El Buscón

La abdicación de Juan Carlos, ¿copiada de la de Alfonso XIII?

El Buscón llama a su amigo experto en transiciones y Borbones para que le cuente algo llamativo de la abdicación del sucesor de Franco a título de rey.

“Está todo escrito. Los reyes se guían por el precedente, como los abogados del Estado que manejan el PP y el Gobierno. Para éstos vale el precedente legal y para los primeros el precedente familiar.”

¿Y la abdicación de don Juan?, le pregunta este Buscón. A su amigo le cuesta contener un gesto de enfado. “Por favor, abdican los reyes y monarcas en ejercicio, no los pretendientes. Don Juan no fue nunca rey, más que en los salones de algunos grandes de España y pelotas varios. La abdicación a la que me refiero es la de Alfonso XIII en su tercer hijo varón, pero el único sano”.

Los dos hijos mayores de Alfonso XIII eran Alfonso, hemofílico, y Jaime, sordomudo. Pese a la enfermedad del primero y la minusvalía del segundo, el rey se empeñó en mantenerles en la línea de sucesión.

Una vez en el exilio, los pocos leales que le quedaban persuadieron al rey para que hiciese lo que no había hecho en España: apartar a los incapaces. En 1933, el rey y varios de sus cortesanos convencieron a Alfonso y Jaime para que renunciaran a sus derechos. Además, se casaron con mujeres que no eran de sangre real.

Así se colocó al infante Juan de Borbón primero en la línea de sucesión, se le dio un breve baño de cultura universitaria en Italia y se le casó con su prima María de las Mercedes en 1935. De esta manera, los monárquicos alfonsinos tenían como príncipe a un mozo de 22 años, sano y sin relación ninguna con el mefítico ambiente de Palacio, ni con la Dictadura de Primo de Rivera, ni con chanchullos financieros, ni con pasteleos entre conservadores y liberales, los célebres borboneos. Al final, Alfonso XIII abdicó en Juan en enero de 1941, pocas semanas antes de morir.

Lo mismo pasó con Isabel II, a la que los monárquicos le plantearon su abdicación en su hijo Alfonso, todavía un niño, como vía imprescindible para restaurar la dinastía.

“¿No ves las similitudes? Para salvar el negocio familiar, un monarca Borbón desprestigiado pasa los trastos a su heredero más o menos inocente, para que los españoles pongan a cero el contador.”

¿Se puede arrepentir el rey que abdica?

Por último, el amigo conocedor de los entresijos de la dinastía le dice al Buscón: “Isabel II se arrepintió y trató de retirar su abdicación, aunque sabía que eso dejaba a su hijo colgado de la brocha. El gran benefactor de la dinastía, Antonio Cánovas del Castillo, no le permitió venirse a vivir a España y murió en París en 1903”.

Pero, ¿un rey que ha abdicado puede anular su abdicación?, pregunta el Buscón. “Mira en la Wikipedia. En 1925, el príncipe heredero de Rumanía, Carlos de Hohenzollern-Sigmaringen, abandonó a su esposa y su país con su amante judía, Magda Lopescu, y renunció a sus derechos a favor de su hijo, el príncipe Miguel, que había nacido en 1921 y fue coronado en 1927. Pero en 1930 Carlos regresó por sorpresa y se apoderó del trono con apoyo popular. Reinó hasta 1940, en que el general Antonescu le obligó a abdicar por segunda vez. Miguel partió al exilio con Lupescu en un tren cargado de obras de arte, muebles y dinero. Como hizo Faruk I de Egipto cuando le derrocaron Nasser y sus oficiales libres: llenar su yate de maletas. Esta segunda vez nadie le molestó.”

¿Eso fue todo? “Todo no. Miguel se casó con su amante en Río de Janeiro en 1947 y murió en 1953 en Estoril.”

¿Y recuerdan quién vivió su infancia y adolescencia en Estoril?

Si es que hay casualidades que las carga el Diablo…


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