Blogomaquia

En el nombre del sexo

Lo que caracteriza a la Edad Contemporánea es el ascenso de las bioideologías. John Langdon Haydon Down se centró en el estudio de niños con discapacidad intelectual. Lo terrible de este científico británico es que por prejuicios racistas hizo depender “retraso mental” con tipología “étnica”, y en sus Observaciones sobre una clasificación de los idiotas (1866) explicaría las deficiencias cognitivas de los niños blancos a partir de la “idiocia mongoloide” o conjunto de rasgos, subhumanos según Down, de los habitantes de Mongolia.

Por los derroteros de otros campos de investigación, el antropólogo y médico italiano Cesare Lombroso sostendría en su obra El hombre delincuente (1876) la tesis de que la criminalidad constituye una consecuencia directa de la herencia. Con tal perspectiva, cerrada por determinista, los criminales lo eran porque, por veredicto suyo, nacían ya criminales.

De otro lado, en su aspiración de crear tipologías orgánicas, el psicólogo norteamericano Arthur R. Jensen planteó que la razón principal de la brecha cultural entre alumnos negros y blancos podía obedecer a factores raciales, o sea, genéticos. De su polémico artículo¿Cuánto podemos estimular el cociente intelectual y el éxito escolar?(1969) se deducía que la inferioridad intelectual “constitutiva” era un rasgo dominante de la clase social baja cuyos miembros, por ser menos inteligentes, integraban los estratos sociales inferiores. Esa era la lógica segregacionista de Jensen.

El ascenso de la pedofilia

Se ha enfocado el estudio de la naturaleza humana desde estereotipos racistas, cuando no, desde el influjo irresistible de la carga genética. Sin embargo, apenas se habla de esas otras ideologías que se empeñan en tutelar el desarrollo biológico y psíquico de los menores a partir del afán de dominio sexual de los adultos.

Sabemos que a finales de los 50 del siglo pasado logró extenderse por Holanda, Bélgica, Alemania, Inglaterra… el principio, convertido en dogma, de una humanidad renovada por la mano de la pederastia. Es más, con los venideros movimientos “protesta” no solo ciertos grupos de izquierda, también algunos movimientos feministas y homosexuales exigirán la legalización de la pederastia. Incluso hubo organizaciones religiosas como la Fundación protestante por el desarrollo responsable de la familia (PSVG) que demandaba comprensión hacia los pedófilos, así se lee en uno de sus folletos que data de 1979 y que puede leer aquí.

Estos datos vienen a cuento porque al criticar sin tibiezas los escándalos, terribles, que azotan a la curia de la Iglesia Católica me encuentro con que desde 2006 la coalición Amor Fraternal, la Libertad y la Diversidad (PNVD) busca retornar al status legal holandés de 1990 que toleraba las relaciones sexuales entre adultos y niños de 12 años, aunque bien es verdad que recientemente, y en dirección inversa al PNVD, el partido alemán de los Verdes ha pedido perdón a las víctimas de abuso sexual tras reconocer que en los años 80 la pedofilia estaba presente en su programa electoral, ¿quizás influidos los Verdes porsus vecinos,los partidos holandeses Laborista, Democrático Socialista y Socialista Pacifista que en junio de 1979 firmaban un documento en el que reclamaban al Ministerio de Justicia la legalización de la pedofilia?

El otro burkha

En España, país con la edad de consentimiento sexual más baja de la Unión Europea, también subsisten cuotas de pederastia. Por estos lares las autoridades gubernamentales pasadas, con los Zapatero y las Leire Pajín et alii, admitieron la licitud de establecer relaciones sexuales consentidas a partir de los 13 años. Pasados los años, no los abusos, los dignatarios actuales del gobierno de la nación por fin han proyectado modificar el tramo de edad y elevarlo de 13 a 16 años. Esta reforma legal en ciernes (quese halla en sintonía con las recomendaciones del Comité de Derechos del Niño de las Naciones Unidas de 2007) ha provocado no obstante cierto malestar entre algunos miembros del sector médico, en especial,del Grupo de Medicina Adolescente de la Asociación Española de Pediatría, que han juzgado que la elevación del tramo de edad es una decisión “algo extrema. Y yo pregunto: ¿extrema para quién?

Esclarezcamos las cosas y dejémoslas bien claras: que un adulto se aproveche de su superioridad cronológica y mental para satisfacer su libido con preadolescentes no casa demasiado bien en un sistema garantista que, al menos en teoría, vela por los más indefensos de la sociedad. La permisividad únicamente es explicable desde la arrogancia sexual de quienes, en el ejercicio del poder, quieren desplegar su influencia sobre sectores desprotegidos de la población.

Consiguientemente, constituye un auténtico desafuero antidemocrático no aspirar a proteger a los menores solo por el deseo de dar cabida a relaciones sexuales que, asimétricas en edad y desiguales en mentalidad, permiten y alientan, ¡cuantísimo daño!, el imperio despótico del adulto. 


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba