El Buscón

Bretón la monta en su nueva cárcel: exige 'playstation' y comida envasada al vacío

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José Bretón, durante el juicio por la muerte de sus hijos.
José Bretón, durante el juicio por la muerte de sus hijos. EFE

José Bretón, aquel monstruo capaz de asesinar a sus dos hijos pequeños simplemente para vengarse de su mujer por querer divorciarse de él, está dispuesto a dejar su particular huella en las cárceles españolas por las que pasará durante los próximos 40 años. Ya lo hizo en la de Córdoba, donde estuvo recluido desde su detención hasta poco después de su condena. Y, ahora, parece dispuesto a hacer lo mismo en la de Villena (Alicante) donde ha sido trasladado recientemente. Según le cuentan a este Buscón funcionarios que ya han empezado a sufrirle en este centro penitenciario, el asesino de Ruth y José ha entrado en esta prisión como elefante en cacharrería dispuesto a dejar constancia de que para él su estancia entre rejas, más que la forma que ha fijado la justicia para que pene su horrendo crimen, son unas vacaciones pagadas por los contribuyentes.

Para empezar, la dirección del centro decidió ingresarlo en el módulo de aislamiento por su propia seguridad. El régimen penitenciario que se aplica a los allí internados, que suelen ser los 'malos entre los malos', es muy estricto en lo que se refiere al tiempo que éstos permanecen fuera de las celdas para evitar que se puedan mezclar con otros reclusos en zonas comunes como los patios. Se intentaba con ello que su presencia pasara lo más inadvertida posible y reducir así al mínimo el riesgo cierto de que algún preso le agrediera. Sirvió de poco. Escasos días después de su llegada ya se había corrido la voz de su presencia entre los inquilinos de las celdas cercanas que empezaron a pedir a gritos poder intercambiar un par de 'opiniones' con él sobre lo que les había hecho a sus hijos.

A la dirección del centro no le quedó más remedio que buscarle acomodo en otro módulo, ¿pero dónde? Finalmente se ha optado por la enfermería, un lugar tan versátil en las prisiones que igual sirve para sanar a los reclusos 'pachuchos' que para darle la bienvenida a algún empresario que no termina de creerse que ha acabado entre rejas. Y allí se encuentra en estos momentos José Bretón, que no contento con el cambio a mejor que supone el traslado a esta zona, ha comenzado a exigir cosas. Para empezar, quiere que le permitan tener en la celda su 'playstation', que las largas horas de presidio se pasan más rápido dándole al balón virtual de la última versión del 'fifa'. La dirección del centro le ha dicho que nones, pese a que Bretón ha esgrimido que en su anterior destino le habían dejado disfrutar (sorprendentemente, le dicen a este Buscón fuentes penitenciarias) de la consola.

Tampoco están las autoridades dispuestas a satisfacer su maniático paladar, que parece mezclar unas pequeñas gotas de sibaritismo con grandes cantidades de hipocondría. Y es que Bretón se negó los primeros días a probar el rancho carcelario porque estaba convencido de que le iban a envenenar. Sólo estaba dispuesto a meterle el tenedor si antes se la envasaban al vacío para evitar que en el camino de las cocinas a su celda, las viandas recibieran algún ingrediente 'extra' que le perjudicase gravemente la salud. La dirección del centro también se ha negado y le ha recomendado que si no le gusta lo que le llega en la bandeja, que se pase por el economato del centro que allí puede comprar comida más de su agrado. Dos días se ha tirado Bretón siendo un habitual del 'supermarket taleguero', hasta que al final ha empezado a degustar el rancho carcelario pese a no venir como él quería.

Sin embargo, lo que más ha llamado la atención del 'aterrizaje' de Bretón en la cárcel de Villena es la 'compañía' que ha traído con él. No es que la llevara en el macuto, pero lo cierto es que su llegada ha coincidido con una plaga de ratas que han empezado a campar a sus anchas por determinadas dependencias del centro penitenciario. A partir de aquí, este Buscón prefiere que sea el lector el que haga las comparaciones que considere oportunas entre el denostado roedor y el susodicho sujeto. Seguro que sale ganando el primero.


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