El Buscón

Los secretos de Gobelas 17 o si las paredes hablaran

   

Hay algunos edificios que, tocados por una especie de varita mágica, parecen llamados a ser testigos mudos del paso/peso de la Historia. Es el caso del situado en la calle Gobelas 17. Si las paredes de esta moderna construcción hablaran, podríamos enterarnos de los entresijos que algunos de los españoles más importantes, tanto desde el punto de vista político como financiero, allí urdieron durante los últimos veinte años. Situado en la exclusiva urbanización La Florida a las afueras de Madrid, Gobelas 17 ha visto pasar inquilinos con tanto pedigrí como los ex-presidentes del Gobierno Felipe González y José Luís Rodríguez Zapatero, ex banqueros como Mario Conde, empresarios polémicos como Pedro Pueyo y algún que otro abogado involucrado en el caso Noòs… Tela que cortar.   

Resulta que Gobelas 17, sobre el que se han escrito ríos de tinta, podría volver a colocarse en el primer plano de la actualidad si se confirmara el intenso rumor que estos días circula por Madrid, según el cual está a punto de instalar allí su despacho privado un nuevo y rutilante personaje, sobre el que Felipe González ha tenido y tiene enorme influencia, un protagonista de nuestra Historia reciente, un tipo que volvería a dar vida a este edificio de 13.700 m2, en el que se han cocinado desde operaciones financieras que alimentaron las páginas de la prensa salmón, hasta complejas estructuras societarias y procesos judiciales que a menudo terminaron en “arreglos extrajudiciales”. ¿Dónde está el secreto de Gobelas 17? ¿Cuál es el nexo que une a tan variopintos personajes?

El edificio es propiedad del empresario mallorquín Pedro Pueyo, pero está a nombre de la sociedad inmobiliaria Torreviscas SL, cuyo administrador es el fiscalista Francisco Javier Jiménez de Andrade, involucrado en el caso Noòs como asesor de un socio del yerno del rey Juan Carlos I. Jiménez de Andrade, estrecho colaborador de Pueyo y de su subalterno en España, Javier Albízuri, es un experto en entramados societarios en el extranjero para cobros y pagos internacionales, y fue llamado a declarar, por ahora como testigo, por el juez Castro. Se da la circunstancia de que la S.L. que figura como propietaria del inmueble es, a su vez, propiedad de una sociedad holandesa cuyo administrador es Paco Carrera, sobrino y empleado de Pueyo.

Crecido como empresario durante el mandato del PSOE, Pedro Pueyo hizo su fortuna cuando en 1989 el Banesto de Mario Conde le compró el 50% del Grupo Oasis por la friolera de 80.000 millones de pesetas (unos 480 millones de euros). En 1995 y ya expropiado, Conde ocupó un despacho del edificio que se vislumbra desde la carretera de La Coruña, donde también aterrizó el presidente del Gobierno bajo cuyo mandato se consumó la intervención del banco. ¿Sabía González que una de las irregularidades que llevaron a intervenir Banesto se gestó precisamente en el edificio que el PSOE ocupó hasta el 2013?

¿Conoce el ilustre personaje que parece dispuesto a desembarcar en Gobelas 17 los whereabouts de su propietario? Pueyo es, en efecto, dueño del grupo de hoteles Oasis, cuya base y centro de operaciones en España ha sido y sigue siendo, desde hace más de 15 años, el edificio de la calle Gobelas, desde el cual su equipo ha dirigido y controlado una decena de hoteles ubicados en Méjico y hasta hace muy poco también en España, entre  ellos la conocida "Hacienda Benazuza" en Sevilla, y los hoteles Oasis Islantilla y Oasis Isla Cristina, en Huelva.

Pueyo seguía disfrutando de su alto nivel de vida

No se puede decir que Pueyo haya tenido suerte como empresario hotelero. El cierre, en efecto, del Oasis Islantilla acabó con 20 sentencias favorables para los trabajadores del mismo, declarando nulos los 126 despidos efectuados. Además, La Caixa ha tenido que comerse el marrón de los hoteles por impago de créditos que en su día prestaron Caja Sol y Caja Navarra, dos entidades adquiridas por la catalana tras la reciente crisis financiera. Mientras su imperio hotelero se iba a pique, Pueyo seguía disfrutando de su alto nivel de vida, sus mansiones, su avión transoceánico y sus yates, que parece que las desgracias empresariales no le afectan.

Gobelas 17, con todo, sigue siendo el centro de operaciones del   grupo, desde el cual Pueyo, con la eficaz ayuda del citado Albízuri, gestiona y administra una sofisticada estructura societaria en la que figuran, entre otras y según los registros públicos, sociedades como Savinta, Barcelonska o Durkan Inversiones Turísticas, todas S.L, cuyos accionistas parecen ser, de nuevo, sociedades holandesas, en una auténtica madeja cuyo manejo conocía como nadie el que durante 15 años fuera su directivo de confianza, Guillermo Jáuregui. Ocurrió que Jáuregui reclamó su parte en el botín por “haber dado la cara por él y su grupo” durante tanto tiempo. El pacto extrajudicial, intermediado por el buen abogado que es Jaime Zurita, le costó según las malas lenguas sus buenos 35 millones de euros, cifra que el empresario tuvo que aflojar para, cláusulas de confidencialidad aparte, recuperar el control y la tranquilidad.

En la sede de Gobelas 17 se firmó igualmente la operación, que andando el tiempo también acabaría en un multimillonario acuerdo extrajudicial, por la cual Pueyo cedía a Juan José Hidalgo, fundador de Globalia, la gestión de sus hoteles en México. La historia acabó con demandas cruzadas en España, Luxemburgo y Estados Unidos, países donde se recibían los ingresos del negocio hotelero según los términos del acuerdo. Poco antes de que llegara el caso a la Audiencia Nacional, Pueyo acabó tarifando con Hidalgo, quien en más de una ocasión ha manifestado “haberse dejado meter un gol” por el empresario mallorquín con el contrato hotelero en México.

¿Sabían los inquilinos de Gobelas 17 lo que se cocía entre aquellas paredes? ¿Sabe el ilustre personaje que prepara su desembarco en el edificio dónde se va a meter? Uno de estos días habrá que contar las hazañas protagonizadas, mayormente con sus amigos empresarios y banqueros patrios, por el gran Felipe González. Gobelas 17 es una auténtica mina, y no precisamente de carbón.


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