El Buscón

Los altos mandamases de la Iglesia no se dignan a ir al funeral de Miguel Pajares

Rouco y Blázquez estuvieron ausentes en el funeral de Miguel Pajares
Rouco y Blázquez estuvieron ausentes en el funeral de Miguel Pajares Archivo

Los fieles, e incluso algunos sacerdotes, se mostraron ayer sorprendidos por la falta de algunas figuras importantes de la Iglesia Católica española durante el funeral del sacerdote Miguel Pajares, fallecido de ébola.

La ceremonia estuvo oficiada por el arzobispo de Toledo y presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación con las Iglesias, Braulio Rodríguez, y concelebraron unos 30 sacerdotes más. Pero ¿dónde estaba Rouco Varela, arzobispo de Madrid? ¿dónde estaba Ricardo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal?

La mayor parte de los concelebrantes eran misioneros y tampoco había obispos, que suelen acudir en masa a otro tipo de ceremonias. Parece que las vacaciones les han impedido acudir a homenajear a su compañero.

Los Hermanos de San Juan de Dios colocaron una corona de flores en la puerta del hospital enviada por los reyes de España. El Superior recibió a la ministra de Sanidad, Ana Mato, al consejero de Sanidad, Javier Rodríguez, al alcalde en funciones, Enrique Núñez y el concejal de Chamartín, Luis Miguel Boto, autoridades presentes.

Cuando se fueron todas las autoridades los Hermanos de San Juan de Dios y los familiares llevaron la urna con los restos de Miguel Pajares al panteón de la orden donde quedaron depositados. La salida de la urna de la iglesia fue recibida en la calle con aplausos de sus compañeros y de ciudadanos, creyentes y no, que homenajearon de esta manera a este luchador por África.

Mucha gente, y este buscón también, se ha preguntado por qué se ha llevado incinerar el cuerpo del sacerdote a Villalba. El proceso de incineración -han explicado- es especial al tratarse de una enfermedad como el ébola. Exige dos horas de esterilización previas. Cuatro horas de cremación y otras dos de esterilización posteriores. Además el horno tiene que trabajar a 1.200 grados y no a los 900 normales. En total ocho horas. Para evitar un retraso en el proceso se decidió llevarlo a Villalba, que tiene menos carga de trabajo que la incineradora del cementerio que la empresa encargada tiene en Madrid.


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