahora que la oscuridad parece envolver el mundo.

Y si como la economía, nuestro espíritu navideño se encuentra en crisis ya sea porque el trabajo, las obligaciones o la transición de niños a adultos nos han pasado factura, es momento para recordar que esta época del año no ha de ser solo un tiempo de parranda y de excesos comerciales, sino ante todo, un tiempo propicio para que el ser humano se contagie del amor y la generosidad infinita de quién dándolo todo y sin pedir nada a cambio, naciera entre las pajas de un humilde portal hace más de dos mil años.

¡Feliz Navidad para todos!


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