Blogomaquia

La crisis del periodismo

Las palabras nos acompañan en todos y en cada uno de nuestros actos. Y porque son nuestro alter ego constituyen la armadura del pensamiento. Por eso, en el mejor de los casos decimos lo que pensamos, y en el peor somos lo que mal contamos, o sea, pésimos narradores que tergiversan la realidad, propia o ajena, tras emplear recursos innobles con cebos y disfraces.

Babel, la nueva ciudad

Vivimos inmersos en una cultura obsesivamente logorreica y logocéntrica, capaz de crear historias sin cesar en crónicas de número infinito. Y en esas nuevas 'Babel' de la comunicación, sin más tacto ni contacto que un ratón y un mando a distancia, campan a sus anchas las redes sociales y, por supuesto, un sinfín de tertulias en las que no solo cualquier suceso queda convertido en relato, sino que la incomunicación vacía el acto de la comunicación, oídos los exabruptos y excesos verbales que, aunque sea obviedad, ahogan la anatomía razonada de las palabras.  

No veo ni escucho debates in vivo de ningún color o de ninguna cadena audiovisual. Hay una razón: eldiálogo de sordos mata el intercambio de ideas, también la inteligencia, mientras que las estridencias, los tonos chillones de voz de periodistas y pseudoperiodistas, de políticos y aspirantes a políticos, noquean la mente y propenden a contagiar la halitosis de su irracionalidad. Ante tanta estulticia me pregunto: ¿por qué en el ámbito mediático abunda este tipo de individuos que, por cierto, andan contribuyendo como nadie a la crisis del periodismo y acarreando la pérdida de credibilidadde los medios de información?

El derecho a una información veraz

Es erróneo calificar a las sociedades actuales de “sociedades del conocimiento” cuando en ellas, subraya Fernando Genovés, se confunde “conocimiento” con frivolidad informativa, “noticia” con espectáculo y opinión. E información con “militancia política”, agrego. Sí, es cierto, una cosa es el sesgo humano, imposible de borrar, y otra muy distinta el afán de defender lo indefendible. En cualquier caso, las verdades desvaídas, las mentiras a medias, las informaciones torticeras y tendenciosas, son siempre detectables, salvo para quien las necesita oír. Y consumir.

Ahora bien, ante esta situación de crisis del periodismo conviene recordar quetoda persona posee el derecho a recibir información veraz, cosa que se olvida a menudo; que el derecho a la información queda conculcado en el instante mismo en que un periodista con intereses que no se adivinan muy bien, o quizás sí, incurre en un vergonzante amarillismo edulcorando el retrato de la realidad con el fin de defender las actuaciones de un partido político, nacionalista o no.

Me dicen que en este país existe una gran pluralidad de medios de comunicación. No es el momento de discutirlo ahora. Solo sé que la independencia profesional es previa y necesaria para una verdadera pluralidad informativa. Y si ésta depende de las líneas ideológicas de los periodistas de turno, o sea, de su grado de militancia, jamás podrá haber esa ansiada pluralidad informativa. Y mucho menos buena oferta informativa. A lo sumo, seguiremos bajo el cuadrilátero de los medios de masas y viendo a sujetos que luchan por los suyos y se hacen llamar “periodistas”.


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