El Buscón

Un Rajoy inédito, a los periodistas: "Por favor, entendedme"

    

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy Gtres

El cabreo de Rajoy era monumental, según le deslizan a este Buscón algunos de los desplazados en la comitiva presidencial a Guatemala. Apenas había puesto el pie en Antigua, preciosa localidad del país centroamericano, cuando le llegaron los ecos de lazapatiesta que habían montado Cospedal y Aguirre a cuenta de la famosa candidatura por Madrid. "Ya están otra vez estas dos", dijo en tono bajo a uno de sus asesores. Al presidente, pese a su enorme capacidad para controlar los gestos, se le veía muy irritado.

Y se produjo entonces un hecho nada relevante pero sí subrayable. Fue Rajoy quien se acercó a los periodistas, en vez de insistir en su vieja costumbre de darles de lado, ignorarlos, huir de ellos o, simplemente, saludarlos con un hola y adiós. El presidente tuvo a bien aproximarse al grupo que le sigue habitualmente en sus desplazamientos internacionales, gente sensata y responsable que no va a perpetrar nunca trastada alguna o malas pasadas. Con las manos abiertas, el ceño fruncido y sin rodeos, Rajoy les pidió: "Por favor, entendedme". Ese tono humilde, casi modesto y desde luego muy humano, sorprendió incluso a los más veteranos de la expedición, a los informadores más baqueteados del grupo. Nunca se había visto tal desde los tiempos antiguos, cuando estaba en la oposición.

Rajoy no disimulaba su enojo. 'Ni a diez mil kilómetros de Madrid me dejan en paz', vino a susurrar a uno de sus fieles consejeros

Chispas y maldiciones

En Guatemala suceden estas cosas, comentaba uno de los allí presentes. Rajoy echaba chispas y maldiciones (mesuradas, eso sí) por el nuevo incidente entre las dos damas del PP. El presidente había abandonado apaciblemente Madrid el viernes, una vez lograda la anuencia de Esperanza Aguirre para renunciar a la presidencia del PP de Madrid a cambio del plato de lentejas de la candidatura a la Alcaldía. Todo estaba en orden. Ignacio González, 'liquidado' y el partido, supuestamente en calma. Pero no. Un listillo de Génova acercó a dos de sus periódicos favoritosuna versión sui generis sobre el pacto con la lideresa madrileña. Y ésta, naturalmente, se enfureció, se acercó al micrófono de guardia de la Cope y arremetió contra casi todo lo que se movía. Incluso llegó a insinuar que si había gestora, ella se iba a su casa. En la emisora episcopal, en mañana de domingo, en horario de misa. Amén Jesús.

Llamadas a Guatemala, elaboración del documento de la paz y fin pasajero de la tormenta. Pero Rajoy no disimulaba su enojo. "Ni a diez mil kilómetros de Madrid me dejan en paz", vino a susurrar a uno de sus fieles consejeros, que, al tiempo, no paraban de meter cizaña contra las dos damas enfrentadas.

Fue entonces cuando Rajoy se acercó a los periodistas, le dijo eso de "por favor, entendedme" y luego, ya más calmado, superó su momentáneo rapto de debilidad humana y atacó la versión oficial del asunto. El comunicado es la verdad de la situación, todo está zanjado, las dos candidatas por Madrid son estupendas y él está muy contento con todo lo que ocurre en el PP. Bla, bla, bla. Rajoy volvía  ser Rajoy y su momento de debilidad se había evaporado.

Pero tras esa farfolla oficial, inevitable, no desapareció entre los periodistas allí presentes la sensación de haber contemplado una faceta del presidente del Gobierno nada habitual. Si se cabrea como un humano, si se sincera como un humano, si se te acerca como un humano, sin duda Mariano Rajoy es humano. O no.


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