El Buscón

Las cabezas de venado de Cascos que resultaron ser de Bárcenas

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Francisco Álvarez-Cascos
Francisco Álvarez-Cascos EFE

El caso de los papeles de Bárcenas es, a estas alturas, un guión delirante que ya le hubiera gustado idear al director de cine Luis García Berlanga, el que mejor supo retratar, de lejos, la esencia de este país. Es más. Este Buscón se atrevería a aseverar que se quedó muchas veces corto , porque lo del tesorero del PP hubiera servido para una nueva serie revisada y ampliada de la escopeta nacional.

Esto viene a cuento de las cabezas de venado que los populares descubrieron en uno de los trasteros de la segunda planta de aparcamiento de la sede nacional del partido, que cuenta con tres sótanos con sus respectivos cuartos trasteros. Allí encontraron una cabeza de ciervo y otra de alce además de unos esquíes y hasta un trineo que un enviado del ex tesorero reclamó cuando fue a recoger los papeles que guardaba en la ya famosa sala Andalucía del partido. Allá que se llevó todo, salvo dos ordenadores, propiedad del PP, que reclama Bárcenas infructuosamente.

Pero admitiendo ya lo surrealista de que guardara parte de sus trofeos de caza en un edificio del que parecía que nunca terminaba de irse, muchos dirigentes del partido, especialmente los más veteranos, sufrieron una especie de cortocircuito mental cuando se enteraron, dado que dieron por hecho que aquello más que de Bárcenas, debía ser de otro ex prohombre del partido, del que fuera todopoderoso Francisco Álvarez-Cascos, compañero de correrías cinegéticas de Bárcenas y al que éste defendió en todo momento ya siendo líder del Foro Asturias.

"Dios los cría y ellos se juntan", debieron pensar por los pasillos de Génova.


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