Como la vida misma

Banca privada de mármol blanco

Había helado por la noche y el A3 no arrancaba.

–Elena, estoy cansado de estos coches alemanes, además ¡lo tiene todo el mundo! Mañana me paso por el concesionario de Pepo de la Riva y compro el Infinia. Lo tengo decidido.

Elena calló una vez más. Lo importante es la familia y la estabilidad de los hijos. Sabe que el ejemplo de sus amigas separadas han destrozado la vida de los niños y aunque tienen acceso a los mejores clubs de golf de Madrid y el dinero no les falta, falta algo en sus vidas que hace que empiece a valorar la esencia de las cosas. Su marido no lo sabe, pero detesta el mundo de los palos de golf. Aunque sabe que la estabilidad de su familia es la clave para el conocimiento y la formación de sus hijos y así recuperar un futuro que ahora está perdido en la trivialidad de las cosas materiales. Es cierto que el dinero de su familia había sido un detonante en el nuevo comportamiento de su marido, pero también la falta de perspectiva que mostraba al valorar siempre lo más intrascendente.

Ese día tenían reunión con su banquero privado que les proponía una nueva inversión que sustituyera los depósitos de alto rendimiento dados por el banco como excepción a sus clientes más especiales. Los tipos de interés habían caído a cero, por lo que para retener a sus clientes de banca privada, la entidad había diseñado, con cargo del presupuesto de marketing, un producto que combinaba una estructura de exposición garantizada a la renta variable con garantía del 95% de la inversión y un depósito remunerado al 5% durante los seis primeros meses y el resto al 2%. Si se cumplían determinadas condiciones, el producto podría obtener un 12% a tres años. Elena tenía claro que no hay duros a cuatro pesetas pero Lucas mantenía mucha seguridad cuando argumentaba que las compañías que estaban en la cesta del producto eran de primer nivel y que era imposible no alcanzar los objetivos de subida para las acciones en los tres próximos años, y menos aún que sufriera alguna de ellas una caída de más del 15%. Si sucedía este evento de caída en alguna de las acciones del producto estructurado, la promesa de beneficio se iba al traste. Elena pensó que alguna de las acciones no era tan segura como decía Lucas, pero él era el asesor del banco y además su marido había estado con él en el último torneo de golf jugado entre gestores y clientes del banco. Era la cuarta edición y el banco estaba muy contento con las relaciones que se establecían en este tipo de eventos comerciales.

-Elena, he llamado a Lucas y le he dicho que nos reserve plaza de garaje, pues no se puede aparcar en la zona, además, con tanto mármol blanco y con las comisiones que ganan, ya puede correr para recibirnos en la puerta. Espero que las caídas de bolsa no hayan afectado a nuestra inversión. Llevamos dos años y medio y nos queda muy poco como para que una compañía de medio pelo tire por tierra el rendimiento de las demás. ¡Lo que no entiendo es por qué seleccionaron esta compañía para formar parte de la cesta garantizada!

–Tranquilo Antonio, confía en Lucas. Él sabrá.


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