El Buscón

Gallardón no supera la úlcera provocada por la vicepresidenta Soraya en Moncloa

Alberto Ruiz-Gallardón y Soraya Sáenz de Santamaría, cuando el primero era ministro.
Alberto Ruiz-Gallardón y Soraya Sáenz de Santamaría, cuando el primero era ministro. EFE

Algunos de los ministros que compartieron con él asiento en los Consejos de los viernes, no dudan en calificarle como "el cínico mayor del Reino". Cierto es que Alberto Ruiz-Gallardón dejó pocos amigos en el Gobierno al abandonar el Ministerio de Justicia con una úlcera en las partes nobles provocada por su nonata ley del aborto, trastorno que no ha podido superar con el tiempo y que le sigue provocando duros ataques de ira contra Soraya Sáenz de Santamaría, la 'muñeca diabólica' a la que culpa de todos sus males.

Ruiz-Gallardón tuvo ocasión de asistir recientemente en casa de una amiga a la cena organizada por sus compañeros de promoción del CEU y allí se desahogó a gusto contra la vicepresidenta. El exministro de Justicia comentó en la intimidad que fue la que consiguió distanciarle de Mariano Rajoy y la que le mantuvo engañado durante más de año y medio con la creencia de que el presidente avalaba la reforma del aborto, convicción que le llevó a defenderla con entusiasmo y a soñar, incluso, con liderar la facción del PP que vio en el ‘caso Bárcenas’ la muerte anticipada del gallego y una oportunidad de oro para su relevo.

Ruiz-Gallardón confesó también a sus antiguos compañeros de universidad que en el fondo de su caída en desgracia se movió la ambición de la muñeca diabólica por convertirse en la única candidata a la sucesión de Rajoy, a pesar de las antipatías que ella despierta en buena parte del Gobierno y entre los dirigentes del PP que ven incompatible hacer política con mayúsculas con ejercer desde La Moncloa como simple abogada del Estado.

Un presidente secuestrado por Soraya

Menos duro se mostró Ruiz-Gallardón en sus comentarios sobre Rajoy, al que considera un presidente secuestrado en el día a día por Soraya, ansioso por escurrir el bulto ante los problemas y contrariado por no poder dejar de ser presidente mientras tenga el país patas arriba.

Los comensales se quedaron con las ganas de saber a qué se dedicará el exministro ahora que acaban de vencerle los dos años de incompatibilidades que fija la ley. Les prefirió responder con evasivas, a sabiendas de que sus últimas salidas a escena han sido poco o nada provechosas para él. El atracón a nécoras que se dio poco después de dejar su cargo con el empresario Fernando Fernández Tapias y su reciente presencia en Caracas para demostrar que defiende a los políticos venezolanos perseguidos por Nicolás Maduro, parece que le han rendido más perjuicios que beneficios.

Eso sí, cuando Ruiz-Gallardón dejó la cena, algunos de los más rezagados comentaron entre copas en su ausencia que le ven una persona más hecha que cuando era ministro y, sobre todo, más cuidadoso con su mujer, después de haberla hecho sufrir lo que no está escrito ni en las peores novelas de aventuras.


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