El Buscón

Juan Luis Cebrián sufre de mala memoria… o no leyó los libros de García Márquez

García Márquez en una visita a la Real Academia Española. A su lado el académico Juan Luis Cebrián.
García Márquez en una visita a la Real Academia Española. A su lado el académico Juan Luis Cebrián. RAE.

La muerte del Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez ha generado un intenso pescueceo. Muchos se reparten codazos y pisotones para llegar primeros al altar de las amistades y los compadreos con el novelista colombiano. Una u otra carrera para demostrar en esta o aquella hagiografía quién era más cercano, quién conocía mejor al autor de Cien años de soledad o a quién había distinguido el escritor con cuál o tal anécdota. No se sabe si por las prisas -vamos, ¡la premura por glosar el perfil político del colombiano!- pero el presidente ejecutivo de Prisa, Juan Luis Cebrián, ha cometido una pifia –y de las buenas- en su texto Gabo, el poder y la literatura, publicado en la Cuarta Página este lunes en El País.

Refiere el académico de la Lengua el gusto que sentía el Gabo por acercarse a las figuras que movían los hilos tras los gobiernos: desde Fidel Castro –era más que conocida su cercana amistad y lo que ésta ocasionó ideológicamente dentro en el Boom- hasta Felipe González o Bill Clinton, con quienes García Márquez se llevaba la mar de bien. Acaso para sacar pecho o porque realmente ocurrió así, Cebrián cuenta cómo a mediados de los años ochenta, ya bendecido en Estocolmo con la aureola del Nobel, Gabriel García Márquez pidió a Juan Luis Cebrián que le presentara a Adolfo Suárez. Nada raro porque, como todo el mundo sabe, Juan Luis es un hombre con amigos de postín. 

‘¿Quieres también conocer a Aznar? —le pregunté—, al fin y al cabo es el actual presidente del Gobierno’. ‘De ninguna manera, no me interesa. Ya me lo ofreció Clinton'

Lo cuenta ceremoniosa y chuscamente, dándose la importancia que se merecen los amigos cercanos. "Un día me llamó por teléfono y me pidió que le presentara a Adolfo Suárez, ya retirado de la vida pública. ‘Felipe me dice que es un personaje interesante’. ‘¿Quieres también conocer a Aznar? —le pregunté—, al fin y al cabo es el actual presidente del Gobierno’. ‘De ninguna manera —se apresuró a responder—, no me interesa. Ya me lo ofreció Clinton, después de que cenáramos en Martha’s Vineyard. Y me negué: ¿Sabes cómo le dije? I don’t like him. Para que lo tuviera claro", escribe Cebrián, ese académico sin mérito conocido para ocupar sillón en la RAE. 

La anécdota no chirriaría de no ser por un pequeño detalle de esos que nunca le pasan por algo a este intrépido y travieso Buscón. Cuando refiere la cena que finalmente compartió con García Márquez y Adolfo Suárez –se sobreentiende que ocurrió al poco tiempo de esa llamada-, refiere Cebrián cómo introdujo al escritor ante el expresidente de Gobierno: "Cuando hice las presentaciones en medio de las disculpas por el retraso, le comenté: ‘Aquí tienes al autor de Cien años de Soledad, el Quijote del siglo XX’. ‘Te equivocas —me interrumpió el Nobel—, ese es el libro que va a aparecer dentro de unos meses’. Hablaba de El amor en los tiempos del cólera".

El amor en los tiempos del cólera se publicó en 1985. Ni Bill Clinton ni José María Aznar soñaban con llegar a la Casa Blanca uno, ni a La Moncloa el otro.

Ha mezclado churras con merinas el académico de la Lengua. O le memoria, tan traicionera y fabuladora, le ha jugado una muy mala pasada. El amor en los tiempos del cólera se publicó en Colombia en 1985. Ni Bill Clinton ni José María Aznar soñaban con llegar a la Casa Blanca uno, ni a La Moncloa el otro. ¡Ay, las prisas o el recuerdo, qué mala pasada le han jugado al ocupante del sillón V de la Academia! ¿Habrá pasado demasiado tiempo y por eso falla la memoria? ¿O acaso no se ha leído Cebrián las novelas del hombre a quien tan enjundiosamente retrataba?

También puede ser, ay, que al primer director de El País le sobrevengan los errores porque anda preocupado, nervioso, fuera de sitio debido al incendio inacabable que estos días acontence en la redacción de Miguel Yuste. Al famoso y rocambolesco email que desembocó en el nombramiento de Antonio Caño como nuevo director del diario dos meses antes de que empezase a ejercer el cargo hay que sumar, ahora, el terrible malestar de la plantilla con Caño y Cebrián a cuenta de los cambios en la organización. El nombramiento de la treinteañera Eva Sáez como subdirectora no ha gustado nada a sus subordinados

Las tensiones crecen y es lógico que Cebrián ande con problemas, si a este desaguisado en el periódico de Prisa la añadimos que la operación para vender Digital Plus no termina de fructificar. El caso es que, sea por los motivos que sea, esta pifia del académico se suma a otro artículo reciente suyo que dio mucho que hablar, y no para bien, tras la muerte de Suárez. No obstante, este Buscón anima a Juan Luis a seguir escribiendo y no solo necrológicas. Una pieza a la semana no estaría mal. Porque leerle es desternillante. 


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