El Buscón

Los ministros del PP no encuentran sitio en la presidencia del ágape con empresarios catalanes del Ampurdán

En los manteles de preferencia ocuparon su lugar junto al anfitrión, Antoni Brufau (Repsol) Juan Maria Nin (la Caixa), Javier Monzón (Indra), Narcís Serra (ex de Catalunya Caixa y con serios problemas judiciales) y Juan Rosell (CEOE).

Antonio Brufau, presidente ejecutivo de Repsol.
Antonio Brufau, presidente ejecutivo de Repsol. FLICKR/Ratamala

Luis Conde es el presidente de la firma de cazatalentos Seeliger & Conde, más conocida en los últimos tiempos porque en ella trabaja Esperanza Aguirre, el fichaje más sonoro de la compañía. El citado reúne tradicionalmente en su finca de Mas Anglada, en el Ampurdán (Gerona) a buena parte de la clase política y empresarial de Cataluña y del resto de España. Un estofado de jabalí (civet) es el plato oficial del encuentro. Este sábado, en coincidencia con la celebración de la convención del PP catalán en Barcelona, varios representantes del Gobierno fueron invitados a tan selecto ágape, que reúne a 250 personas de la élite de los negocios del país. Ríanse ustedes del palco del Real Madrid.

Pues bien, al famoso almuerzo hubo esta vez desplazamiento masivo de representantes del Gobierno y del partido en el poder. Ni Aguirre ni Guindos pudieron asistir la pasada edición. Pero el sábado sí estaban la ministra de Fomento, Ana Pastor, el de Industria, José Manuel Soria, el jefe de Gabinete del presidente, Jorge Moragas, y el secretario de Estado de Economía, José Jiménez Latorre. Ni uno de ellos tuvo silla en la mesa presidencial, reservada, según es costumbre, para los empresarios.

Enredar

“Hace falta tener ganar de enredar para montar un tinglado como este”, asegura uno de los asistentes al convite. Y es que este tipo de eventos, muy populares en Madrid en los días de vino y rosas del boom ladrillero y muy del gusto de cierta “canallesca”, solo sirven para eso, para enredar y para que el anfitrión presuma de agenda y pueda lugar tirar de contactos en beneficio de su business particular.

La prensa ha vendido el civet de Conde -no confundir con el Suquet de Pere Portabella, que también tenía lugar en el Ampurdán, fenecido hace ya 16 años-, como un encuentro de carácter marcadamente político, en el que, juntos pero no revueltos, compartieron mesa y mantel el presidente de la Generalitat, un ex presidente (Pujol) y tres consellers; dos ministros del Gobierno Rajoy (El pío Fernández Díaz anuló a última hora) y 3 ex ministros; los líderes del PSC y del PPC, y un montón de empresarios (Godó, Serra, Esteve, Puig, Gallardo, Creuheras, Simón, Guardiola, Brufau, Nin, Rosell, entre los catalanes, y Entrecanales, Monzón, Fanjul, Garralda, entre los mesetarios), y mucha gente más.

Y de político el almuerzo tuvo poco. En primer lugar porque Mariano Rajoy acababa de poner a caldo en Barcelona, y en el marco de la Convención del PP catalán, las ensoñaciones independentistas de Artur Mas, advirtiéndole que no permitirá consulta secesionista que valga, y en segundo porque los ministros presentes en el almuerzo no son los más adecuados para lidiar con problema semejante, y otrosí cabe decir de la ex presidenta de la Comunidad de Madrid y último y rutilante fichaje de Seeliger & Conde.

No se habló directamente del conflicto que enfrenta a la Generalitat con el Gobierno central, vale decir con el resto de España, aunque inevitablemente el lío sobrevoló el almuerzo cual nube amenazando tormenta. Y ello porque el horno no está para bollos y la prudencia de la gente –léase miedo- invita al silencio. Sirva de ejemplo lo que hoy se está viviendo en Barcelona al respecto: el ambiente está tan espeso, la convivencia tan dañada por el conflicto, que en los restaurantes de cierta categoría la gente habla bajo para que no se enteren los de la mesa de al lado. Como en los viejos tiempos de la dictadura. Se habló, sí, del discurso que Rajoy acababa de pronunciar, pero muy por encima, muy para no pillarse los dedos.

Corcho

De manera que desde el punto de vista de acercar posturas o reducir tensiones entre ambas partes, el almuerzo de Conde fue un auténtico fiasco. “Psa… No hubo nada serio; todo se redujo a saber estar”, asegura a este Buscón uno de los políticos en ejercicio que asistió al convite. Se habló, sí, de la tremenda crisis del Barça, la primera de las instituciones de Cataluña, que desde hace décadas enfrenta en guerra civil sin cuartel a dos bandos enfrentados de la elite barcelonesa. El corolario del civet de jabalí que Conde (un hombre mucho más cerca del independentismo de Artur Mas que del españolismo de Esperanza Aguirre) ofreció a sus invitados, es más bien triste, en opinión de algunos de los asistentes consultados. “Aquí y ahora no hay diálogo de ninguna clase entre Rajoy y Mas, nada, cero, y ese es un elemento de honda preocupación para nosotros, los empresarios de Cataluña. De momento, el futuro no puede ser más negro”.

La anécdota de la jornada: el último en aparecer en la masía, cerca de las 3,30 de la tarde, fue Mas, que venía de Calella de Palafrugell, donde había inaugurado una fábrica de corchos… Con corcho de Extremadura, por cierto. ¡Toma independencia! La paradoja de la jornada: por allí andaba tan campante un tal Rodrigo Rato, ex presidente de Bankia (antigua Caja Madrid). Miguel Blesa, su antecesor en el cargo, no puede salir a la calle para dar un paseo sin riesgo de que le partan la cara, pero su sucesor, que fue quien fusionó Caja Madrid con Bancaja –origen del desastre que nos ha costado 21.000 millones- y que sacó Bankia a Bolsa, se pasea por el prado y mata moscas con el rabo. ¿Alguien lo entiende?


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