El Buscón

El Gobierno no conoció la debacle andaluza hasta una hora después del cierre de los colegios electorales

El vicesecretario general del PP y ex candidato a la Junta andaluza, Javier Arenas
El vicesecretario general del PP y ex candidato a la Junta andaluza, Javier Arenas EFE

Habitualmente, nos inclinamos a pensar que el Gobierno maneja información de primera, sobre todo cuando el partido que le apoya se juega gobernar en una comunidad tan importante como Andalucía. Pues bien, en esta ocasión, a Mariano Rajoy le fallaron todas las alertas. De hecho, no conoció que Javier Arenas se quedaba sin poder acceder a la Junta andaluza hasta las nueve y cuarto de la noche del domingo, una hora y cuarto después del cierre de la mayoría de los colegios electorales.

Los ministros y dirigentes del PP que acudieron el domingo a la sede central del PP, en Génova, 13, para hacer el seguimiento de la jornada electoral, se felicitaron entre ellos cuando conocieron a las ocho de la tarde que Arenas iba a poder gobernar en Andalucía con una holgura de 55 escaños, en todo caso la necesaria para desenvolverse con mayoría absoluta. El único sondeo que se conocía, además, no venía de círculos cercanos a las huestes populares, pues era el que había realizado Ipsos para Canal Sur, y que daba al PP la posibilidad de ganar la mayoría absoluta con 55 diputados.

Todos los allí presentes dieron credibilidad al sondeo de Canal Sur porque corroboraba lo que antes había pronosticado la mayoría de las encuestas de opinión. El golpe llegó hora y cuarto más tarde, cuando entró en Génova, 13, el sondeo del Ministerio del Interior. Es un clásico entre los partidos que han gobernado que esta encuesta va a misa. Pues bien, le daba al PP 51 escaños, cuatro menos de los necesarios para que Javier Arenas, a la cuarta va la vencida, pudiera alcanzar su sueño. Las caras de los allí presentes se tornaron largas y emergió entonces el desencanto: se había escapado de las manos el gobierno de una de las principales comunidades autónomas y, lo que era más preocupante todavía, se le había dado un balón de oxígeno a los sindicatos y al PSOE. Finalmente, la broma quedó en 50 escaños. Dos conclusiones de un ministro que fue testigo del funeral: no hay que menospreciar nunca al enemigo y las encuestas no sirven para nada.


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