Blogomaquia

La nueva guerra de los sexos

Una de las cosas de este país que más llaman la atención es el afán continuo por emplear maniqueísmos que lo que hacen es reflotar categorías cainitas de odio y enemistad, también hacia familiares y afines, que no casan nada bien en un Estado moderno y de derecho. Y que haya partidos empeñados en mantener en el centro de la escena política este tipo de anacronismos ha condicionado que aparezcan territorios sociológicamente nuevos, abonados con abusos. Hablando con claridad: la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género (LOVG: 2004), con la que aún no se ha logrado parar la sangría que sufren las víctimas, ha creado una nueva categoría de víctimas: “el hombre”, considerado culpable hasta que no demuestre su inocencia. 

No sé qué fue peor: o que Juan Fernando López Aguilar dinamitara las reglas del Estado de derecho o que los magistrados del Tribunal Constitucional anularan la letra de nuestra Charta Magna

Así que no sé qué fue peor: o que Juan Fernando López Aguilar dinamitara, desde el timón del Ministerio de Justicia, las reglas del Estado de derecho y con modos chapuceros hiciera saltar el precepto de presunción de inocencia o que los magistrados del Tribunal Constitucional, arremangándose las puñetas, anularan la letra de nuestra Charta Magna con el objetivo de desestimar la inconstitucionalidad de la ley “López Aguilar” que, con la púrpura de la discriminación positiva y también gracias al aplauso de las Señorías del Congreso, entraba en vigor en junio de 2005.

La ley que nos hizo “distintos”

Para que no existan víctimas debe impedirse y, en caso de que no se pueda, debe ser castigado  cualquier episodio de coacción, tortura y muerte, vengan de donde vengan, lo cometa quien lo cometa, sea en el ámbito laboral o doméstico. La disuasión y la condena son, por tanto, elementos “clave” dirigidos a controlar los desenfrenos que entrañan las furias del resentimiento, sobre todo en un país como el nuestro en el que una de cada cuatro separaciones lleva a sus espaldas una denuncia por malos tratos, denunciasque en 2014 han seguido creciendo.

Pues bien, con la ley que apadrinaba nuestro Licurgo “López Aguilar” resulta que el varón (en su condición de pareja o ex pareja) es considerado como malhechor justo en el momento en que se tramita una acusación en su contra. Además, ¿qué justicia es ésa cuando las amenazas y coacciones se conviertan automáticamente en “delito” si proceden del hombre, y en “falta” si las consuma una mujer?

No sé de qué se queja el ex ministro de Justicia cuando, a diferencia de la mayoría de los varones españoles, él consigue gritar su inocencia a los cuatro vientos en platós de TV a la carta… y aducir que está siendo calumniado sin pruebas. Yo no me meto en riñas de pareja.  Únicamente planteo que su actual calvario es fruto de su preciosa contribución.

López Aguilar olvidó que de las disputas y rupturas amorosas sale y brota lo peor de lo peor del ser humano, sea mujer u hombre

Si el Estado de derecho hace mutis por el foro…

Se anima a la delación gratis et amore, a que se amañen pruebas y denuncias falsas, como la de hace unos días, en la que se acusa a un ex novio de incumplir la orden de alejamiento cuando el hombre había fallecido hacía ya un año. Y a fuer de que ciertos procedimientos no encajan, por contrailustrados, dentro de las reglas del Estado de derecho, por soberbia nuestro prócer “López Aguilar” olvidó que de las disputas y rupturas amorosas sale y brota lo peor de lo peor del ser humano, sea mujer u hombre. Él sabe de lo que hablo.

A nuestro eurodiputado que por estas fechas se dedica a hablar de “el deber de “Europa a reaprender a tomar los derechos en serio”, le recuerdo que debido a esta suma y resta de derechos que traen consigo las ideas de la discriminación positiva, que debido al auge de  los postulados  posmodernos de la diferencia, que, debido, en suma, a la quiebra silenciosa, pero paulatina, de los principios universales de igualdad,  él volcó toda sus simpatías sobre unos protocolos que contenían efectos jurídicamente perniciosos cuya cicuta, por cierto, él ahora está degustando a sorbos grandes.

Lograr la igualdad con los hombres, no contra los hombres

No es de recibo defender a estar alturas bioideologías que deterministamente equiparan “dolor”, “inferioridad”, “sumisión” a sexo femenino, y “violencia”, “superioridad” y “despotismo”  a sexo masculino. Tal maniqueísmo  nos conduce a un callejón sin salida, a la guerra de los sexos.  En contra de estos abusos la filósofa y feminista francesa Elizabeth Badinter ha manifestado que la “posición de víctima se aproxima, por primera vez, a la de heroína. Las víctimas siempre tienen razón. […] Yo me sublevo contra las representaciones generalizadoras: “todas víctimas” que remite a “todos verdugos”, afirma Badinter, aunque“es verdad”, añade, “que hay muchas más mujeres que son víctimas de los hombres que al revés. Pero también hay verdugos-mujeres y arpías de todo género. En uno y otro caso son minorías que competen a la patología social o psicológica, y no a la realidad de los dos sexos”.

Una cosa es ser mujer y otra ser víctima de maltrato, como distintos son los conceptos de hombres y maltratadores

Una cosa más. Si la absolución del varón maltratador en muchas ocasiones no implica que sean falsos los hechos denunciados ante los tribunales, lo cierto es que, y en esto coincido con la jueza titular del Juzgado de Violencia sobre la Mujer 1 de Madrid Raimunda de Peñafort, “no puede permitirse que alguien crea que por el simplehecho de ser mujer puede obtener un privilegio de la ley de protección. Una cosa es ser mujer y otra ser víctima de maltrato, como distintos son los conceptosde hombres y maltratadores”.

En definitiva, quienes hace tiempo criticábamos y durísimamente la impunidad en que se movían los maltratadores –siempre recuerdo a Ana Orantes que, en un fatídico 1997 y tras una insólita decisión judicial que le obligaba a retornar al domicilio familiar, murió quemada viva a manos de su ex esposo-, vemos que ni la LOVG ni los resultados de su aplicación han sido en estos dos lustros los más adecuados. Y es que, como advertía San Bernardo de Claraval, “el infierno está lleno de buenas voluntades”. Por eso, y en mi opinión, la ley o, mejor, la igualdad ante la ley ha de ser la única brújula en la resolución de toda clase de conflictos.


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