Blogomaquia

¿Hay dinero para pagar a los escritores?

En el siglo XIX y conla hegemonía imparable del Cuarto Poder ciertos intelectuales se preguntaron acerca de si el periodismo constituía un género literario nuevo.Siglos después, y a raíz del descubrimiento de la “Red”, el asunto se ha deslizado por terrenos quizá pantanosos y, hoy por hoy, nos interrogamos en un tono no tan feliz: “¿puede la literatura llegar a perdurar en los mares de Internet?” En opinión de Lucía Etxebarría existen muchas y serias dificultades para que esto pueda ocurrir, tanto o más cuanto que recientemente esta escritora ha anunciado su intención de dejar de escribir debido al pirateo “digital” que sufre su obra.

Sin duda, la llegada de la TV trastocó los hábitos centenarios de la lectura, pues de leer visualmente los vocablos de los libros se ha saltado, con faltas de ortografía incluidas, a la escritura fonética, esto es, a reproducir por escrito lo que acabamos de oír. Y si por la influencia de la publicidad nos hemos acostumbrado, con precisión relojera, a jugar con ideas “minuto”, la curiosa abreviatura telegráfica que rodea a los SMS ha alterado las vértebras de las palabras, mientras que la difusión de plataformas internáuticas está rompiendo o, mejor, achicando los flujos logorreicos, por largos, de los géneros literarios de antaño.

A esta manera de mirar, de ojear y recortar los textos Marshall McLuhan habría contestado que <<el medio es el mensaje>>. No voy a entrar aquí en discutir la afirmación de este antiguo profesor de literatura inglesa, aunque sí a subrayar, en cambio, que de los grandes relatos hemos pasado a formas reducidas de “twitteratura” y que de esas narraciones convencionales llamadas “cuentos” hemos llegado a los “twentytos”. Lo cual demuestra que el lenguaje se transforma y que la literatura es capaz de sobrevivir frente y, sobre todo, gracias a los avances tecnológicos.Entonces,¿por qué no hay suficiente dinero para pagar a escritoras y escritores?Pese a que la tasa de piratería que afecta al libro asciende a un 43,5% en el segundo semestre de 2010, la verdad es que los libros en España son carísimos. Y su precio, a todas luces “desorbitado” en comparación con otros países europeos, disuade el acceso legal a los mismos, y eso a pesar de la crisis económica que también golpea al mercado del libro.

Pero, además de venderse bastantes menos libros en formato papel, la industria editorial de este país no se ha enterado aún de que debe digitalizar sus fondos y trabajar con eficacia para presentar todos sus libros en ese inmenso e infinito escaparate que es la Red. Y a un precio reducido, claro está. Por otra parte, y al hilo de lo expuesto, existe una evidencia incontrovertible que no podemos oscurecer: el oficio de escribir, trabajo durísimo si no se quiere timar a quien lee, está de principio a fin muy mal remunerado por las propias editoriales, tan mal retribuido que topa con la sombría burocracia contable de éstas, de modo que rara vez las editoriales pagan lo que adeudan por contrato a sus escritores. Recordemos que el genial Fiódor Mijáilovich Dostoyevski (1821-1881) escribía sin parar en medio de irrefrenables episodios de incontinencia verbal y para malvivir.

Y ya en último lugar, y para enredar más la cuestión de la crisis del libro, hay miles y miles de personas que en Internet escriben “gratis” y que solo desean que se les lea, ni más ni menos. Por tanto, y por favor, no echemos  la culpa absoluta de todos y cada uno de los males (que actualmente torpedean la labor del escritor-@) al manido y terrible pirateo.


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