Blogomaquia

El exterminador de Siria

La política rara vez suele ser mejor que los hombres y mujeres que la administran. O dicho de otra manera. Estrategias políticamente deplorables proceden siempre de las cabezas de pésimos dirigentes. Y esta tautología, certificada por el polvorín guerracivilista que oprime en estos momentos a los habitantes de Siria, viene a demostrar que han transcurrido trece meses desde el inicio de las protestas civiles sin que la clase política que apoya y defiende el lema nacionalista “Siria, Dios y Bashar” repudie la dictadura que encadena zozobras a esta tierra.

De 1977 a 1982 hubo en Siria tumultos y algaradas de gran calado que acabaron en medidas represivas durísimas por parte del gobierno. Treinta años más tarde, la cosa pinta igual de mal, pues de nada vale rescatar el talante educado y repulido de  “Bashar”, y recordar que es licenciado en oftalmología cuando ya de joven aprendió de su progenitor, ese Cronos de infausta memoria, el arte de devorar el país. No hay sorpresas, por tanto, en el comportamiento del tirano Bashar Al-Assad: él desciende genealógicamente de otro no menos cruel tirano, Hafez Al-Assad. Y tampoco hay lugar para extrañeza ninguna si Bashar, con la ruindad de su estatura política,  ha matado hasta la fecha, según estimaciones de Naciones Unidas, a más de 9.000 personas entre las que se cuentan también niños.

Zar y Emperador del Mediterráneo

Sea por los espejismos de esta mar o por los muchos calores que genera la cercanía a sus aguas, el caso es que entre las costas meridionales abundan pastores de pueblos que, en su camino despótico al poder, destruyen cualquier signo de divergencia ciudadana al tiempo que sofocan toda señal de crítica al mal hacer político. Recuérdese el referéndum-mueca de 2007 por el que Bashar Al-Assad obtuvo la aprobación del 97’29% de la población. Recuérdese así mismo los medios violentos que emplea este dictador para aplastar a los disidentes que permanecen en Turquía alojados en campos de refugiados.

Sin embargo, hasta la fecha, y en contraste con los Estados Unidos, la Unión Europea y la Liga Árabe, que presionan a Bashar para que abandone anacrónicas tácticas absolutistas, los dos grandes gigantes de Oriente, Rusia y China, mantienen hace meses la callada por respuesta, quizá porque Siria constituye, para sus intereses geoestratégicos en África y Arabia, un buen puerto en sus negocios. Lo cual no es ninguna tontería, puesto que Rusia y China (que llevan escrito y con sangre un brutal pasado genocida) ni hacen ascos a regímenes políticos que sobresalen en cainitismo ni se separan tampoco de líderes que se aferran al poder por la vía de la autocracia y la muerte de sus conciudadanos.

Democidios

Siempre subrayo que los obstáculos que en su camino encuentra la libertad humana solo se superan con más libertad, dato que, en caso de ser tenido en cuenta, viene a refrendar que la gente muere menos en actos de guerra que a manos de sus propios gobernantes. Y estos asesinatos en masa o “democidios” que el historiador Rudolph J. Rummel ha estudiado desde 1956 ponen de relieve algo muy obvio: que la democracia es un medio que limita y ahoga las prácticas del terror. De hecho, en su libro El poder mata (Power kills,1997), Rummel señala que “la investigación teórica y empírica establece que las libertades civiles democráticas y los derechos políticos promueven la no-violencia y son un camino para un mundo sin guerra [, que...] de los casi 170 millones de personas que los gobiernos han matado en una centuria, cerca del 99 por ciento fueron asesinadas por no-democracias, y especialmente por no-democracias totalitarias”.

Ya lo dijo con otras palabas John Edward Emerich Acton (1834-1902): “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe de forma absoluta”.


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