El Buscón

El desayuno 'privado' de Soraya, Lara y Echenique en un lujoso hotel de Madrid

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No son novedosas las estrechísimas relaciones entre la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, el presidente de Planeta y Atresmedia, José Manuel Lara Bosch, y el presidente de Radiotelevisión Española (RTVE), Leopoldo González Echenique. Pero este Buscón intrépido y vigilante sabe cuándo, cómo y de qué manera desayunaron juntos los tres mandamases mencionados. Fue el pasado martes en el Hotel Villa Magna de Madrid. Zumo de naranja natural, el mejor café que imaginen y unos cuantos bocados dulces y salados para aderezar

El citado hotel acogió el martes unas jornadas organizadas por la Unión de Televisiones Comerciales Asociadas (Uteca). Inauguró el encuentro la vicepresidenta y, sin esperar a que empezase a hablar el primer ponente, se anunció su marcha por obligaciones protocolarias. Soraya salió de la sala y le siguieron de cerca Lara y Echenique. Parecía que solo iban a despedirse de la número dos del Ejecutivo. Pero no. Los tres entraron a una sala contigua a la que acogía el evento. Pero, aquí está su error, se dejaron la puerta entreabierta. Y, pese a las dificultades de todo espionaje, este Buscón atrevido podía observar cómo picoteaban y charlaban amistosamente. Solo ellos saben de qué hablaron, lógicamente, pero se evidenciaban una vez más sus estupendas relaciones.

El cónclave se alargó durante casi diez minutos. Fue, por tanto, un minicónclave. Ya saben que las personas de esta clase siempre tienen prisas. Pero cada palabra que pronuncian vale su precio en oro. Cosas del establishment. El caso es que Soraya abandonó la sala en primer lugar, rauda en dirección a sus otras tareas. Le siguió Echenique, que no parecía muy interesado en las jornadas de Uteca pero, eso sí, aprovechó para hacer declaraciones a los medios sobre el conflicto laboral en RTVE. Por último, Lara volvió a la sala principal, como presidente de Uteca que es.

Por cierto, un rezagado que ocupa el puesto de alto directivo en otro grupo de comunicación intentó sumarse al aparte con Soraya. Pero no lo consiguió. De hecho, cuando se acercó a la sala donde se produjo el desayuno privado se topó con que la puerta estaba, ahora sí, cerrada. Tuvo que llamar, incluso, a un miembro de la seguridad del hotel para que, tarjeta en mano, como en las películas de espías, le diera paso. Cuando entró, ya no quedaba nadie. Los poderosos y sus confidencias ya se habían esfumado.  


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