Blogomaquia

De la primavera árabe a la revolución fascista

Nueva York, Bali, Beslán, Madrid, Londres, Ámsterdam, Volgogrado, Nueva Delhi, Bengasi, Boston, Tiananmen, Nairobi, Peshawar, Sidney, París, Copenhague, Maiduguri… son algunas de las ciudades del mundo en las que se han producido atentados yihadistas. Partiendo de una confrontación hacia los valores de Occidente el profesor Samuel P. Huntington escribía un artículo bajo el título ¿Choque de civilizaciones? (1993). A pesar de su buena acogida, y posterior libro, sostengo que no hay tal colisión de culturas, sí, en cambio, grupos políticos netamente antidemocráticos que ansían el control absoluto del poder. E igual que las tácticas fascistas, que no el “choque de civilizaciones”, definieron la actuación genocida de los líderes bolcheviques y nazis contra miembros de su propia sociedad civil, de la misma manera solo el ascenso del “fascismo”, no el “choque de civilizaciones”, explica la ferocidad asesina con que salafistas armados liquidan a zoroastristas, coptos, cristianos, judíos… por no considerarlos musulmanes, y matan a bahaístas, a sufíes, chiíes, alauitas, ibadíes… por no imaginarlos suficientemente creyentes para ingresar en la comunidad musulmana o “Umma”.

La malaventuranza que flagela al mundo musulmán nace de esa nauseabunda uniformidad ideológica que apoyan los regímenes dictatoriales árabes 

La malaventuranza que flagela al mundo musulmán (y que en ocasiones siente Occidente) nace de esa nauseabunda uniformidad ideológica que apoyan los regímenes dictatoriales árabes y que los paladines del integrismo radical azuzan abriendo caminos al guerracivilismo. Por este motivo, a la lucha contra la impureza –la educación femenina es, para los islamistas, causa de “pecado”-; a la idea de que los hijos han de pagar por las “herejías” de los padres; a su obsesión por los “delitos de conciencia”; se une, en fin, la falta de respeto a la individualidad, esto es, el escandaloso récord en la vulneración de los derechos humanos por parte de quienes en este segundo milenio defienden idearios totalitarios.

Esto nos lleva a una evidencia: en el siglo XVII el liberalismo fue atacado por los valedores del absolutismo monárquico, luego por los amigos de la revolución de Robespierre. Más tarde, lo sería por Napoleón y sus  epígonos. A continuación, por darvinistas sociales e imperialistas coloniales. Ya en pleno siglo XX las embestidas procederían de los dirigentes y partidarios de las revoluciones de izquierdas y derechas. Ni que decir tiene que a comienzos de este siglo el liberalismo sigue siendo arrollado en distintos frentes, sobre todo entre quienes reivindican el fascismo que, amén de invadir todas las áreas de la realidad, privada y pública, favorece bajo polvaredas metafísicas de fe y culto la llegada de nuevos tiranos.

Guerras de religión

Las guerras de religión resultan, como cualquier otra contienda fratricida, expresión de la lucha del poder terrenal por el poder terrenal, o sea, algo poco divino. Y, en ausencia de libertades, la inmoderación de los extremistas eleva las cotas de inestabilidad social, de descomposición política. Y los niveles de barbarie.

Un manifestante islamista en Londres en protesta por las caricaturas anti-musulmanas, 06 de febrero 2006

En esta ofensiva contra el imperativo de “separar Iglesia y Estado”, se sitúan grupúsculos nacionalistas, fuertemente armados, que manejan la muerte como parte esencial de su mensaje, incluso contra los propios suníes, y reivindican el Estado hipertradicionalista suní, gobernado por un califa. Así, con estas premisas, el fundamentalismo, la utopía, deviene “clave” en la planificación de los acontecimientos y más cuando el integrismo ideológico  o “fascismo” no tolera nada que se desvíe de la norma, ni nuevo ni viejo, ni inerte ni vivo. Eso explica que los integrantes de las milicias islámicas (a cuyo cauce acaba de integrarse el grupo terrorista Boko Haram) secuestren a niñas cristianas, maten en la escuela a niños musulmanes, exterminen a poblaciones de yazidíes, decapiten a egipcios coptos, cuando no, venden y, peor, emplean rehenes para quemarlos vivos o usarlos como bombas de relojería

Por tanto, en sus intentos por erradicar a golpes las rutas de la Historia, la aniquilación de los Budas afganos, de las reliquias chiíes, de los templos sufíes, de los monumentos coptos, del patrimonio histórico de Tombuctú, el bombardeo de los restos preislámicos de la ciudad de Nimru…, todas estas muestras de censura y reprobación son, en suma, síntoma de la ultraviolencia de los salafistas de hoy y, por tanto, rasgo de ese autoritarismo actual que se denomina “Nacionalislamismo”.

El auge del universalismo religioso está marcando el fin del principio de la democracia

El exótico Oriente

En una atmósfera de resurgimiento de los populismos que los adeptos y dirigentes de las tiranías iraní, qatarí y saudí saben fomentar más allá de sus fronteras,el auge del universalismo religioso está marcando el fin del principio de la democracia o, lo que es igual, negando aquellos aires liberales que acompañaban a la primavera árabe. Y digo esto porquemientras mujeres y hombres buscan escapar de los avisperos bélicos de Nigeria, Chad, Níger, Camerún, Mali, Libia, Siria, Irán…, paradójicamente de Bélgica, de España, Inglaterra…, también de EE. UU., Chechenia, Daguestán…, saltan hombres, y muchachas adolescentes, que rechazan el modelo liberal-democrático y viajan al centro de la yihad para implicarse en esa cultura de muerte y victimarios quelos revolucionarios islamistas aplican de modo mayoritario sobre hombres y mujeres musulmanes. Y en territorios con Estados ausentes.

Es evidente que los componentes de estas bandas defienden una visión idealizada, romántica de Oriente…, extraña a la realidad. Y, mucho peor, en su aventurerismo exhiben una añoranza tal por la aplicación puritana de la ley islámica o sharia, que vinculan sus hambres de fanatismo y dictadura a la edificación de un sistema socio-político cerrado y teocrático.

Incido en el tema de la “sharia” porque ni la pobreza ni la riqueza, tampoco los problemas derivados de la injusticia, de la desigualdad o de la vulneración de los derechos laborales, sino exclusivamente la sharia es lo que mueve a los abogados del neototalitarismo presente. Y como ha apuntado el fundador delInstituto por la Secularización de la Sociedad islámica, el escritor y politólogo indio, de familia musulmana, (alias) Ibn Warraq (1946- ), “en términos generales, los occidentales atribuyen muchos de los problemas del mundo árabe “a cuestiones materiales concretas" como la tierra y la riqueza. [Sin embargo,] los islamistas rara vez hablan ellos mismos acerca de la pobreza. Lo expresó el ayatolá Jomeini: "Nosotros no creamos una revolución con el fin de bajar el precio del melón”.  Los islamistas necesitan el dinero para comprar armas y financiar la propaganda. La riqueza es simplemente un medio, no un fin”, concluye Ibn Warraq en un artículo, de lectura obligada, titulado Los Apologistas del Totalitarismo: del Comunismo al Islam (2008). 

Evitando que Cronos devore a sus hijos

Bienvenido sea el proyecto del Gran Imán Sheikh Ahmed al-Tayeb, figura clave dentro del islam suní, que reclama la reforma radical de la enseñanza de la religión de Mahoma con el objetivo de abordar la propagación del extremismo islámico y desmantelar conflictos confesionales. Su propósito resulta “primordial” en caso de pretender detener la incubación y propagación de grupos como Al Qaeda en Afganistán, Magreb y Levante español, de AQAP en Yemen, de Al Shabaad en Somalia, de Hamas en Palestina e Israel, de ISIL en Irak, de Jabhat  Al Nusra y de  Harat-Kat Sham Al Islam en Siria, de Boko Haram  en Nigeria, de North London Boys en Inglaterra, de Doku Umarov en Chechenia, del Movimiento Islámico del Turkestán Oriental en China, de Vilayat Daguestán en Rusia, de los acólitos del Emir de Wedding en Alemania, etc.

Repito, bienvenido sea el proyecto que desde Egipto patrocina este Gran Imán.Ahora bien, la solución a cualquiera de los extravíos fascistas de nuestro tiempo no radica solo en modificar la enseñanza del Islam. Pasa por desarticular el criterio de la infalibilidad, por eliminar las raíces despóticas de un Estado “protector” e “ilimitado”. Pasa por impedir excesos y amenazas de dirigentes y adeptos, de modo que las personas, al margen de sus ideas, sexo o edad, nunca sean siervas de ningún Estado y sí, por el contrario, miembros activos de una comunidad política que vive en libertad y tolerancia, y persigue el cumplimiento de los derechos individuales, como ya señaló el liberal John Locke (1632-1704).

Así que, en esta encrucijada histórica, se exige modernidad ilustrada, es decir, laicismo y separación de poderes frente a la brutalidad del totalitarismo y sus abusos genocidas. Ni más ni menos.


Fotografía cabecera "Dos insurgentes iraquíes armados del norte de Irak" de Menendj.

Fotografía "Freedom go to hell" de Voyou Desoeuvre.


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