El Buscón

La soledad de Pedro Calvo y la depresión de Miguel Ángel Villanueva

          

Pedro Calvo consulta su Ipad durante el último Pleno.
Pedro Calvo consulta su Ipad durante el último Pleno. VOZPÓPULI

Los dos políticos que escoltaron a Ana Botella en la tortuosa rueda de prensa del viernes 2 de noviembre de 2012, un día después de la tragedia del Madrid Arena, se han esfumado completamente de la vida pública. No puede entenderse la carrera política del exdelegado madrileño de Economía y Empleo Pedro Calvo ni la del exvicealcalde de la capital Miguel Ángel Villanueva sin la referencia de Alberto Ruiz-Gallardón, con quien empezaron los dos (nacidos casi el mismo año) ocupando cargos en la Asamblea de Madrid y luego en el Ayuntamiento. Emigrado Gallardón a Justicia, murieron al año de ausentarse el ministro, uno en la soledad del concejal raso del PP en Cibeles, otro en la tristeza de quien fuera el número dos de Ana Botella y dejara todos los cargos por la más estricta intimidad.  

Notables oradores –especialmente Villanueva–, ambos comenzaron sus andanzas políticas en Nuevas Generaciones y fueron encadenando cargos con el PP desde el ecuador de los años noventa hasta hoy, siempre ligados a Madrid capital y región. La oposición coincide en que sus salidas, a las que se podrían sumar las de Gallardón, Manuel Cobo o Juan Bravo, han gripado las defensas del gobierno de Cibeles, al menos en cuanto a nivel dialéctico.

A Pedro Calvo Poch (Ponferrada, 1968) se le ve tranquilo por los plenos municipales, a veces paseando solo y abúlico, a veces hablando con quien se le cruza o charlando por el celular. El llamado a ser delfín de Gallardón dejó la Concejalía y sus cargos en empresas municipales (como Madrid Espacios y Congresos) por el puesto de edil raso cuando el juez Eduardo López Palop anunció su imputación. Aunque fuentes cercanas a Calvo sostienen que éste puede no haber recibido aún la notificación del magistrado, por lo que formalmente estaría libre, de momento, de cualquier proceso penal.

Concejal raso, Pedro Calvo atiende a las sesiones, consulta el Ipad, charla con todos y se pasea abúlico por Cibeles.

Cuenta algún amigo que el exconcejal de Economía anda más huidizo de lo que parece, y no suele responder al teléfono por las bravas. Otros cercanos señalan que hubo cierto cabreo, ahora rebajado, en el PP de Madrid porque muchos militantes entendían que Pedro Calvo tenía que haber dimitido de todos sus cargos públicos, incluido el de concejal. Durante los plenos de Cibeles, se le ha confinado en el lateral superior de la bancada, casi mezclándose con rivales de la oposición. Atiende prácticamente a todos los debates y consulta frecuentemente su iPad, sin la tentación de imitar a sus compatriotas sancionados de la Asamblea de Madrid y abrir la aplicación móvil de Apalabrados, como puede dar fe este Buscón.  

Quien sí dejó todos los cargos y marchó a su casa no hace ni un mes fue Miguel Ángel Villanueva. Descolocado por la destitución fulminante con que le obsequió Botella el 9 de enero, aún tuvo tiempo para disfrazarla de dimisión ante los medios el mismo día para luego derrumbarse. El meteórico exvicealcalde (Fuente El Fresno, 1967) sigue sin entender por qué sus palabras de la mañana del 1 de noviembre, al poco de la avalancha mortal en el pabellón municipal, le han costado el cargo. Como se encargó de recordar decenas de veces ante los periodistas y la oposición, aquella mañana Villanueva solo comunicó el punto de vista del promotor Miguel Ángel Flores, según el cual la seguridad funcionó, el aforo fue el correcto y todo el desastre se debió a una bengala. Por eso y por la supuesta relación –mucho más seria- de amistad con Flores que la prensa aireó los días posteriores a la tragedia se abrasó el brillante político. Pero él siempre defendió sus palabras tras el Madrid Arena y su inexistente relación con el turbio promotor.

Aún le dio tiempo a Villanueva a disfrazar de dimisión su despido para luego derrumbarse en su casa.

“Está jodido”, resume un amigo. Según algunos allegados, Ana Botella le pidió que siguiera de concejal raso, como Pedro Calvo, pero él rechazó de plano la idea. “Quizás le pareció humillante”. Pequeño y fibroso, la depresión le ha hecho adelgazar todavía más al hasta hace un mes vicealcalde de los madrileños. Tampoco da rienda suelta a quienes le telefonean, solo a las amistades más próximas. Cuentan que anda varado en casa, sin ganas de buscar un puesto por el que dejarse caer. “No es fácil habiendo asumido tantas carteras en la Asamblea y en el Ayuntamiento reaparecer así como así por las esferas pública y privada. Se está tomando su tiempo. Ha tratado con muchos empresarios y ha dedicado, entre otras tareas, muchos esfuerzos a promocionar el turismo, por lo que se le asocia con fuerza al sector”, indica un conocido. Sin embargo, El Confidencial lo situaba estos días comiendo en la marisquería O'pazo junto al directivo del Real Madrid Fernando Fernández Tapias y el empresario Lalo Azcona, en un encuentro en el que inevitablemente debió de aflorar el tema de los negocios.

Vinculado al mundo gay, otro hecho que también le ha hundido es el insistente seguimiento que le han hecho algunas cámaras, especialmente justo después de cesar. Algún golpe bajo sobre su identidad sexual ha dolido. También el ostracismo general que palpa en las cañerías del PP, una formación estos días herida casi de muerte.

Sea como fuere, Botella ha apagado las estrellas demasiado brillantes de dos de los suyos en el Consistorio. De sus antiguos espadas, con permiso de su gran amiga Concepción Dancausa, la nueva número dos. Probablemente asesorada en Navidad, la alcaldesa ha puesto patas arriba las áreas de Gobierno, haciendo y deshaciendo, cesando y nombrando; apartando a Antonio de Guindos, hermano del ministro de Economía, de la cartera de Seguridad; elevando al desconocido número tres, Enrique Núñez. Y a diferencia de sus achicharradas huestes, Gallardón, él, sigue muy vivo cerca de Moncloa.


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