El Buscón

La casa por la ventana: bodas de ricos en país de pobres

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Mariluz Barreiros, durante la boda de su hija Cristina Comenge.
Mariluz Barreiros, durante la boda de su hija Cristina Comenge. GTRES

Bodas a mogollón. Este caluroso sábado del 7 de julio de 2012, el que no fue invitado a una boda de más o menos tronío en Madrid y alrededores puede darse por muerto: ni está entre los importantes de la sociedad capitalina, ni se le espera. La celebrada en Valdemorillo (carretera de Madrid a El Escorial) por Mariluz Barreiros, legítima que fue el industrial del mismo nombre y pareja del fallecido Jesús Polanco, resultó todo un derroche. Ricos y falsos ricos había para parar un tren, desde Norman Foster a su señora, la inevitable Elena Ochoa, qué boda sin la tía Juana, hasta Arturo Fernández, Fernández Tapias, Eduardo Serra, duque de Huescar, Plácido Arango, Nacho González, Kike Sarasola y un larguísimo etc. Todos con señoras bellamente alicatadas hasta el techo. Cerca de 900 invitados y bogavante para 1.500, con una orquesta dicen que formada por 43 músicos.

Había morbo por saber quién representaría al extinto imperio editorial de Don Jesús, ese que se ha cargado con impunidad y alevosía el académico Cebrián, y del que no van a quedar ni las raspas. Parece que fue Ignacio Polanco el encargado de la tarea, acompañado por alguno de los antiguos socios del editor. Cuentan que, en la homilía, el cura tuvo un afectuoso recuerdo para el fallecido editor, a quien la novia, Cristina Comenge Barreiros,  llegó a considerar casi un padre. “Se notaba que ya ha pasado tiempo desde la separación [casi 10 años], y que ese grupo [Prisa] no está para muchos trotes…”

Leído el 2 de noviembre de 2003 en el diario El Mundo: “Hija única del matrimonio formado por Eduardo Barreiros y DoñaDora, Mariluz lo tenía todo para haberse convertido en una Carmencita del Régimen. Don Eduardo, en efecto, llegó a ser el Botín del Régimen, emblema de la supuesta pujanza industrial del franquismo. A pesar de tales antecedentes, ella siguió siendo la chica del dulce hablar y actuar -incluso tras el fracaso de su primer matrimonio con Alberto Comenge-, la mujer con fondo, gran corazón y cierta debilidad por el maquillaje, que un día, mediados de los ochenta, tropezó con un editor bajito, rudo, inteligente, apasionado del dinero y poco cultivado, que iba ya derecho a convertirse en el hombre más influyente del país, un verdadero poder fáctico catapultado por los ancestrales miedos de la inexistente sociedad civil española, miedos genuflexos renovados cada día ante el altar de ese cañón Bertha –“Este va a ser mi cañón Bertha”- que para Don Jesús es [era] el diario El País”.  

En el Madrid de esa gente fina que suele acudir a cenar a Horcher, a la vera del Retiro, se dijo que Mariluz, que siempre  ha sido una mujer con posibles, “le había sacado” a Polanco una cantidad cercana a los 10.000 millones de pesetas, cifra que incluyó la casa/finca de Valmayor, en Valdemorillo, auténtica meca por la que han desfilado empresarios y políticos dispuestos a rendir pleitesía al cántabro, en ese alucinado totum revolutum en el que, en esta España nuestra, han cohabitado la política, las finanzas y los medios de comunicación. Curioso, porque Don Jesús siguió utilizando Valmayor como residencia, tras alquilar la casa a la propia Mariluz, circunstancia demostrativa de los amistosos términos que presidieron la separación.

¿Qué fue del famoso hispanista que enamoró a Mariluz?

Las fuentes consultadas no han sabido dar razón del famoso hispanista por el que Mariluz dejó plantado en 2003 a Jesús Polanco. Ni siquiera si sigue formando parte de su vida o es agua pasada. Lo que el sábado vieron los invitados fue un derroche de medios, “un pecado en estos tiempos de crisis que corren”. En pleno fregado se encontraba el famoso padre Ángel, prototipo de caridad cristiana hecho cura, a quien todas las  marquesonas españolas tienen por amigo muy querido.

Por cierto que el padre Ángel fue el sábado uno de tantos famosos, famosillos y famosetes obligados a hacer doblete por mor de ese aluvión de bodas. El cura, en efecto, casó por la mañana a Gema Ruiz en el maravilloso románico de Sacramenia (Segovia), cuyos claustro y sala capitular se llevaron las yanquis hace tiempo, en uno de los expolios artísticos más lamentables de nuestra historia, y por la tarde asistió al bodorrio de la hija de la Barreiros en Valmayor. En la boda de Gema, la ex del fiero Álvarez Cascos, no faltó esa farándula tan española que componen los Enrique Ponce, Paloma Cuevas, Anne Igartiburu, Pepe Barroso, Fiona Ferrer y por ahí…   

Quien no pudo estar con Gema fue su amiga Viri, la mujer de Mariano Rajoy, porque esa tarde debía acudir con su marido a la boda del hijo de Mayor Oreja, José María Oreja, celebrada en la iglesia de Boadilla del Monte, a pocos kilómetros de Madrid, festejo que reunió a toda la vieja guardia del PP. Como no podía ser menos, la ceremonia fue oficiada por Monseñor Cañizares, que todavía hay clases, y los invitados se trasladaron después a la finca que el político posee en este mismo municipio madrileño.

Allí se vieron las caras Aznar y Rajoy, en compañía de sus respectivas, pero también Rodrigo Rato y su pareja, la periodista Alicia González, Ángel Acebes, María Dolores de Cospedal y su pieza, Ignacio López del Hierro; la ex presidenta del PP vasco, María San Gil, Luis de Grandes, Enrique Mújica y José María Álvarez del Manzano, ex alcalde de Madrid, entre otros muchos. ¿Ricos, ricos de tronío, en Boadilla? Pues sí, nade menos que Esther Koplowitz, que prefirió esta boda a la de la familia Barreiros.

Cuatro bodas y un funeral

Aznar y Rajoy compartieron mes con los novios y sus padrinos, y Rato & Acebes estuvieron desperdigados entre la concurrencia, de modo que no hay constancia de que se hablara de Bankia, que era lo suyo; incluso no hay constancia de que Rajoy y su viejo contrincante hablaran de nada más allá del protocolario saludo de rigor. Todo un papelón para ambos, particularmente para el presidente del Gobierno y antiguo conmilitón de Rato.  

A la boda de Mayor Oreja no fue Luis de Guindos por sendos y ajustadísimos motivos. Porque no es amigo del político vasco, primero, y porque ese mismo sábado tenía boda propia. Se casaba el mismo día en el Puerto de Santa María la hija de uno de sus hermanos, de profesión farmacéutico, persona afable y normal donde las haya. La estrella, naturalmente, fue Don Luis, ministro de Economía, ahí es nada, pero parece que con la manzanilla las lenguas se fueron soltando y, espíritu del Sur, al final más de uno de le subió a las barbas: que si no paráis de ajustar, pero no reducís el déficit ni patrás; que si lo que teníais que hacer es pedir la intervención a la Merkel de una puta vez; que si por qué no le dices al Rey que se vaya, proclamamos la III República y matamos varios pájaros de un tiro… Con el tsunami económico amenazando engullirlo todo, el país se transformó el sábado en un gigantesco altar para celebrar cuatro bodas y un funeral: el de España S.A.


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