El Buscón

Soraya, los espías del CNI y la deuda pública española

A lo largo de muchos meses, la pelea de los mercados castigando inmisericordes la deuda externa española y subiendo la prima de riesgo hasta cerca, en algún momento, de los 700 puntos básicos movilizó al Gobierno, deseoso de saber qué estaba pasando.

La noticia no es nueva, pero hasta ahora no había visto la luz, y en su día merecerá un buen libro-reportaje donde, al estilo de las aventuras del célebre James Bond, se mezcle la política con las finanzas y los servicios de inteligencia en una apasionante novela de aventuras. La historia tiene que ver con el permanente susto en el que durante el año que acaba de terminar ha vivido el Gobierno Rajoy a cuenta de la “intrínseca maldad de los mercados” de capitales y su obstinación a la hora de intentar llevar a España por el camino de perdición de la suspensión de pagos y el rescate.

Una posibilidad –algo que también en su día contarán algunos libros- que nuestro país estuvo a punto de vivir en 2012 y en más de una ocasión. A lo largo de muchos meses, la pelea de los mercados castigando inmisericordes la deuda externa española y subiendo la prima de riesgo hasta cerca, en algún momento, de los 700 puntos básicos movilizó al Gobierno, deseoso de saber qué estaba pasando con los mercados, quién los movía, con qué criterios operaban, cuáles eran las verdaderas intenciones de los Goldman Sachs and Company al respecto, si había alguna concreta conspiración internacional contra España, etc., etc.

Las maniobras defensivas en busca de información recayeron en el despacho de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. La primera decisión fue poner a trabajar, como Dios manda, a los embajadores de España, agregados comerciales y demás personal de las legaciones diplomáticas en el exterior. Pero esto no debió de satisfacer del todo a la vicepresidenta, que conocido es el espíritu inclinado a la molicie que caracteriza a los señores embajadores, poco dados a arremangarse y bajar a la arena a la hora de defender los intereses del país al que representan.

De modo que doña Soraya decidió tirar del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) para intentar detectar al enemigo de España en los malvados mercados. Y así fue como, ya antes del verano, una buena parte de los agentes del centro fue desplegada por distintas plazas financieras internacionales, con Londres y Fráncfort como centros neurálgicos, con la misión de mirar, preguntar, conocer, analizar… investigar los movimientos especulativos contra España y su deuda pública.

Nada de tarjetas; todo en metálico

Naturalmente se valoraron los conocimientos en la materia a la hora de la selección, y en algunos casos se proporcionaron cursos acelerados. De acuerdo con las fuentes, a los agentes se les proporcionó la adecuada cobertura de identidad, lógica prevención en la práctica totalidad de las misiones en el exterior. Las precauciones llegaron a tal punto que los espías españoles viajaron sin tarjetas de crédito de ninguna clase, pagando los bienes y servicios que consumieron a tocateja, en metálico contante y sonante, a la usanza de los antiguos tratantes de ganado en las ferias de pueblo.

No se conoce el resultado práctico de este despliegue ni el coste del mismo, aunque no estaría de más que, ahora que los malditos mercados parecen haber aflojado el dogal, algún grupo parlamentario solicitara la información correspondiente en el Congreso. Entre otras cosas, porque a lo mejor lograban hacernos reír un rato. La decisión de movilizar al CNI para estos menesteres tal vez recuerde a quienes peinan canas las historias protagonizadas en Madrid en los años setenta por los representantes diplomáticos de los países de la Europa del Este, que no se recataban a la hora de preguntar las cuestiones más pedestres al primero que se les ponía a tiro: “Y, oiga, ¿es verdad que Franco vive en El Pardo…?”.


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