Blogomaquia

De la primavera árabe al invierno islamista

En julio de 2011, grupos de tuareg promovían la fundación de una estructura político-militar denominada Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad (MNLA). Los tuareg, imitando  la reciente emancipación de Sudán del Sur, aspiraban no solo a la escisión, sino a la independencia del Norte de Mali o Azawad. Como las ambiciones nacionalistas del MNLA venían a romper el orden constitucional, la respuesta armada no tardaría en llegar, sobre todo cuando a mediados de enero de 2012 los tuareg se hacen con el control de varias poblaciones civiles e incluso con la base militar de Tessalit.

Destapado  el conflicto que provocan los cismáticos norteños y a falta de un mes para las elecciones democráticas, un grupo del ejército, liderado por el capitán Amadou Haya Sinago, propina el 21 de marzo un golpe de estado derrocando el régimen democrático de Mali ante la incapacidad, aducen los insurrectos, de su presidente Amadou Toumani Touré por solucionar la crisis nacionalista.

¿Dónde están los tuareg?

La inestabilidad política no constituye un suceso reciente en Mali. Desde julio de 2006 el ejército francés venía ocupando tierras malíes y desplegando, a la sombra, importantes contingentes militares con el fin de efectuar operaciones armadas dentro de este país centroafricano. Sobre este asunto rara vez  se informa, ya que Francia, que sabe ocultar a la perfección sus intereses geo-financieros internacionales, mantiene aún y en pie ambiciones coloniales en pleno continente africano. Esto explica por qué los rebeldes, capitaneados por Amadou Haya Sinago, se quejaran de que Mali fuese un gobierno “títere” a manos de la administración de París. Pero también por qué los tuareg en 2008 amenazaron por el independentismo al tiempo que las fuerzas francesas se hacían más visibles dentro de los territorios malíes.

Sabemos que la rebelión de 2008 fracasó y que los tuareg “nacionalistas” hicieron de Libia su santuario “luchando del lado de las fuerzas del coronel Gadafi mientras éste intentaba retener el poder en Libia”, según indica el periódico venezolano El Nacional. Ni qué decir tiene que la situación en este último lustro se ha complicado y, lejos de horizontes de paz, el guerracivilismo parece ganar cada día más adeptos.  La prueba de ello está en que los tuareg han sido en número, en fuerza e influencia superados por grupos armados radicales, en concreto, por el Ansar al Din (AD), por la organización Al Quaeda en el Magreb Islámico (AQMI) y por el Movimiento para la Unicidad y la Yihad en África Occidental (MUYAO), recalca Fernando Reinares.

Es más, a la práctica de las milicias malíes de reclutar jóvenes desocupados hay que unir el efecto “llamada” de otros grupos exaltados que se adhieren a la Yihad en Mali, como el movimiento islamista nigerino Boko Haram, y eso sin contar con el peligro mimético que implican estas guerras sobre Argelia, Somalia, Costa de Marfil, Senegal, Gana, Gambia, Mauritania, Guinea, Marruecos... y otros estados africanos, limítrofes o no.

Del comunismo al fundamentalismo islámico

En 1920 el filósofo y matemático inglés Bertrand Russell viajó a Rusia para conocer de primera mano la sublevación de Lenin y Trotski. A raíz de su experiencia rusa escribiría La práctica y Teoría del Bolchevismo (1920), libro en donde Russell, tras equiparar comunismo con islamismo, denunciaba cómo “el Bolchevismo combina las características de la Revolución francesa con las del ascenso del Islam”, por tanto, el culto idolátrico al pasado al lado de una certeza religiosa de eternidad.  Sacamos a cuento esta más que anécdota por la evidencia de que muchos países africanos han pasado, en un abrir y cerrar de ojos, de trabajar por el nacionalismo marxista a caer en brazos del nacionalismo islamista. Tal es el caso de Mali.

Lo terrible del asunto es que la población civil siempre sufre las humillaciones de quienes, en nombre de una ideología del absoluto, se erigen en dueños del curso del tiempo, de la Historia y de sus habitantes. De hecho, Mali, el país con forma de mariposa, siempre se ha caracterizado por practicar la religión musulmana de manera tolerante. Así, durante el Ramadán, subraya Jacques Delcroze, los restaurantes permanecen abiertos, se vende alcohol, hay fumadores en plena calle… Desde luego, con la llegada de extremistas sufragados por la hiperreaccionaria y fanática monarquía saudí, este paisaje ha cambiado al imponer éstos la shar’îa o ley islámica, y castigar a parejas jóvenes por tener hijos fuera del matrimonio y azotar a hombres y mujeres por mostrar comportamientos impuros, persiguiendo a cristianos y a musulmanes sufíes por salirse de los cauces de la ortodoxia dominante, prohibiendo la ingesta de bebidas alcohólicas, reprimiendo la moda de fumar, de enseñar filosofía, política, biología o escuchar música inclusive.

A golpes de machete

Frente a estas coacciones,  en Tombuctú, más de un centenar de mujeres salió valientemente a la calle este 6 de octubre para protestar, dice el rotativo Journal du Mali, contra la autoritaria shar’îa y, por supuesto, contra la obligatoriedad de llevar el velo. Este comportamiento, aunque loable, no deja ser más que un brindis al sol, visto lo que ocurre en Mali, país cuyo tamaño es superior a la superficie de Francia y España juntas. Y es que, igual que en Afganistán fueron demolidas las estatuas gigantes de Buda, en esta nación africana progresa la ferocidad iconoclasta del nacionalismo islamista, dado que sus líderes se dedican a quemar libros, a asaltar edificios históricos, a demoler monumentos morabitos, tumbas medievales, a devastar partes de la mezquita Sid Yahia. Y no solo en Tombuctú. También en otras localidades del norte de Mali.

El tiempo no juega a nuestro favor”, reconoce el propio Jeffrey Feltman, Secretario General para Asuntos Políticos de la ONU, y más cuando las bandas islamistas aplican a golpes de machete la shar’îa, costumbre sanguinaria que recuerda los hachazos que recibiera, a finales de los 90 del siglo pasado, la población civil de Sierra Leona a manos del Frente Unido Revolucionario (FUR). Pues bien, ante estas atrocidades el presidente interino de Mali, Dioncounda Traor, busca en la ONU ayuda militar externa con el fin de parar a los islamistas y reconquistar los territorios del norte del país, informa The Guardian. Esto permitiría el despliegue de cinco batallones del ECOWAS, con 3.300 combatientes.

No sabemos qué depara el futuro. Sí, en cambio, que en estos combates de musulmanes contra musulmanes la historia se repite hasta la náusea. Por este motivo, y debido a la presente guerra civil, tiene sentido rescatar el enigma que, allá por 1963, formulara André Malraux siendo ministro de Cultura del General Charles de Gaulle. Decía este antiguo comunista que “el siglo XXI será espiritual o no será” y, podemos agregar, “islamista o no”.


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