Como la vida misma

Bienvenidos al futuro

En los últimos meses proliferan por doquier declaraciones que proviniendo de la Banca Privada tradicional, solazan los oídos de los que desde hace ya un largo tiempo predicamos en la soledad del desierto de la incomprensión, la vital necesidad de un asesoramiento independiente, de calidad, libre de conflictos de intereses y con la más alta calidad profesional.

Así que, estimada Banca Privada: ¡Felicidades! Como San Pablo, tras caer del caballo en el camino de Damasco se ha hecho la luz y la conversión parece un hecho inevitable.

Y es que el sector financiero está plagado de honrados y talentosos profesionales que abrazando esta nueva religión, pueden cumplir sobradamente con los objetivos económicos de sus entidades sin necesidad de utilizar a los clientes como medio. Eso ha de quedar en los malos usos del pasado que están siendo abolidos definitivamente por los nuevos aires del futuro.

Es esta una deseada situación que esperemos sea definitiva y no una mera adaptación simulada para transitar por un futuro que hace años que ya está entre nosotros. Un futuro ya presente e ineludible por el que más cómodo se camina y sobre todo que discurre en la compañía de una conciencia tranquila guiada por los únicos intereses posibles: el de nuestros clientes y el de la profesión.

Adiós a las malas prácticas

Las malas prácticas del pasado deben quedarse ahí, en el pasado. Colocación, producto de campaña, objetivos comerciales, incentivos por colocación, etc. son conceptos que, en este futuro ya presente que muchos ya habitamos, han de ser desterrados sin paliativos y producir un rechazo inmediato entre los profesionales.

Y esta praxis no es solo deseable, es posible y perfectamente compatible con el lícito negocio bancario y su finalidad de beneficio. Es una simple cuestión de adaptación a una nueva realidad que con la práctica ha de imponerse sin remisión desde las filas de la independencia, la transparencia y la honestidad profesional.

Pero el beneficio no puede proceder exclusivamente del cliente. Ha de provenir necesariamente de otras vías. De la reducción de costes, de la simplificación de estructuras arcaicas e innecesarias, de productos adecuados y de un funcionamiento eficiente.

El futuro es el buen asesoramiento y su fin es el cliente. Así debería ser con independencia de la forma jurídica de la entidad que lo ofrezca. Solo así el camino que, hoy por hoy es una mera pero entusiasta declaración de intenciones por parte de la Banca tradicional, nos ha de llevar a todos a un brillante puerto financiero.

De ser así haremos bueno, también en este ámbito, lo que decía Antonio Machado: "Está el ayer alerto al mañana, mañana al infinito".

Con total sinceridad creo que si seguimos por este camino y sumamos fuerzas, todos los profesionales del sector escribiremos juntos ese mejor y más esplendoroso futuro del asesoramiento financiero.


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