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Como asturiano, ovetense (nacido en Mieres) y periodista deportivo –en ese orden-, me duele especialmente el sentimiento de bochorno que, demasiados años ya, me provoca el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes. Porque, además, me avergüenza por triplicado. En cada una de los tres conceptos personales antes reseñados.
Un galardón que siempre ha pretendido equipararse a los Nobel y, por tanto, ofrecer al mundo una imagen de Asturias parecida –dentro de lo que cabe- a la solemne y seria Suecia, se ve lastrado por una modalidad, la de los Deportes, que se ha convertido en foco de constante polémica por las formas y el fondo de su concesión.
El apartado deportivo, que en sus primeros años mantuvo el tipo frente a las demás modalidades al premiar a figuras indiscutibles como Sebastian Coe, Samaranch, Ballesteros o Indurain, ha sufrido un progresivo deterioro muy pernicioso para la Fundación que organiza el certamen.
No es de recibo que los millones de ojos que una vez al año, cada octubre, miran hacia Oviedo con admiración y respeto, lo hagan últimamente con un más que justificado guiño de incredulidad y disgusto por culpa del Premio de los Deportes.
Por supuesto, Casillas y Xavi se merecen todos los galardones, pero el que les entregarán en el Teatro Campoamor dentro de un mes no tiene nada que ver con el deporte. Sería más exacto que recogieran el de la Concordia. Que precisamente por eso se han ganado, ¿no? Pero más allá de tantas elecciones cuestionables –no olvidemos, por ejemplo que en 2000 el premiado fue Lance Armstrong-, como periodista deportivo me sonroja el descrédito constante y creciente del jurado de esta modalidad. Normal teniendo en cuenta que se trapichean candidaturas, se filtran por aquí y por allá las deliberaciones y el resultado de las mismas, y luego nadie es el padre de un Premio casi siempre controvertido. Igualito que en los Nobel.
Lo confieso, tengo las manos manchadas de tinta y cada vez quedan menos periódicos vivos que puedan testificar sobre mis incontables andanzas: La Voz de Asturias, Ya, Diario 16, As, El País, El Día de Valladolid, Público… Así que, obligado por el progreso y empujado por mi rebelde carácter asturiano, hoy ejerzo con el imprescindible instrumental de eso inabarcable que llaman Internet. Sin despreciar ningún género ni sección, mi pasión siempre han sido los deportes. En plural, con amplitud de miras, pero con dos debilidades: fútbol y motor. Entonces y ahora sólo presumo de una cosa: toqué, toco y tocaré en cualquier escenario y circunstancias. Siempre.
Comentarios más votados#8 ÁngelLuisMenéndez
@daijiro #6 El LISTO que TODO lo CONOCE. El amo y señor que decide quiénes...
#10 manchego2
Estoy deacuerdo; como los otorgados a Sito Pons; Fernando Alonso,etc, mientras...
#9 DesDeBCN
Lo que resulta de chiste es un premio de asturias dedcado al deporte.

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