Blogomaquia

El culebrón de la política en el día de los trabajadores

Acabo de leer que “París y Berlín reclaman suspender el tráfico libre de personas en la Unión Europea”. Pero, ¿quién es ese aspirante a “petit Napoleon”, con tormentas en su reelección presidencial, y quién es esa candidata a “kleine Bismarck”, con problemas también entre su electorado, para asumir prerrogativas que exceden en mucho las competencias de sus cargos y que, por descontado, afectarían a la libertad de millones de trabajadores? 

Construir una muralla china en pleno corazón de Europa no es solución, como tampoco constituye ninguna garantía de futuro asegurar breves estancias en los centros de trabajo a  través de contratos laborales de 15 horas semanales con remuneración de 400 euros al mes, pues toda política económica que devalúa salarios y recorta derechos de los trabajadores no favorece ni estimula el crecimiento económico, simplemente abarata sueldos y vuelve precaria la posición, ya de por sí frágil, de la mayoría de los trabajadores. Sin embargo, desde hace un tiempo persiste en el desierto de la crisis este espejismo. Recuérdese la carta que remitió el Banco Central Europeo (BCE) al Presidente Rodríguez Zapatero en agosto de 2011 exigiéndole, con el ‘placet’ del gobierno alemán, la rebaja salarial de los trabajadores por medio de la implantación de los miniempleos o minijobs.

Malos tiempos para la lírica

Curiosamente algunas de las medidas de ajuste pensadas para el actual gobierno de España que preside Mariano Rajoy proceden de un país, Alemania,  que, además de tener supermercados para pobres y tiendas para pobres, puso en marcha en 2003 la legislación de los citados minitrabajos con el fin –aquí entra en escena la literatura- de que aflorara el dinero negro. Y si Alemania en ciertos aspectos se parece a China cuando presta capital a economías en quiebra, la llamada locomotora de Europa está basando su ratio de crecimiento en el acto de colapsar las economías del Sur. Como muestra, la crisis de Grecia. Debido al despilfarro acaecido durante el período 2005-2009, Grecia llega por demérito propio a ocupar el quinto lugar del mundo como país consumidor de armas convencionales. Un 24% del total de ese gasto militar procede de contratos firmados con fábricas armamentísticas de Estados Unidos, otro porcentaje, idéntico, proviene de las compras efectuadas a Francia, mientras que el monto más elevado, el 31%, se concreta en las armas adquiridas directamente a Alemania. La situación de Grecia no es nada halagüeña, sino que empeora por el hecho de que las ayudas financieras que consigue van destinadas, a su vez, a afianzar el desarrollo de la industria de, ¿adivina?, Alemania. Así entonces, y mientras el Gobierno de Angela Merkel aprobaba ayudas de 22.400 millonespara contribuir al rescate de Grecia,los fiscales de Múnich comenzaban a investigar a intermediarios alemanes que habrían pagado millones de euros a políticos griegos para asegurarse la venta de submarinos", nos informa Laura Lucchini

¿Y en España? En España, casi en ese mismo período de 2005 a 2009 el déficit abismal procede de los gastos de ayuntamientos, diputaciones y autonomías que alardean de televisión, de bancos, de legaciones en el extranjero, de sueldos a perpetuidad para mayor gloria monárquica de sus presidentes de Autonomía, de puertos, como el de Laredo, y aeropuertos, como el de Castellón, que carecen de pasajeros, entre otros estrambotes.

Ni que decir tiene que en España no hay inversiones militares a la griega, pero sí enormes dosis de fuego amigo a manos de líderes que gastan lo que no tienen, que nos empobrecen y, encima, endeudan a las generaciones no nacidas. Desde luego, el negocio para los acreedores resulta perfecto porque, en caso de que no recobren los créditos otorgados a España, siempre lograrán recuperar las sumas prestadas. ¿Cómo? Pues a través de los paganos, o sea, de los contribuyentes, de los ciudadanos de a pie, de los trabajadores, a los que se nos obligará a amortizar las deudas contraídas por la mala gestión de la clase tanto política como bancaria.

Día 1 de mayo

Aunque España camina cojeando a cuenta de la escandalosa tasa de paro del casi 25%, sin embargo hay lugar para el optimismo, sobre todo si nos fijamos en que Finlandia ha lanzado su reforma laboral haciendo hincapié en la protección de los trabajadores, como nos comunica Faris Sanhaji. Por tanto, lejos de la ortodoxia cambista por la que “la élite dominante, la financiera, […] presiona para que sea la sociedad quien pague sus desaguisados”; lejos del panorama en que  “los bancos europeos ya han succionado dinero público por valor de 2,3 billones de euros, siguen sin prestar y la mayoría siguen siendo insolventes”, como observa muy bien Juan Laborda en su artículo dedicado a la Crisis de la zona euro; yo, pese a todo, creo que es posible producir riqueza gracias a la aportación de los trabajadores y, por supuesto, sin introducir yerros y descalabros entre los segmentos más débiles de la sociedad. La prueba está en el modelo islandés.

El modelo islandés

Islandia, uno de los países más ricos del mundo, se encontró en situación de quiebra técnica a finales de 2008. No han pasado ni cuatro años desde la bancarrota de su entramado bancario y esta nación que ya da signos de recuperación económica crecerá para este 2012 el triple que la UE. ¿Qué ha pasado en el ínterin? Algo inaudito en el mundo. La clase política islandesa, vía Parlamento, inculpaba a un alto miembro del Gobierno, exactamente a su ex Primer Ministro conservador Geir H. Haarde, bajo la acusación de negligencia grave en la (no) gestión de la crisis. Y, además, decidía llevar a juicio a varios banqueros. Entretanto, el Presidente del Estado islandés, Ólafur Ragnar Grímsson, se negó a ratificar,con el apoyo de la población islandesa consultada en referéndum, la ley que hace los ciudadanos de Islandia responsables subsidiarios de las deudas generadas por la política desbocada de sus gestores bancarios.

¿Se puede trasladar este fenómeno a España? Parece que no. En primer lugar, España no ha sufrido una situación de colapso financiero y, en segundo término, posee severísimas limitaciones institucionales que nos separan años luz de Islandia. La prueba de ello está en que la clase política española, más cercana a los privilegios del Antiguo Régimen, que a una democracia, goza de un status laboral “especial” que no disfruta ninguno de los trabajadores de este país, como denunció el político Luis de Velasco hace unos meses.(Le recomiendo a este respecto que compruebe en youtube las contestaciones de IU, PSOE y PP. No tienen desperdicio.) Así que, en contra de las citadas limitaciones institucionales, y dado que vivimos una encrucijada transcendental, una de dos: o repetimos en este 1 de mayo lo que siempre les sucede a los desfavorecidos como cuando en 1788, un año antes de declararse Francia en quiebra, el 70% de la fuente de ingresos fiscales recaía en los impuestos que pagaba la población más indigente del Estado francés, el campesinado" o pedimos desde la transparencia y desde la democratización de todas las instituciones públicas responsabilidades legales y penales a quienes, a sabiendas, nos han conducido al abismo haciendo del trabajo y de la falta de  trabajo un verdadero calvario para la ciudadanía.


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