Muchos no lo creían posible. Otros todavía recelaban de las consecuencias de nuevas y sobrevenidas recusaciones. Algunos, incluso hasta ayer mismo, no descartábamos una súbita “enfermedad diplomática” del sujeto que le permitiese otra vez sustraerse de momento a la implacable acción de los Tribunales. Al final, desconfianzas...