El Buscón

¿Es Felip Massot uno de los testaferros de Artur Mas?

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Anda la burguesía barcelonesa revolucionada más que alterada, desde luego asustada, por culpa del celo que la Agencia Tributaria (AT) está poniendo en la persecución de aquellos que, bajo el paraguas de las sociedades interpuestas, tratan de dar esquinazo a Hacienda. Y si no es directamente la AT, es la Fiscalía barcelonesa, que se ha lanzado a fondo a perseguir el incumplimiento fiscal de no pocos grandes apellidos catalanes, tarea en la que se distingue la división de delitos económicos que encabeza Francisco Bañeres, origen de las causas judiciales que han puesto contra las cuerdas a la familia Carulla (Agrolimen) o a Emilio Cuatrecasas (emblema del famoso bufete de abogados del mismo nombre), por no hablar de esa pareja de ricos-y-elegantes-de-toda-la-vida formada por Liliana Godia (Abertis) y Manel Torreblanca, además del caso del futbolista Messi

Uno de los que peor lo han pasado este mes de junio, y cuyo nombre no ha salido a flote, ha sido y sigue siendo Felip Massot, nacido en un pueblo de Lérida hace 68, propietario de Vertix, la segunda inmobiliaria de Cataluña tras Servihabitat. He aquí un hombre hecho a sí mismo, como mandan los cánones, que a los 15 años trabajó de mozo en una gasolinera de Andorra, después fue ayudante de camionero y más tarde empleado del camping La Ballena Alegre de Viladecans. Con tales antecedentes, estaba claro que Massot tenía que terminar de albañil, primero, y de gran empresario de la construcción, después. ¿Su secreto? El mismo de tantos y tantos empresarios del sector en Madrid o en Barcelona. 

Lo han adivinado. Nacionalista de pro, también como mandan los cánones, Massot supo pronto que para hacer fortuna en el mundo del ladrillo había que ponerse a la sombra del poder político local –con especial dedicación a los concejales de urbanismo-, provincial y autonómico. España cañí en estado puro. Su éxito camelando políticos (y sus escándalos, como  el cambio de uso del polígono Mas Blau, en El Prat, vinculado a la compra por Vertix de unas fincas de la familia de Antoni Subirá) ha sido tal que de él se dice que “es uno de los promotores que ha cambiado el mapa de Cataluña a través de la urbanización del Baix Llobregat, desde Gavá, donde empezó su actividad promotora en los años setenta, hasta otras localidades como Viladecans, Sant Feliu de Llobregat, El Prat, Canovelles, Sant Cugat o Sitges”. Ahí es nada. 

“Me están apretando tanto que voy a tener que cantar”

Pero el ambicioso Felip no paró ahí, que él quería volar alto, más alto, mucho más largo, hasta darle a la caza de los amos de Cataluña, alcance a la familia Pujol y al actual presidente de la Generalitat, Artur Mas. Total que, semanas atrás, la Agencia Tributaria abrió al rico leridano “una inspección brutal”, en expresión de una persona de su entorno acogida al anonimato. Ocurre que Massot tiene dificultades, serias dificultades, para explicar el origen y destino de una parte de su fortuna. Tantas dificultades y tan fuerte era, es, la presión de la Fiscalía que el aludido pidió el fin de semana del 22/23 de junio pasado un encuentro urgente con don Arturo, para hacerle partícipe de su angustia: “me están apretando tanto que no voy a tener más remedio que soltar lastre y cantar la gallina, decir de quién es ese dinero por el que están preguntando… ¿qué vamos a hacer? ¿Qué podemos hacer?”. 

Lo que meses antes hizo Felip Massot fue un error de bulto. El 16 de noviembre del pasado año, el diario El Mundo abrió su portada con un grueso titular: “La policía vincula cuentas en Suiza de Pujol y Mas con la corrupción de CiU”. Se trataba del tan famoso como polémico informe –en realidad una chapuza en toda regla- de la Unidad Central de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) que, pocos días antes de las últimas autonómicas catalanas, convulsionó el panorama político nacional y nacionalista. Y ¿qué hizo Felip? Pues viajar a Ginebra de prisa y corriendo en compañía de otro muy notorio Felip, entonces conseller de Interior de la Generalitat y mano derecha de Mas. Dicen que a última hora de la tarde de ese mismo 16 de noviembre, noche cerrada sobre Ginebra, ambos Felipes fueron vistos, y copiosamente fotografiados por agentes del CNI, saliendo juntos de la sede de Lombard Odier & Cie en el número 11 de la Rue de la Corraterie. 

De donde se deduce que a Massot, que cada verano suele amarrar su precioso barco en el puerto de Mahón, no solo le sigue la pista la AT. Ahora, el niño prodigio que trabajó de mozo en una gasolinera de Andorra vive en un sin vivir, preguntándose quién le va a sacar las castañas del fuego, quién del embrollo político-empresarial en el que su desmedida ambición le ha metido. Porque tampoco las cosas le van bien en Vertix, asediada por una deuda que en estos momentos trata de renegociar con los bancos acreedores. Ya se sabe, las desgracias nunca vienen solas.


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