Blogomaquia

El dilema del Titanic

No es cosa de hoy observar cómo los seres humanos, en teoría iguales en derechos y deberes, acaban siendo en la práctica muy desiguales de otros. Sucedió a partir de 1789 en el momento en que los líderes de la Revolución francesa diferenciaron entre ciudadanos de primera categoría y mayorías de segunda, sin prerrogativas políticas. Sucedió también a mediados del XIX con las estrategias de los dirigentes conservadores que no reconocían legalmente, bajo los mimbres de su mismo techo, a los integrantes del Cuarto Estado. Y volvió a ocurrir en pleno siglo XX y de la mano de los movimientos revolucionarios tanto de extrema izquierda como de extrema derecha cuando sus cabecillas suspendieron el disfrute de los derechos civiles entre quienes eran acusados de no ser proletarios o arios

La tragedia procede, como síntoma clarísimo de antiIlustración, de esa mezquindad que nace del acto de no extender los principios igualitarios. Y el drama que ocasionan políticas restrictivas, incluidas muchas de nuestro tiempo histórico, radica en no reconocer ni la humanidad del prójimo ni la universalidad del estado de derecho. Lo cual conlleva cerrar los ojos al desamparo de grandes grupos de población.

Cuando la política se vuelve lobo

En las sociedades vinculadas institucional y fundacionalmente a un espacio geográfico bien delimitado, el nomadismo constituye una variable a neutralizar. Casi en los inicios de la Segunda Guerra Mundial, EE. UU. obstruyó el acceso a millares y millares de europeos judíos que solicitaban la entrada en el país,con el objetivo de escapar de la dictadura genocida nazi. Gran Bretaña a su vez dispuso la devolución, a la dictadura genocida stalinista, de miles de hombres y mujeres que habían alcanzado Europa occidental después de haber conseguido fugarse de los soviets.

Los resultados de estas políticas sin rosto humano son, por desdicha, conocidos tanto o más cuanto que, a raíz de los desastres que supuso la generalizada práctica de negación de asilo, solo después de concluir la Segunda Guerra Mundial el derecho de asilo empezó jurídicamente a ser tenido en cuenta. Y reconocido en la Constitución italiana de 1947 (art. 10). Por supuesto, enla Declaración Universal de los Derechos del Hombre de 1948de la O.N.U. (art. 14). E incluso en la Constitución de la República Federal alemana de 1949 (art. 16).

En el guerracivilismo, las sombras se toman por luces y se acepta que la Parca es parte irremediable del destino humano. En tales condiciones, la política se vuelve lobo, ferozmente animal, monstruosamente inhumana

En el guerracivilismo, las sombras se toman por luces y se acepta que la Parca es parte irremediable del destino humano. En tales condiciones, la política se vuelve lobo, ferozmente animal, monstruosamente inhumana. Hobbes no se equivocó nunca en su diagnóstico. Lo cual nos traslada a este asunto espinoso: ¿quienes buscan refugio en otro país son, de verdad, una amenaza para la supervivencia del país receptor?, porque si en Sudán del Surlas matanzas que afectan a la población civil están adquiriendo niveles peligrosos que recuerdan a aquéllos que se produjeron en Ruanda, ¿para cuándo otorgar entonces el derecho de asilo? ¿Y si enIrak minorías religiosas yazidíes y cristianas son exterminadas, ¿por qué rechazar los fundamentos humanitarios del derecho internacional y denegar asilo a quien lo necesita? Es más, dado que enSiria hombres, mujeres y niños viven atrapados por la contienda civil, ¿creemos de verdad que sus demandas de asilo (que el gobierno de Turquía sí acepta) desestabilizarían a la Unión Europea?, ¿a ese crisol de 28 naciones que la componen?

El dilema del Titanic

¡Cuánta cicatería!, de la mayoría de las solicitudes de la Unión Europea que en 2013 alcanzaron la cifra de 435.760, 352.000 siguen en el limbo administrativo,aguardando a ser atendidas. Por tanto, algo no está funcionando, pues ¿por qué se martiriza a los peticionarios de asilo con dosis infinitas de lentitud burocrática? El comportamiento dilatorio de la U.E. viene a demostrar que ni siquiera en las naciones más civilizadas el derecho al asilo pertenece a quien lo solicita, sino a los titulares gubernativos de la “Nación” que acuerdan no adjudicar mayoritariamente el auxilio al refugiado.

El buque Titanic dispuso de 20 botes, pensados para socorrer a un tercio de la totalidad de los viajeros. A pesar del escasísimo número de barcas salvavidas, éstas paradójicamente no se llenaron jamás. La vergüenza que rodea a esta nave está relacionada no solo con el hecho luctuoso de que al 75% del pasaje de tercera clase le tocó perecer en el interior de la embarcación. Sino con la evidencia, asimismo, de que un 40% de las 1.178 personas que podían haber subido a las barcas no se libraría tampoco de la muerte. De ahí los exiguos 705 supervivientes

Desde mi punto de vista, el dilema del Titanic remite a la disyuntiva de quién merece morir o vivir. Y en los combates guerracivilistas de nuestros días tal dilema implica congelar en el ártico de la administración “352.000” solicitudes de asilo que, en caso de haber sido admitidas entre los casi 30 estados o botes salvavidas de la U.E., le hubiese supuesto a cada país miembro ayudar a 12.500 personas, una cuota en vidas humanas que, además de pequeña, incumplen todas las naciones de la U.E. por otra parte.

Solo Alemania, la más generosa de la Unión, ha aprobado hasta el momento 10.000 peticiones. Lejos andan Francia, España, Inglaterra… Vistas las cosas de este modo, o sea, sin el color de las ideologías, ¿cómo va a extrañar el discurso de Amir Jajé que pronunció en la sede ginebrina de la ONUel 16 de septiembre de este año y volvió a exponer en el Parlamento Europeo de Estrasburgo dos días más tarde? Destacando la pasividad que exaspera de Oriente y la inacción irritante de Occidente, Amir Jajé,fraile dominico en Bagdad, se preguntaba: 

“¿cómo puede ser que el mundo islámico y la comunidad internacional estén en silencio?¿Dónde está la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la normativa internacional cuando venden de forma pública a mujeres en el mercado de la ciudad de Mosul? ¿Dónde están los derechos humanos cuando los cristianos, yazidíes y otras minorías están siendo brutalmente asesinados y sus casas saqueadas? ¿Durante cuánto tiempo va a seguir el mundo mirando en silencio mientras continúan las atrocidades a diario […] antes de hacer algo para detenerlas? ¿Dónde está la conciencia del mundo?”


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