El Buscón

Un Fabra tocado intenta lavar su imagen en la clase turista del AVE

    

El presidente de la Generalitat, Alberto Fabra.
El presidente de la Generalitat, Alberto Fabra. EFE

Después de dos años y medio como presidente de la Generalitat Valenciana, a Alberto Fabra se le recordará como el president de los recortes y uno de los más abucheados de su autonomía. Pese a una opinión popular cada vez más hostil, su principal objetivo ha sido controlar el desbocado gasto autonómico e intentar poner en orden las cuentas sin buscar culpables ni causar demasiado revuelo en un partido continuamente salpicado por las corruptelas. De ahí que en les Corts se sienten varios imputados.

Pero Fabra no se rinde. Si no hay para poder pagar la tele, tampoco puede haber para viajes acomodados. Este viernes volvía a dar ejemplo viajando en el Ave Madrid-Valencia en clase turista, acompañado simplemente por un escolta que le vigilaba de lejos. Una imagen que contrasta con el habitual ir y venir de alcaldes, asesores y parlamentarios que charlan animada y despreocupadamente en la clase preferente, lejos de la mirada del común de los viajeros. Fabra sabe que está solo, tanto en la calle donde en un acto tras otro le reciben con gritos de "Fabra a Picassent", como en Génova, donde Rajoy le exige una mejora inmediata en las encuestas. El único paraguas lo encuentra en Alcalá 7, donde acude regularmente a confesar el estado de sus cuentas con Montoro, a veces teniendo que sufrir algún que otro rapapolvo.


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