Blogomaquia

El viaje a Ítaca de Artur Mas, el Conquistador

Perdonen, ando con prisas, rebuscando entre mis baúles algo muy a la moda griega: una túnica del siglo noveno antes de Cristo que me tape hasta los pies, un manto, abrochado con fíbulas, para tapar mis hombros, la cabeza también si manda la ocasión. Y sandalias de la misma época, que el calzado es importante y, luego, salen juanetes. La verdad, quiero estar ataviada como la bella y antiquísima Penélope. Y preparada para recibir a mi gran Ulises catalán que no disimula que ve lo que no existe. Me explico. Artur Mas (que reconoce ser un político vidente) ha afirmado que volvemos a la patria de Ulises, ha anunciado –palabras textuales suyas- que “hemos puesto rumbo a Ítaca”, que en otras épocas “éramos soldados derrotados, pero al servicio de una patria invencible que se llama Cataluña”, que ahora, y pasada “la travesía en el desierto”, resulta que “en este rumbo hacia Ítaca nuestros ejércitos deben ser toda la población catalana o casi toda”.

En busca del santo Grial

Este baile de palabras arcaicas y primitivas, belicistas y antediluvianas lo ha trenzado este 24 de marzo nada menos que Artur Mas, alias el Conquistador, durante la ceremonia de la armada invencible del decimosexto congreso de Convergencia Democrática y Unión, coalición a la que él mismo ha definido como “ejército de resistencia”. Yo les digo a mis amigos catalanes que no les llevarán a ningún lado si ellos no quieren, que hagan uso de la objeción de conciencia y recuerden siempre aquella sugerencia de Una temporada en el infierno de J. N. Arthur Rimbaud, de “no te matarán más que si fueras un cadáver”.

Sin que se atisben, allende las leyes de la física, naves de guerra capaces de hacer del futuro un regreso al pasado, lejos de los puertos del mar Mediterráneo me pongo a contemplar a los miembros de esa acomodada clase política barcelonesa que desde hace años lleva implicada en proyectos dudosos y metida en un fregado tal que por puro paganismo  juega a enigmas y sibilas, y mantiene viva la cruzada del Santo  Grial catalanista y, cegada por los oropeles del poder, se dedica a buscar las esencias más rancias y ultramontanas de la desigualdad, porque no solo nuestro Ulises, asimismo sus porqueros se creen guardianes de la Historia y, entre banderas, leyendas de colores y muchos blasones, se sienten salvadores de las leyes tradicionales, heraldos de los valores antiguos. Incluso comadronas de la identidad de los hombres y mujeres que viven en Cataluña, cuando no, dueños de sus destinos.

Los Maistre y los Bonald catalanes

Por cobardía no verás a la mayoría de los Maistre y Bonald de la política catalana decir: “qué barbaridades acaba de soltar nuestro President”. No, en absoluto. Aplaudirán con fuerza a este caudillo que quiere ir con sus Argonautas a coger el vellocino de oro, igual que en otro tiempo y con idéntico fervor aplaudían, tanto fuera como dentro del Camp Nou, las necedades del Dictador Francisco Franco quien, por cierto, entre la misma naftalina mitológica hablaba de ejércitos imbatibles.

Un pequeño apunte: el poeta Homero (c. s. IX a. C.) describió al aguerrido habitante de Ítaca, o sea, a Ulises, con colores muy poco agraciados y glosó que el marido de Penélope era “famoso entre todas las gentes por sus muchas trampas” (Odisea, IX 19). Salvando las distancias, Jordi Pujol llegó a comentar sobre el actual Presidente catalán: “¿Artur Mas?, es menys que més”.* En todo caso, habrá que pensarse dos veces la opinión sardónica de Pujol el Honorable después de haber el Sr. Mas indicado, gracias a su potente bola de cristal, que si asistimos a los Estados Unidos de Europa, “Cataluña será como Massachusetts”.

Pues bien, además de ignorar el actual gobernante de autonomía que no hay ninguna Massachusetts en Europa, demuestra escasa sutileza geográfica escogiendo “Ítaca” como el próximo paraíso catalán. De hecho, Artur Mas, seducido por la utopía de lo antiguo, vive en continua confusión espacio-temporal y, por ello, desconoce que Ítaca pudo haber estado ubicada en Cádiz –léase En dónde estuvo una vez emplazada Troya (2005) de Iman Wilkens-, posible evidencia histórica que le creará problemas a este aspirante a estadista, dado que tendrá que abandonar un bagaje político de trampas e imaginarios, y aceptar la tradición democrática de la Constituciónde Cádiz de 1812 cuyo artículo segundo reza que “La Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona”. Y si no le gusta la modernidad de este texto jurídico, le recuerdo que hay muchos catalanes que se sienten españoles, europeos... y que, apoyados en las Disertaciones del filósofo griego Epicteto (55-135 d. C.), confiesan ser “ciudadanos del mundo”, nunca soldados de la patria de Ítaca.

* “¿Artur Mas?, es menos que más”.


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