Como la vida misma

Banca Islámica

Con ocasión de un reciente viaje personal y de ocio a Dubai y AbuDhabi, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y por pura deformación profesional, me adentré en una sucursal del Dubai Islamic Bank cuál mistery shopper financiero para poder verificar o desmentir determinados mitos que sobre las finanzas islámicas tiene uno a razón del escaso predicamento que estas instituciones tienen en nuestro país

Una vez en la sucursal le comenté al “comercial” de turno, perfectamente pertrechado con su blanca kandura, que el motivo de mi visita no era otro que el intentar verificar si era cierto lo que en Occidente se escucha sobre la Banca Islámica, pues a oídos de un europeo, una Banca que se asienta sobre el bien comunitario, la protección del inversor, los productos financieros éticos, abomina de la usura y los intereses desorbitados, carece de interés en el crédito y predica que la relación entre banco y cliente no es la clásica entre acreedor y deudor, si no que se trata de una relación en la que ambas partes comparten tanto riesgos como beneficios no es que resulte impensable, es que resulta increíble.

Una vez superada la inicial desilusión por no estar ante un millonario europeo que quería abrir cuenta en su negociado me comentó, con enorme amabilidad y paciencia, los principales aspectos de las finanzas islámicas.

Las finanzas islámicas me comentó, se basan en los preceptos religiosos del islam, cuyas fuentes de la sharia son: el Corán y los actos, hechos y dichos del profeta Mohammed conjugados con el consenso de los expertos en la legislación islámica sobre cuestiones que no estén mencionadas o claras en las anteriores fuentes.

Los principios sobre los cuales se basan las finanzas islámicas en general y la banca islámica en particular son la prohibición de la riba o ganancia injusta, no merecida, sin esfuerzo o capital, la prohibición de la especulación financiera y de la ambigüedad, la incertidumbre o el engaño en las transacciones comerciales así como la prohibición de la financiación de actividades ilícitas e inmorales no adecuada a la Sharia. Ejemplos de sectores de actividades prohibidas: Inversión en el alcohol y todo lo relacionado con él, productos porcinos, industria cinematográfica pornográfica o inmoral, juegos de azar, etcétera.

Principios lógicos, simples y racionales pensé, pero que vistos desde nuestra práctica y perspectiva Occidental se sitúan o entre la candidez más naive o la ciencia ficción financiera más imaginativa.

Pero nada más lejos de la realidad - me comentaba mi simpático y lenguaraz interlocutor -pues no hay producto o servicio financiero occidental que tamizado por la Sharia no forme parte del arsenal comercial habitual de un Banco Islámico. Eso sí, en una versión racional y humanizada. Hasta el extremo de ser posibles incluso los préstamos a fondo perdido en algún caso. Por lo demás caben desde un depósito, hasta una emisión de bonos no sujetos a los vaivenes del mercado (sukuk) pasando por la obtención de financiación para infraestructuras públicas o el patrocinio de un evento deportivo.

La Sharia prohíbe la fijación de unos intereses previos, pero ni de lejos la sana obtención de beneficio o los dividendos u obsequios en algunos casos pero eliminando la incertidumbre en sus productos, pues la protección del inversor es uno de sus pilares básicos.

Así pues la oferta de productos islámicos financieros es infinita: depósitos a la vista que protegen el capital, cuentas de ahorro (sin intereses pero con obsequios), cuentas de inversión y gestión de carteras en las que se intercambia financiación por trabajo y en las que cada parte asume riesgos y beneficios (Mudaraba o Musharaka), contratos de crédito y como guinda final, un contrato hipotecario en el que es el Banco el que compra el bien y no el cliente y que se basa en la solidaridad y que en caso de cualquier imposibilidad de pago no intencionada el banco no puede expulsar al comprador de la vivienda si es su única residencia, pues se considera que estamos ante un bien de primera necesidad.

Después de escuchar esto – sin caerme de la silla - y no sin antes ser informado que un no musulmán europeo puede abrir una cuenta islámica sin ningún problema, preferí no saber nada más y agradeciendo la información. me despedí cordialmente de mi paciente comercial bancario dubaití.

Atónito me quedé después de descubrir la realidad de algo que solo sospechaba. Un sistema financiero del todo envidiable, en el que la racionalidad y el más puro sentido común resplandece por todas partes que preconiza la transparencia y la claridad cómo protección de los débiles frente a los poderosos y que encima, durante la atroz crisis financiera mundial ha permanecido estable o creciendo.

Tras este trabajo de campo y aún entre la estupefacción y la envidia sana comentarles que las finanzas islámicas están creciendo al ritmo que lo hace su población ( en torno al 20% anual ) y que el triángulo Londres, Dubai , Malasia constituye ya el corazón de las finanzas islámicas en el mundo. Que Londres se ha instituido en el mayor centro financiero islámico fuera de un país musulmán y que las Bancas tanto de Reino Unido, como Francia o Alemania llevan años tratando el fenómeno y atendiéndolo mediante la creación de Divisiones, servicios y productos para los musulmanes establecidos en sus respectivos países.

En España por dejadez o por considerar que estamos ante un nicho de mercado pequeño – a pesar que la Banca Islámica constituye el 2% de la Banca Mundial- aún no ha habido ningún Banco que afronte el asunto. En muchos casos se esgrimen inconvenientes derivados de su complejidad legislativa y de inseguridad jurídica que suponen los productos que ofrece una Banca que está en las antípodas- en cuanto a principios rectores- de la Occidental pero que sin paliativos, mejora las insensatas dinámicas de nuestro sistema capitalista clásico.

España, por su larga historia de más de siete siglos de vinculación al islam debería tener indudables ventajas al respecto para dar un gran paso adelante frente a países como Francia o Reino Unido que ya han avanzado mucho en este campo.

De no ser así esperemos que al menos si se produzca una sana capilaridad de prácticas y principios entre las finanzas islámicas y las finanzas occidentales cuyo único sentido, para nuestro bochorno financiero- será de Oriente hacia Occidente.

Visto lo visto, creo que en mi próximo viaje me limitaré a visitar centros comerciales. 


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