El Buscón

Miradas que matan: el tenso encuentro de los 'gürtélidos' con el concejal que les delató

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Ana Mato abandona este viernes la Audiencia Nacional tras recoger el auto de apertura de juicio oral.
Ana Mato abandona este viernes la Audiencia Nacional tras recoger el auto de apertura de juicio oral. EFE

El Juzgado Central de Instrucción número 5, el más célebre de esta España sacudida inmisericordemente por la corrupción, fue este viernes escenario de una de esas escenas en las que tener una vídeo cámara hubiese valido su peso en coltan. Acudían los encausados en la primera etapa del 'caso Gürtel' a cumplir el desagradable trámite de recoger el auto de apertura de juicio oral, ese que les manda al banquillo de los acusados. Cuarenta personas han tenido que pasar estos días y, en algunos momentos, se amontonaban a la entrada del juzgado de Pablo Ruz a la espera de recibir un documento que, no por conocido su contenido, debía quemarles menos en las manos.

En la segunda planta del edificio de la sede de la calle Prim, en la antesala del 'reino' (aunque ya sólo por unos días) del infatigable magistrado, los imputados esperaban a ser llamados por la secretaria judicial. La mayoría, con el semblante serio, aunque de vez en cuando las conversaciones que mantenían en voz baja con sus abogados les hicieran escapar alguna que otra sonrisa de despreocupación. Mientras tanto, asistían el trajín de los 'hombres y mujeres de Pablo' entrar y salir con legajos.... y al propio magistrado, quien, en mangas de camisa, pero con la corbata anudada al cuello, aún apura sus últimos días en el Audiencia Nacional con la actividad frenética del que quiere dejar la 'casa' recogida antes de que llegue el nuevo inquilino. Le cuentan a este travieso Buscón que Ruz parece estos días más delgado de lo habitual en este ya de por si enjuto magistrado.

Así pasaban los minutos de espera hasta que sobre las once y cuarto de la mañana los encausados que había en ese momento en el juzgado tuvieron una reacción digna de ser inmortalizada. En los bancos aguardaban su turno, entre otros, Rosalía Iglesias, la mujer de Luis Bárcenas, y el que fuera considera 'delfín' de Esperanza Aguirre, el rey de la comisión, Alberto López Viejo. Todo ocurrió cuando la secretaria judicial llamó por su nombre a José Luis Peñas "y su abogado". El que fuera concejal de Majadahonda y pieza fundamental para desmantelar la mayor trama de corrupción nunca conocida en España se levantó de su asiento y, junto a su letrado, se dirigió con la tranquilidad de la conciencia tranquila a cumplir el trámite como el resto ya que, pese a su gesto, él también está imputado en la causa.

Le cuentan a este Buscón que las miradas que le lanzaron en ese momento los 'gürtelidos' presentes fueron mortales de necesidad. Una mezcla de odio y resentimiento hacia el hombre que decidió grabar sus conversaciones con Francisco Correa, acudir a la Policía y colocar a la corrupción en las portadas de los medios de comunicación durante años. Fueron sólo unos instantes, pero en esos pocos segundos que Peñas tardó en cruzar la antesala, la temperatura del Juzgado Central de Instrucción número 5 bajó varios grados centígrados, las sonrisas se borraron de las bocas y más de uno debió lamentar no tener el poder del Basilisco, aquel personaje de la mitología griega capaz de matar con una simple mirada. Sin duda, lo hubieran utilizado para fulminar al que consideran el culpable de arruinarles esas vidas de lujo a costa de meter la mano en los fondos públicos que llevaron durante años. Lo dicho. Lástima que no hubiera habido en ese momento una vídeo cámara para inmortalizar el momento.


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