El Buscón

La carne de McDonald´s deja de ser pecado para la Iglesia, gracias a la familia Cosmen

   

El párroco de Somió, Luis Muiña, junto a María Cosmen y César Arcos, bendice el nuevo local de McDonald´s en Gijón.
El párroco de Somió, Luis Muiña, junto a María Cosmen y César Arcos, bendice el nuevo local de McDonald´s en Gijón. María Gómez (La Nueva España)

El nuevo McDonald´s‘Oasis’ de Gijón, situado en un emplazamiento que hasta hace poco ocupaba una mítica discoteca ochentera, recibió durante su inauguración la bendición del párroco de la zona, Luis Muiña. Pero no era la primera vez que este sacerdote asturiano bendecía un lugar público. Antes ya lo había hecho con una gasolinera familiar, situada dentro de los límites de su zona parroquial.

¿Pero qué llevó al cura a consagrar estetemplo de la carne,propiedad de la conocida empresaria asturiana María Cosmen? Muiña explica a este Buscón que “como la gente que lo lleva es católica y me lo pidió, pues yo simplemente fui...”. Según relata, antes de cortar la cinta inaugural, todos los presentes en el restaurante guardaban silencio, incluido Ronald McDonald, claro. Mientras tanto, el sacerdote oraba y pedía a Dios que protegiese el local y a todos los que allí acudiesen a degustar el famoso BigMac. “Hubo unas oraciones, las típicas para bendecir un lugar público, de esas que vienen en un libro de la Conferencia Episcopal…”, se afana en explicar el párrocode San Julián de Somió.

Después de rezar el padrenuestro y el avemaría, tocaba repartir el agua bendita. Pero su labor no terminaría ahí: “También me pidieron que cortara la cinta y yo la corté…”, añade el cura entusiasmado. A continuación, MaríaCosmen, que opera la franquicia en la zona, pronunció unas palabras antes de brindar con champán junto a sus 55 nuevos empleados. Con éste ya son tres los locales de la cadena norteamericana que esta franquiciada rengenta en la ciudad, junto a los dos que posee en Oviedo.

Pero el plato fuerte de la tarde aún estaba por llegar. “Yo iba con unos amigos y, cuando terminó el acto, nos invitaron a una hamburguesa, alitas de pollo y Coca-Cola. ¡Y estaba rica!”, recuerda el párroco entre risas. Cuando le preguntamos a este sacerdote, licenciado en filología inglesa, si había probado antes la tentación del fast-food, confiesa tímidamente que “alguna vez”, aunque acto seguido aclara que “muy pocas”.


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