El Buscón

Leguina critica las tarjetas opacas y se olvida del momio del Consejo Consultivo de Madrid

    

Uno de los efectos colaterales más devastadores de los provocados por el escándalo de las tarjetas “opacas” de Caja Madrid es tener que leer y oír las manifestaciones indignadas al respecto de algunos personajes que estarían mucho más guapos callados, porque tienen mucho que callar, de acuerdo con el bíblico aserto de que “quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra”.

Es el caso de Joaquín Leguina, ex presidente de la Comunidad de Madrid, que ayer se atrevía con un artículo, con foto del intérprete incluida, en la edición impresa de El Mundo, criticando duramente lo ocurrido en Caja Madrid, critica que centraba en dos personas: el ex presidente de la institución, Miguel Blesa, y en el consejero en representación de Izquierda Unida, José Antonio Moral Santín, derecha e izquierda, que Leguina ahora es muy cuidadoso con los equilibrios que le dan de comer, en particular con todo lo concerniente al PP. El zorro en el gallinero, o los ladrones al cuidado de los bancos.

Lo aparatoso del asunto, lo escandaloso, lo inaceptable si quieren, es que, mientras critica con justicia lo ocurrido en la  Caja, el ínclito Leguina se olvida de su propio y no menos monumental escándalo: el de su presencia activa en ese “momio” que para desgracia del contribuyente madrileño es el Consejo Consultivo de la Comunidad de Madrid, de cuya existencia ha tenido conocimiento el ciudadano de a pie en las últimas fechas, con motivo de la entrada en el mismo abrevadero de otra “perla” de la política madrileña y española: el ex ministro de Justicia Alberto Ruiz-Gallardón.       

Los consejeros del asunto, elegidos a dedazo limpio como corresponde, se embolsan tan ricamente 8.500 euros brutos mensuales, es decir, unos 102.000 euracos año. Se trata sencillamente de una canonjía que la casta política autonómica, para no ser menos que la nacional, ha decidido adjudicarse porque sí y para seguir pastando en el presupuesto, que decía Galdós, cuando abandonan la poltrona. La cosa es seria: Tan crítico con las tarjetas de Caja Madrid, el inefable Leguina, que disfruta de sillón en el organismo desde su entrada en vigor en enero de 2008, se ha metido ya pal cinto sus buenos 715.000 euros, ello dando por sentado que no existen otras gabelas y privilegios aparejados al asunto.

Leguina se ha llevado al menos 715.000 euros de los madrileños

Rosa Díez, presidenta de UPyD, ha dicho del invento que el órgano en cuestión solo sirve “para colocar a políticos en retirada. Están politizados, son un cementerio de elefantes y están duplicados, porque el Consejo de Estado tiene competencias para asesorar a las comunidades”. Una vergüenza, se mire por donde se mire y lo diga Rosa Díez o el lucero del alba, con la que habría que acabar cuanto antes. El Gobierno Rajoy ha incluido la eliminación de estos organismos entre las 120 medidas propuestas a las Comunidades Autónomas para eliminar duplicidades, pero, de momento, de lo dicho no hay nada. A seguir chupando del bote.

Con la desfachatez que caracteriza al personaje, Leguina  defiende cual gato panza arriba el “momio” del que vive (que por cierto le cuesta a la Comunidad de Madrid nada menos que 4,3 millones de euros anuales), acusando a los que censuran su existencia de “pura y maldita demagogia” (sic). El muchacho es así de expeditivo con quienes ponen en riesgo sus garbanzos. Don Joaquín terminaba su pieza del sábado en El Mundo de esta guisa: “¿Habrá algún juez (que ya no podrá llamarse Silva) que sea capaz de encerrar a los dos pájaros aquí citados en una misma jaula?” Uno diría que los “pájaros” son tres. Y los caraduras. Al menos tres. Y deberían caber en la misma jaula.


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